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¿Sí...?

   La mala literatura, como la mala moneda de la ley de Greesham, expulsa a la buena. Como en esto de los gustos hay tanto de escrito como de  opinable, no resulta fácil  ponerse acuerdo en a qué llamamos mala literatura. A mi me lo parece, entre otras cosas, la que da gato por liebre.

   Dar gato por liebre es, por ejemplo, ofrecer una prosa tan cuidada que las  imágenes parecen trazadas con cartabón (como ésta mía). Aparentar sutilezas psicológicas donde sólo hay estereotipos planos y encefalogramas sin aristas . Audacias formales para envolver contenidos inocuos. Podría dar nombres, pero me limitaré a un ejemplo.

   Rudyard Kipling   era un narrador como la copa de un flamboyán. Dejemos de lado sus justificaciones del colonialismo británico , y algún otro aspectos polémico --incluido su papel como mitólogo mayor  del movimiento scout de Baden-Powell. Cualquiera que se haya dejado encandilar por Capitanes intrépidos El libro de la Selva o Kim de la India reconocerá una deuda impagable  con una narración avasalladora, el gusto por la aventura y la capacidad de encantamiento. Por no hablar de su contribución a la que probablemente sea la mejor peli de aventuras jamas rodada: El hombre que pudo reinar.

   El pobre Kipling, sin embargo, es recordado a menudo por un poema nefasto, vacuo y cursi llamado Si,,,. O, If,,, , si lo prefieren en inglés.



  Semejante bodrio aparece copiado en infinidad de páginas de internet , enmarcado en un sinnúmero de dependencias parroquiales e instituciones ducativas y pasa por ser para muchos --incluido algún ex-presidente del gobierno español-- una pieza maestra de la poesía universal.  Incluso embaucó a algún poeta incauto, como Paul Eluard, que lo tradujo al francés.  Me acordaba de esto hace no mucho, leyendo las memorias de Pablo Neruda, poeta ese sí mayúsculo, quien anotaba su estupor al descubrirlo enmarcado en la alcoba del duque de Alba, en el Madrid en guerra del 36.


Era el "If" de Rudyard Kipling, esa poesía pedestre y santurrona, precursora del Reader's Digest, cuya altura intelectual no sobrepasaba a mi juicio la de los zapatos del duque de Alba. Con perdón del imperio británico!



   Estos versitos, pensados para impresionar a  adolescentes de voraces tragaderas ("serás hombre, hijo mío" ¡hay que joderse!), cuentan afortunadamente con un nutrido y prestigioso club de detractores. Empezando por George Orwell, quien lo bautizó como "buen mal poeta". Preside el club, curiosamente, el honorable Rudyard Kipling, quien dejó escrito  en sus memorias póstumas, Algo de mí mismo .

Entre los poemas de Recompensas había uno titulado "Si..." que se salió del libro y que se pasó un tiempo recorriendo el mundo. Estaba basado en la figura de Jameson y contenía unos consejos de perfección muy fáciles de dar. Una vez dados, la mecánica de la época los hizo rodar como bola de nieve hasta un extremo que me asustó. Los colegios y otros centros de enseñanza adoptaron el poema para la juventud, lo cual no me hizo ningún bien con los jóvenes, al conocerlos luego ("¿Por qué escribió usted aquello? Me castigaron a copiarlo dos veces). Con "Sí..." se hicieron tarjetas para colgar en las oficinas y los dormitorios, lo ilustraron y lo antologaron hasta la saciedad, veintisiete países del mundo lo tradujeron a sus veintisiete idiomas y lo imprimieron de todas las maneras posibles.

 
En su vejez, un socarrón y mordaz Kipling no podía evitar carcajearse al pensar cuántas raciones de sucedáneo de liebre había dado de sí  el cadáver de su hipotético gato.


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Mapa de la vida

    Hay infinidad de contratiempos que pueden fastidiarte un día; hay unos cuantos problemas capaces de tenerte preocupado durante semanas o incluso meses. Pero sólo se me ocurren  cuatro o cinco cosas que verdaderamente puedan joderte la vida. Tal vez no siempre, tal vez no a todo el mundo, pero sí a la mayoría de nosotros: una enfermedad paralizante, la muerte temprana de un hijo, las asechanzas de la locura, el desempleo prolongado, la experiencia del horror --la tortura, el asesinato, el miedo--  en carne propia.

    De sobra sé que esa es una lista para habitantes integrados del primer mundo, y que es importante subrayar el pueden: no a todo el mundo, no siempre. Aún así,  no creo que  nos costase ponernos de acuerdo en el catálogo. Sin embargo, hoy me apetecía pensar más bien en las tres o cuatro cosas capaces de arreglar una vida. De darle sentido y de hacer que merezca, por encima de lo cotidiano, la pena.

    La lista esta vez , ¡qué curioso!,  es más difícil. Enamorarse es una de ellas; criar bien a un hijo también; probablemente salvar una vida. Pero de lo que estoy seguro es que algo como ésto puede perfectamente, digan lo que digan los hipócritas,  arreglarte la existencia.


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Universidad











¿Qué se puede esperar de una empresa que contrata mayoritariamente a empollones?



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Hernández y Fernández (III)


Hernández: La paciencia es la madre de la ciencia.
Fernández:  Diría aún más: la ciencia es hija de la paciencia.


Esposa de Hernández: (suspira) ¡Paciencia!
Esposa de Fernández:Y  que lo digas.

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Humanidad


En el futuro Museo Galáctico,  las vitrinas dedicadas a Tierra (Milenio 453) incluirán un taquito de post-its, un tetrabrik y un bote de Pringles.

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Moebius

Una amiga me envió el siguiente mensaje:

"Sólo una línea para desearte una feliz vuelta al trabajo"


¿Alguien sabría cómo pararlo?

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Traición automática



Itself prohibe the entrance of food and beverage in this establishment.
           
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Prohibe l'entrée de la nourriture et de la boisson dans cet établissement.
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Se prohibe la entrada de comida y bebida en este establecimiento.



Area de servicio indeterminada en la N-III. A la puerta del bar-restaurante.

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Lindezas




Decía Elvira Lindo --venga, lo reconozco, la leo y me rio mucho con ella-- que la pasión veraniega por la lectura puede no ser más que otro disfraz de la incomunicación conyugal. Como el fútbol de los miércoles o la tele nuestra de cada día.

Yo me llevé de veraneo la nueva traducción de Guerra y paz. Mil setecientas y pico páginas. Y me la terminé.
¿Querrá decir algo?



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Carcajada

Provine

  Una cascada de risa que brota de las tripas, se trepa en dos zancadas al cieloraso y cae a plomo sobre el parqué.

  Crucé las manos con fuerza sobre la tripa para mitigar la tensión que oprimía los abdominales.

  Y mientras me partía de la risa, recordé que hacía mucho, mucho tiempo que no soltaba una carcajada.

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