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Vacaciones









El verano, ya saben, es para las bicicletas.
Ci vediamo.

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Clasificados










   No es la primera vez que reflexiono sobre las cuestiones del género de los blogos. No, no me refiero a si son masculinos o femeninos, sino al género literario. Poco que ver con el diario íntimo --publicidad e intimidad son radicalmente incompatibles, diga lo que diga la bióloga Ana Obregón--, casi nada en común  con el periodismo, salvo contadas excepciones, y sólo ocasionalmente con la ficción literaria. Como deberían saber, una porción nada desdeñable de lo que rula por Internet tiene que ver, directa y descarnadamente, con el sexo y sus magnesias. También es conocido el dictum  de Garcia Marquez: "Yo escribo para que me quieran más".  Y se refiere --está claro-- a más cantidad y más gente. Así que la conclusión cae por su peso: buena parte de los blogos, sobre todo los llamados personales, pertenece al género de los anuncios de contactos.
      Un género no bien estudiado, despreciado por la crítica, pero que tiene cultivadores a mansalva, y cabida en medios de lo más respetables. Como el SMS, el anuncio de contactos debe ahorrar (literalmente) palabras, pero a diferencia de éste,  debe tener punch. De lo contrario, el público deseado (o target) no sucumbiría a la tentación. Desde luego, si alguna vez me veo en la tesitura --que como todo el mundo sabe quiere decir necesidad-- de poner uno de estos anuncios, no me busquen detrás de uno como, verbigratia, éste:
Cuarentón bien parecido, universitario, de mente despejada, amante del blues, la danza contemporánea y los paseos campestres busca mujer de entre 18 y 25 con gustos similares, para amistad y algo más.

         La gran ventaja de los blogos sobre el clasificado por palabras es que por un precio nominal  ridículo --aparentemente gratis-- tiene uno a su disposición un espacio casi ilimitado en el que ir desgranando las cualidades que lo adornan,  evocaciones de infancia,  pelis que le han marcado y  rasgos que le embellecen.  Hasta colgar fotos, no necesariamente de cuerpo entero, y mejor si es de la tierna infancia.  Así, entre comentarios de actualidad y reflexiones sesudas, se van dejando caer los píxels que componen el retrato del anunciante. Luego, sólo es cuestión de dejar abiertas las ventanas de comentarios y esperar que, como libélulas al faro halógeno, se vayan acercando las pretendientes. Los correos, las quedadas y el chateo permiten rematar la faena.

        Así pues, frente al anuncio sensu stricto, el blogo personal nos otorga espacio para tejer la tela de araña y  tiempo para acechar a las víctimas. Por si fuera poco, no sólo se zafa uno del estigma de la desesperación-- ¿qué clase de gente pone estos anuncios? pero ¿quién no ha fantaseado alguna vez con ponerlos?-- sino que se adorna con el glamour de lo literario.
       Personalmente, si algún día sucumbo a la tentación, publicaría algo parecido a esto.


Si tienes estómago para aguantar a un tipo malencarado, de modales toscos, no especialmente agraciado y de vuelta de casi todo, que jamás (leelo bien: JAMAS) va a renunciar al mando a distancia, llama, y tal vez encuentres que debajo hay algo que merece la pena.








Clarke2




Excusatio non petita: Ideas Brillantes no, quede claro. Esta es una bitácora de reflexiones sesudas. Se nota por los latinajos. No obstante, interesadas, dejar  dirección de contacto en comentarios.





©   fotos Bob Carlos Clarke

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Geopolítica (y 10)






Dios no juega a los dados.
Italia sí.


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Sincronicemos nuestros relojes





Como el conejo de Alicia, tengo la sensación de llegar tarde a todas partes.

Sin embargo, al echar la vista atrás, me doy cuenta de que voy una semana adelantado.(O hasta un mes)


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Errores









Cosas que se pueden hacer con los errores:

     Cometerlos.

     Comértelos.


Que no es lo mismo.






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300

CCC El titular rezaba así:

Dos tercios de los visitantes de la feria [del libro] de Madrid compraron 2,5 libros de media. (EP 17/06/06)

           El cuerpo de la noticia no aclaraba mucho sobre el perfil del visitante --¡qué manía con sacarnos  de perfil! a mi me agarran siempre del lado malo-- que hacen público los organizadores, aparte de que permanecimos en la feria una hora y media (de media) y que el 57% realizó una visita y el 27% dos, "por término medio".
          En casos así, suelo dar gracias por mi modestísima aunque sólida formación aritmética. Por ejemplo, aprendí a contar de corrido, y por eso sé que ésta de hoy hace la número 300 de las Ideas Brillantes. ¿Qué les parece?

Postdata ¿Sería mucho pedir que dejarais tod@s un mensaje de saludo, incluido el de Sunnyvale, California?
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Estreno

     Referirme a M. como una buena amiga sería seguramente echar al olvido algunos matices importantes que la convierten en algo distinto y mejor que eso. En su última visita, me hizo un regalo de comer y otro envenenado: una de esas libretas de notas con tapas duras y nombre propio, cuya lista de antiguos propietarios  acomplejaría a un clon hibrido de Leonardo con Lord Kelvin. Las hojas --de un papel de buen gramaje y tacto rugoso-- están en blanco. El obsequio llevaba aparejado el encargo de ir llenándolas de ideas que sólo existen en la generosa imaginación de M. Durante semanas, he dejado que simulase perderse entre el marasmo de papeles de mi escritorio, aunque ambos --la libreta y yo-- sabíamos que teníamos una cita pendiente.


       Sospecho que es un defecto, pero tengo gustos frugales.  De pobre, según mi madre, no siempre compasiva. A decir verdad, nunca me hubiera comprado una libreta de éstas, aunque alguna vez las he mirado con glotonería. Pero me apaño tan ricamente con mis  blocs de espiral y papel cuadriculado, que acaban destrozados de tanto pasar de la mochila al bolsillo, soportar dobleces  en los cantos, surcos multicolores de bolígrafos rebeldes, garabateos y hasta mutilaciones de páginas enteras.  Como unos vaqueros: todoterreno,  neutros, sin pretensiones y funcionales (aunque se pase calor en verano y frío en invierno).  Con todo, de las muchas lógicas que encierra un regalo, una de las más hermosas es la de obsequiar aquello que, a fortiori, el otro nunca compraría motu proprio.

     Hoy, he limpiado la vieja Waterman con la que escribía todo antes de que se inventara el qwerty. He rellenado el émbolo con la tinta negra de siempre, y he anotado en la segunda hoja una frase que llevaba semanas rondádome  la cabeza y una idea que me acababa de venir en la duermevela.
     Me siento incapaz de describir la  gozosa lisura con la que se deslizaba el plumín sobre el papel.


©   foto  Gustavo Romano  (vía JAM)    

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