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Suerte

Cuando a uno,además, le han ido más o menos bien las cosas, la crisis se presenta bajo el manto de la decepción. Si, como es mi caso, te ha acompañado la suerte, el trabajo ha ido dando sus frutos y te encuentras, más o menos, allí donde querías encontrarte. Recoges la cosecha que sembraste --insisto, si has tenido suerte-- y te preguntas: ¿era ésto?
No es algo que uno pueda preguntarse siempre. Frente a quienes no sonrió la suerte, o los que se despistaron en el tiempo de la siembra, o se les cruzó alguno de las decenas de que-sé-yos funestos que desbaratan los proyectos, o simplemente anduvieron dando tumbos, la pregunta puede resultar imbécil o inmoral.
Pero a mi los cuarenta me despertaron con esa pregunta. Y aún no he podido dejar de hacérmela.


¿Era ésto?

Crisis

Para mi, la crisis de los cuarenta tiene mucho que ver con el despertar de los sueños rotos, dueño de la capacidad para llevarlos a cabo pero por eso mismo huérfano de excusas. Con dejar de ser hijo, miembro tutelado de una familia, para ser padre, miembro tutelar. Con otros miembros, también claro, con el sexo que cayó en rutina. Con la rutina en general. Con la frustrante sensación de haberse vuelto invisible para quienes nos parecen atractivos. Con otras frustraciones.Con cambiar bodas por funerales. Con sentirse responsable del propio rostro. Con la sospecha de que si ahora uno es escuchado no es porque sea más sabio, sino porque tiene más poder. También tiene que ver con algunas aventuras gozosas y dolientes.

Entre otras, claro, la de escribir estas y otras páginas.

Noticias

Llaman a la puerta.

-- Te lo tengo que contar: F., ¿recuerdas? Ha muerto.
-- Joder.
(...)
-- ¿Un accidente?
-- No. Le diagnosticaron un cáncer, y se ha suicidado.
-- Joder.

(Veintitantos años).

Banda sonora

    En realidad --lamento defraudarte, Nu-- no he anunciado un full-monty, que exigiría un acompañamiento del que ahora no dispongo,  ni siquiera un strip-tease,que implicaría más voluntad de jugar de la que ahora tengo. Nada que requiera banda sonora, ni unos pobres pasos de baile, materias ambas en las que nunca supe desarrollar la modesta dotación que me tocó. Mis gustos musicales, desde que recuerdo, siempre tuvieron mucho de prestados, y una sóla línea conductora: me gustan las canciones, la música con palabras. Una redundancia para los melómanos puros, que entienden los mensajes para mi arcanos de la sonatas y las rapsodias.

  Hoy me siento como un tango de Discépolo. Con pocas ganas de bailar mientras me desnudo.

Advertencia


Está decidido. A partir de ahora, voy a empezar a desnudarme. Estoy harto de compartir reflexiones, ocurrencias, gustos y disgustos. En adelante, comenzaré a mostrarme yo mismo. Tal como soy. Sin tapujos. No digáis que no avisé



    Para evitar tensiones innecesarias,  empezaré poco a poco. Hoy, sólo los ojos.





Franquismo



     Charlaba el otro día con aquel hombre sobre el franquismo. Me decía, levemente indignado, que la versión canónica en el día exagera la represión. Que la posguerra fue muy dura, pues la guerra civil lo había sido  (eso decía), pero que ya en los sesenta se podía hablar, leer, y hasta organizarse con relativa libertad, y que no se pasaba tan mal. Lo decía alguien que había comparecido ante el TOP, tenido gentes alojadas en casa en noches inciertas, dos hermanos en la cárcel y otro privado de pasaporte, y anduvo firmando trabajos con nombre prestado porque figuraba en una de aquellas listas negras. Eso lo recordaba yo, pero no lo mencioné. Hace tiempo que  adopté por costumbre no discutir con aquel hombre.
    Me vino a la cabeza, en cambio, algo que había leido hacía poco. Lo escribía en un libro publicado en 1961 un médico rural claramente "afecto al régimen", de un pueblo de Extremadura. Allí, contaba, en los entierros

 

 "desde que terminó la guerra de liberación hasta ha pocos meses, los hombres despedían al difunto pasando delante del féretro al mismo tiempo que hacían el saludo falangista, costumbre que ha perdurado veintidos años; hoy se ha vuelto a la tradición, se despide el cadáver con una ligera inclinación y se da el pésame a los dolientes, que se situan a la izquierda".


De eso me acordé, pero tampoco se lo dije.

Lecturas en red



He disfrutado leyendo el libro de Almu.

      Lo primero, al releer algunas de las mejores páginas de AMQS o de Eva Braun (aunque faltan otras), rebosantes de esa capacidad suya para tirar de la sábana de los fantasmas agazapados tras nuestras rutinas. Claro que, para quien los haya leido, el libro no sorprende. Aunque tampoco --ni mucho menos-- defrauda.
       Lo segundo, porque ha conseguido escribir algo que es mucho más que una mera recopilación de textos de sus bitácoras.
        Lo tercero, por esa satisfacción íntima (o mezquina) que da el pensar: "Yo la conocí antes", y jugar a elucubrar si Armando será Pico y ¿Egoexmachina? (¿alguna pista?).






   Hay dos cosas o tres que me inquietaron, sin embargo:

       La primera, lo lejos que quedan de esas páginas los sucesos grandes. Siendo un diario, no hay ecos siquiera remotos de aquellos días de marzo, pese a que las fechas están ahí.
       La segunda, la portada. Porque, si ese no es Baldo ¿tampoco esos pies serán los de Almu? (manías de lector fetichista).
       La otra...uf, me inquietó demasiado como para ponerla aquí.



Utilidades

Bo Beep, cuando aún disfrutaba leyéndola, a veces publicaba textos como este:



¿Crees que te engañan? Si tienes la mosca tras de la oreja y quieres salir de dudas, aquí tienes un decálogo contrastado para desenmascarar a tu pareja:
1.- ¿Te sorprende con un regalo inesperado?
2.- ¿Está más cariñoso/a que de costumbre?
3.- ¿Demuestra nuevas habilidades amatorias?
4.- ¿Le ha vuelto a entrar la furia por el perfume?
5.- ¿Le da la risa tonta?
6.- ¿Te anima a recuperar a tus antiguas amistades?
7.- ¿Algún nuevo amor musical, literario, etc. que no provenga de Babelia?
8.- ¿Abre el e-mail más asiduamente?
9.- ¿Ha quitado el sonido a la entrada de sms?
10.- ¿Da muchas explicaciones cuando no se las pides y cuando se las pides se pone en guardia?



Creo que es lo que más me gusta de internet, que siempre acaba uno encontrando cosas útiles.


No daré nombres



Hay gentes que visten el cargo.

Otros lo desempeñan.
Más frecuentes, quienes lo ocupan.
Por último, están los que lo perpetran.



Un año ya



Tanto tiempo. Y sólo se me ocurre volver a poner los versos de Miguel D'Ors:







Uno se muere así, cuando tenía
un cigarro en las manos (que aparece
humeando, después, sobre el asfalto),
cuando había una letra pendiente, un libro abierto
un cuento a medias (que los niños nunca
sabrán cómo termina);
uno se muere así, de golpe, abandonando
su ropa en el armario y sus asuntos
y su reloj parado en una hora
--la de la muerte en punto-- (o sin pararse
y entonces es más triste todavía
porque le ves seguir, infiel al amo),
y a lo mejor aún llega alguna carta
con las señas del muerto
y hace llorar de puro no saber...
Después de morir uno, mientras uno
está muriendo, se abre
una ferretería, pintan una fachada
y el muerto ya es ajeno y todo nos lo aleja.

Las yerbas del olvido
empiezan a crecer sobre su tumba.



Post-post: In memoriam.

Treinta







Al parecer, el 30 por ciento del calor corporal se pierde por la cabeza.
Me da qué pensar.


Lo primero, que tal vez debería comprarme un sombrero.
Lo segundo, que tal vez no: al fin y al cabo, dado que es de las pocas partes del cuerpo que llevamos descubiertas (en algunos casos, lo confieso, muy descubierta) ¿por dónde si no vamos a perder calor?






Apócrifos (II)

A veces,  en el fárrago de las apócrifas se cuelan algunas que dan que pensar. Aquello de que el saber avanza gracias a enanos aupados a los hombros de gigantes tenía toda la pinta de no haber salido jamás de la pluma de  Isaac Newton.  La frase, efectivamente, no aparece tal cual en Newton, aunque sí una parecida en una carta que escribió en 1676  (o tal vez de 1675) a Robert Hooke. Traducida, viene a ser algo así como;

Si he llegado a ver más lejos es porque me alcé sobre los hombros de gigantes.

Con todo, parece que otros lo dijeron antes. Hay quien dice que incluso encerraba cierta mala leche, y una velada alusión a la corta estatura de Hooke. Pero tampoco eso está del todo claro. Sí puedo confirmar que la frase figura en la Anatomía de la melancolía(1621), de Robert Burton, y atribuida allí a un autor anterior.
     Esta declaración de modestia de Newton --el paradigma del genio científico, junto con el más fotogénico Einstein y un hoy muy olvidado Lord Kelvin-- se  ha ido interpretando  como una descripción del modo de trabajo de la ciencia. Pequeños avances acumulativos, que van engendrando poco a poco grandes saltos. Algo que casa bien con mucho del trabajo científico actual, pero no encaja tanto con la metáfora de Newton. La de hoy seria, más bien, una ciencia de enanos a hombros de enanos. Algo como ésto.
   No creo que esa interpretación fuera muy del agrado de sir Isaac, que creía en la existencia del genio --¿qué otra cosa podrían ser esos gigantes?-- y cuyos arranques de modestia no debían ser tan frecuentes. Casi como su interés por los asuntos políticos: en sus dos mandatos como parlamentario, al parecer, sólo tuvo una intervención para quejarse del frio reinante en la cámara y reclamar que se cerrara una ventana (coincidiendo no sé si casualmente con sus trabajos en lo que se llamó la ley del enfriamiento de Newton).
    A fin de cuentas, don Isaac tenia una idea bastante elevada de su propia estatura.  ¿Le habría disgustado la  inscripción latina que adorna su tumba en la abadía de Westminster?

    Alegraos, mortales, de que existiese tan grande ornamento del género humano.


¿Quién tendría el cuajo de  escribir semejante cosa? ¿Sería, como he oido decir, el propio Newton?

foto: ©  Lachlan Cranswick

Apócrifos

    Hace un tiempo, Doc Vendell nos recordaba que Voltaire nunca escribió la famosa frase que suele ponerse en su pluma:   No estoy de acuerdo con lo que dices pero daría la vida por defender tu derecho a decirlo -- (o cosa por el estilo). Aunque  sí dijo  algo bastante parecido en una carta, según parece.

    Me llama la atención este tipo de falsa moneda que son las frases apócrifas. A diferencia de la de  la copla, van de mano en mano, pero son muchos quienes se las quedan.  Una de las primeras que me llamó la atención eran unos versos que corrieron mucho --al menos en  círculos -- en mi juventud, bajo la forma de pegatinas, pósters y hasta camisetas. Eran todo un llamado al activismo:





Primero se llevaron a los comunistas
pero a mi no me importó porque yo no lo era.

Enseguida se llevaron a unos obreros
pero a mi no me importó, porque yo tampoco lo era.

Después detuvieron a los sindicalistas
pero a mi no me importó porque yo no soy sindicalista.

Luego apresaron a unos curas
pero como yo no soy religioso tampoco me importó.

Ahora me llevan a mi, pero ya es tarde.






    Solían atribuirse a Bertolt Brecht, un autor que yo conocía medianamente bien (porque me gustaba mucho). Me extrañaba que, siendo suyos, no figurasen en las antologías, sobre todo aquella magnífica Poemas y canciones, traducida al alimón por Vicente Romano y Jesús López Pacheco. Me extrañaba aún más que Brecht, tan aficionado a escribir en primera persona, se negara como comunista, cuando lo era hasta las cachas. Tiempo después, indagando, averigüé que los versos eran con mucha probabilidad obra de un clérigo antinazi: Martin Niemoller. Según parece de 1945, una fecha menos comprometida que los muy tempranos poemas antihitlerianos de Brecht. Tampoco está muy claro qué dijo exactamente. Aún asi, no me jugaría la mano de escribir --aunque creo que Kofi no me dejaría mal.

   Otra, con más padres aún es ésta: Si lloras porque no puedes ver el sol, las lagrimas te impediran ver las estrellas.
  Ha sido atribuida, por ejemplo, a Violeta Parra, a un tal John Calle, presentada como un proverbio japonés o, más frecuentemente, obra de Rabindrath Tagore. La frasecita tiene un punto cursi, aunque no es mal mensaje para momentos de tribulación. De ésta aún no sé quien la dijo, a diferencia de aquella con la que suelo  relacionarla --afinidades de impotencias y  estrellas--, que era de Flaubert: La palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas

Cierto que  los hechos son testarudos.  He aquí una frase que me encanta --será que entre testarudos debemos llevarnos bien--   que corre bajo diversas paternidades. Octavio Paz se la adjudicaba a Lenin (algo común en el ámbito francés), y también la he visto atribuida a Marx (el contagio es fácil), aunque al parecer la puso por escrito uno de los padres de la patria norteamericana (y presidente USA), John Adams. Puede que fuera ya antes una expresión más o menos popular, y Mark Twain -- antes que Lenin-- ya la había manipulado en su particular cruzada contra los estadísticos: Los hechos son tozudos, pero las estadísticas son algo más flexibles.
   

Lo que demuestra que los hechos tal vez sean testarudos, pero no siempre son fáciles de limpiar (lo que me recuerda que ahora debo ir a fregar los platos).

Bucci

Bucco
   En un callejón sin salida con dimensiones de plaza pública, sobre la cima del monte Aventino --una de las siete colinas de Roma--, no lejos de donde viví hace años, está la sede de la Orden de Malta, y en el portón de la entrada un orificio redondo, il bucco. Pegando un ojo al agujero, como antes algún millón de ojos, vemos recortada entre los setos la cúpula de San Pedro.
   Cuando vuelvo a Roma me gusta pasear por el Aventino, y fantasear cómo sería vivir en alguna de esas fabulosas villas sobre el Tíber, auténticos palacios rodeados de pinos en pleno centro. Me consuela saber que uno de ellos ,  por no sé que extrañas vías,  ha acabado albergando una escuela primaria.  Aunque ya  me asomé muchas veces  al agujero de esta cerradura, si paso por las cercanías no puedo evitar volver a agacharme, bajo la mirada aburrida de los carabineros que ya no llevan carabinas sino subfusiles. La visita incluye también una parada en Santa Sabina, creo que la más antigua basílica de Roma, y sobre todo en el jardín de las naranjas,  con su hermoso balcón sobre el Tíber y los tejados de  Roma.
    Más tarde, si la hora es propicia, no es mala idea acercarse a comer especialidades romanas a Perilli (incluido el ossobucco). Si hay que hacer tiempo, nada mejor que un paseo hasta la pirámide
Cestia
o, pegado a ella, al cementerio acatólico, para curiosear entre ese batiburrillo de  ateos, masones, protestantes de varias estirpes, aristócratas rusos y rojos de pro. Todos unidos por su "acatolicidad".

    Luego hay otros huecos, como el que dejan los amigos que se van. Pero esos ni siquiera tienen el consuelo de un sabroso tuétano o unas buenas vistas.

Estatuillas



Se me ocurre  que, en vez de una estatuilla, el premio de la Academia podría llevar aparejado  participar en una película para la siguiente temporada. Con guión del mejor guionista, protagonizada por los óscar a mejores actores (masculino y femenina), apoyados por la mejor actriz y actor secundarios, música del óscar a la mejor banda sonora original y una canción del mejor compositor de este año, fotografiada por el mejor director artístico. Y así todo: los efectos especiales, maquillaje y peluquería, incluso el óscar al mejor corto podría hacer el trailer (el de animación) o el making-of (el de documental). Mi única duda es si deberia dirigirla el óscar a la mejor dirección o el director de la mejor película.
   Por suerte, este año no tendriamos ese problema.
 

¿Entendéis ahora por qué ésto se llama Ideas Brillantes?