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Estertores


     De la lectura de ese Under the Black Flag del que ya les he hablado más veces -- sigo intercalando lecturas, y así no hay forma-- he aprendido un puñado de cosas bien interesantes sobre piratas. De entrada, que como a cualquiera con dos dedos de frente se le ocurriría, distaban mucho de ser esos brutotes bravucones y románticos que vemos en las pelis. Si, como es más que probable, hubieran sido ustedes personas de orden y les tocara convivir con estos facinerosos, a buen seguro hubieran sentido cierta inquietud antes de emprender una travesía por aquellos mares --no sólo el Caribe, sino también las costas africanas-- y un aguijonazo en las tripas si tenían la mala fortuna de cruzar caminos con una balandra (sloop) de bandera negra --no siempre con tibias ni calaveras.
     Hay más cosas, pero ya se las contaré cuando lo termine de leer. A lo que iba hoy es que también la edad de oro de la piratería --entre fines del XVII y comienzos del XVIII-- llegó un día a su fin. Tras décadas de azote, una combinación de factores --legislación específica, concesión de perdones, establecimiento de recompensas para sus captores, incremento de las patrullas navales y recurso a las naves corsarias en la caza de piratas-- acabó con las andanzas de estos marinos de conveniencia, que no despreciaban adueñarse de un cargamento de bacalao o de esclavos para revenderlos en mercados donde la perspectiva de un buen negocio pesaba más que un manifiesto en regla
     Una vez iniciado el declive, los piratas desaparecieron --en los mares dominados por las potencias europeas-- en un lapso muy breve. "Uno de los aspectos más sorprendentes de la gran época de la piratería --escribe David Cordingly-- fue la rapidez con que se desvaneció la amenaza de los piratas". Si en 1720 se calcula que había unos 2.000 hombres (y mujeres) en el negocio, tres años más tarde se habían reducido a la mitad y en 1726 apenas quedaban dos centenares. En pocos años dejaron de ser una amenaza real y pasaron a engrosar la imaginería de la literatura y el cine de aventuras.
     Nuestros particulares facinerosos --esos mismos que hoy han roto su tregua tan sanguinariamente como ellos saben-- también tienen sus días contados. Y lo saben.
     No ha podido ser esta vez. Pero acabará siendo. Aún pueden causar mucho dolor, y enrarecer nuestra convivencia. Pero perderán la guerra. Porque frente a su obcecación, tenemos la razón. Están condenados a acabar en el baúl de los malos recuerdos. Yo confío en llegar a verlo. Pero ese día que no crean que va a venir un Stevenson a redimirles.

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Opacidades

A veces, hablando con alguien que lee este blogo, me ha tocado oir que escribo reservón y opaco, que me oculto tras las ingeniosidades o las ocurrencias, que el Eme Hache persona se agazapa tras los temas de interés general o se traspapela entre citas e historias ajenas.
También me dicen que éste es un blogo donde lo mejor lo ponen los comentaristas, gente fascinante que sabe hacer de mis notas la excusa perfecta para --ellos sí-- brillar y vaciarse.
Y como no puedo estar más de acuerdo con lo último, me imagino que también tiene razón en lo primero (aunque las comparaciones puedan resultar odiosas).
2006 no ha sido un año especialmente bueno en esta Casa. Imagino que es el pudor lo que me impide a sacar aquí a relucir mis cuitas más que tangencialmente. Ya saben, aquí lo único que reluce son esos brillos craneales que le dan título. Pero también soy consciente de que --en internet como en todo lo demás-- uno saca de las cosas lo que es capaz de poner en ellas. Yo, supongo, no doy para más. Pero sí sé que este blogo y su gente me dan muchas alegrías, muchas risas y muchas satisfacciones.
Así que me resisto a renunciar al optimismo. Porque como dice el genial Andreu, "un optimista es el que sabe que las cosas siempre podrían ir peor" ("y un pesimista --aclara-- es el que sabe que siempre lo consiguen"). Por eso, porque pese a todo estas líneas --y más las de la cajita pequeña-- están bien amarradas en mis entretelas, quiero darles entrañablemente las gracias a los que forman esta tertulia a veces mordaz pero siempre cálida.

Feliz 2007 a todos.



© foto: Descalza

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Novedades editoriales

     Hoy me saltaré un par de normas no escritas de la Casa, a saber, la de no ilustrar con imágenes en color y la de no utilizar este blogo como vehículo de promoción, más allá de los obvios y legítimos intentos de auto-venta.
     Pero la ocasión lo merece: ha salido a la calle el resultado de un proyecto largo tiempo acariciado. Ideas brillantes (el libro). Se trata de una recopilación de algunos de los textos mejor acogidos de este blogo, acompañados de las notas más punzantes o ingeniosas de sus distinguidos comentaristas (y sin embargo amigos). Lo ha publicado la editorial A fortiori, de Bilbao, y pronto podrán encontrarlo también en Amazon.
     Con este proyecto se ha satisfecho una de las más íntimas aspiraciones del autor.
     Confío en que satisfaga también alguna de las de los lectores más exigentes.

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Haddock

haddock     De los personajes de ficción con los que me identifico --y creanme que si no hay identificación se pierde mucho del disfrute-- hay varios que me ahorraré contarles, para no regalarles una carcajada gratis. Nada me impide meterme --enfrascado en los fotogramas de una peli o en las páginas de un libro-- en el pellejo audaz de mis héroes favoritos, hombres de acción muchos de ellos, tan lejanos de mi yo real que la comparación no es sólo odiosa sino --me consta-- ridícula.

      Pero lo del Capitán Haddock sí puedo contarlo. Porque este marino borrachín, malencarado, artífice y difusor de un selecto muestrario de exabruptos, nada de fiar para asuntos delicados pero radicalmente leal a sus amigos, torpe y perezoso, desastrado en el vestir y desastroso en las relaciones sociales, alma de cántaro plagada de  vicios, violento y brutal a veces, misántropo a medias y misógino a tiempo completo, duro con las espuelas pero blando con las espigas, desdeñoso de los trinos de una Castafiore insoportable pero tal vez enamorado en secreto del ruiseñor del Milán, buen burgués que no duda un instante en hacer el petate cuando la ocasión lo exige y echarse a recorrer el mundo en compañía de ese listillo entrometido que es Tintín, este Capitán Haddock, digo, es  finalmente un hombre de una pieza, de los que se visten por los pies.

     Yo soy Haddock, y no crean que es sólo la barba y la afición a los cuellos vueltos.

      Sólo me falta Moulinsart.

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Mamá Noel




Papá Noel me trajo esta plantilla nueva.

Pero yo a quien se lo agradezco es a Daniela.


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Nihil novum


Encontré ésto por ahí. Y me recordó algo que escribí hace tiempo.

Felices fiestas a tod@s.

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Agropop


tractores


-- Entonces, el sábado iremos al estadio del Rayo a ver un partido...
-- ¿Y quién juega?
-- Toreros contra actores.
-- Ah... ¿y qué hacen los toreros con tractores?


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Cifras y letras








-- ¡Jo, qué morro tiene la O! Si la pones del revés
sigue siendo una O; igual que la E, y que el 9. Ah, no, el 9 del revés se convierte en un 6.

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Ostentoreosidades



Digan lo que digan los nostálgicos de cualquier palo, yo sólo veo ventajas en que ahora seamos una sociedad rica.
Vale, puede que de momento, además, seamos una sociedad nueva-rica.
Pero, como tantas cosas, eso es algo que se cura con el tiempo.



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Hernández y Fernández (IX)




Hernández: Lo mejor es enemigo de lo bueno.

Fernández: Más aún, lo óptimo es enemigo de lo mejor.



Esposa de Hernández: ¡Bueeeenoooo!
Esposa de Fernández:  No, mejor no.


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Roturas

¿Se acuerdan de aquella campaña de Skip: "Las manchas enseñan a vivir"?.

Supongo que romper cosas también. Aunque sean irreparables.
Rorschach

foto: Rorschach cow, de © Dawn Penguin

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Egos

Ego size me



Vale, ya lo sabemos...
sin egos, no hay blogos.
Pero...
no vamos a quedarnos ahí ¿verdad?








© foto: Quereco

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Archivo (1): Carta a A.Dorfman

Con motivo de la muerte de Pinochet. No tengo ganas de escribir nada, pero tampoco de callarme.

Mi madre tuvo la ocurrencia de soltarme al mundo --más precisamente en Madrid-- un 11 de septiembre de hace más de cuarenta años. Y fue un once de septiembre cuando recibí de mi padre la primera lección de política de la que tengo memoria. O tal vez fuera al día siguiente; del año estoy bien seguro, era 1973. Regresé a casa con el periódico de la tarde, en el que daban cuenta del golpe en Chile, el Informaciones, ilustrado con una foto de armas incautadas en la residencia del presidente asesinado, Salvador Allende. Estaba yo en la edad en que uno empieza a desear hablar con los adultos como adulto, así que se me ocurrió decirle a mi padre algo parecido a que este Allende no debía ser trigo limpio, si guardaba en su residencia tantas armas. Entonces aún conservaba la hermosa e ingenua idea, transmitida a muchos escolares del mundo, de lo santa que es la paz y lo horribles que son las armas. Mi padre, muy disgustado, me explicó que pueden y deben usarse las armas si es para defenderse o para defender a los demás frente a un agresor. Que Allende era un presidente elegido por su pueblo, desalojado a la fuerza --sólo después de muerto--, de su puesto por unos militares que habían traicionado la confianza del pueblo que les había entregado, precisamente, las armas para otra cosa. No recuerdo exactamente sus palabras, pero sí con nitidez el sentido de lo que dijo.

Desde entonces, y por razones algo más complicadas, el golpe de Pinochet y el destino reservado por los golpistas a los chilenos de izquierdas, o simplemente pobres, estuvieron muy presentes en mi formación política y sentimental. Leyendo sobre Chile se me quedaron grabadas palabras como picana, Estadio Nacional o Victor Jara. Años más tarde, un auto de procesamiento del juez Garzón me compensó de muchos desengaños cotidianos con esta democracia española. Ni siquiera el 11-S de Nueva York borrará de mi memoria el de Santiago: yo cumplo años el día que asesinaron a Salvador Allende.
A lo que iba. He leído en El País su artículo "El perdón y los pingüinos". Ya había conseguido conmoverme hace poco cuando habló de la talla más que humana de Supermán. Hoy, no solo me ha conmovido, sino que me ha recordado cómo la imaginación de los creadores es capaz de ofrecer respuestas políticas cabales y certeras. Me temo que no le van a hacer mucho caso (¡que se jodan los pingüinos!), pero sepa que a mí me ha convencido.

Un muy cordial saludo,


MH

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Hay días

Hay días de esos en que uno se levanta con la boca seca y la sensación de que no va a salir el sol por más que en la calle brille un domingo de invierno. Días en que cada palabra que sale de tu boca es el preludio de un patinazo, o la seguridad de un patinazo, o el patinazo mismo. Días en que no se siente uno capaz de hacer nada a derechas, ni a izquierdas, ni de centrarse siquiera. Días en que abrir el periódico es un mero conjuro para noticias que no llegarán. Días en que se refugia uno en el trabajo como si hubiera abrigo posible para la que está cayendo. Días en que no se conoce uno, y ni uno solo de los nombres del listín de teléfonos ofrece la esperanza del consuelo. Días en los que me acurrucaría en tus brazos y me quedaría a vivir allí a sabiendas de que ese ya no es mi sitio.
Hay días de esos, y a veces duran meses.

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Quedada

abrazo
     En estos eventos --como saben quienes se han tomado la molestia de acudir a alguno-- se cruza uno con todo tipo de gente: personas a la que no habría saludado jamás por la calle (y a la que seguirá sin saludar en el futuro), tipos tan de otra generación o de otra galaxia que sería raro coincidir con ellos (y sin embargo coincides en tantas cosas), gente con los que antes o después te cruzarías en un encuentro profesional y sin embargo allí no te caerían ni la mitad de bien, mujeres fascinantes que escriben chorradas perfectamente prescindibles, rubias teñidas y genuinas (todas con sonrisas preciosas), grandes personas humanas en pequeño formato a las que te quedarías abrazado toda la noche, dandis que siguen siéndolo aún con un bocadillo de chorizo en la mano, gente a la que admiras casi con sólo mirarla,  tías con las que follarías aunque no te lo pidieran, otras con las que el tiempo de hacerlo quedó tres cafés más atrás y otras más que no te dejarían  arrimarte ni a su proveedor de telefonía móvil;  también tíos que  follarían con cualquiera de ellas sin pestañear ( quizá sin que ellas pestañeasen);  consortes que deberían convencer a su contraparte de que cerrara el blogo (y abrir ellas ellas uno), tíos con coleta que van de pedal y calvos capaces de hacer palidecer de envidia a la calva  más brillante de la blogosfera, la ternura personificada con un diente de pega,  baronesas tan encantadas de haberse conocido que  olvidan de que se están perdiendo la ocasión de conocerte, y personalidades tan deslumbrantes que ni siquiera el flash de la digital logra apagar su luz; gambas en gabardina que se aburren como ostras, amebas disfrazadas de alegría de la huerta, hortalizas con patines y melones más pasados que verdes.
  Ya, ya sé que esto empieza a parecer una de esas canciones de Sabina. Pero ¡qué cojones! lo pasamos bien ¿no?




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Bellas artes

Marionetas



Ya sé dónde dan el carné de manipulador de alimentos.
Pero ¿y el de manipulador de sentimientos?


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La carta del mes


Las palabras de Marx

Ventura_Nieto

Hace falta tener mala fe para pensar que cuando Jose María Aznar, entonces presidente del Gobierno, habló del Movimiento Vasco de Liberación se estaba refiriendo al Movimiento Vasco de Liberación. Y hace falta tener también muy mala fe para afirmar que cuando Esperanza Aguirre asegura que con su sueldo no llega a fin de mes esté diciendo que con su sueldo no llega a fin de mes. Los que van por ahí levantando esos infundios son probablemente los mismos que, al publicarse las fotografías de niños muertos o amputados por los borbardeos americanos en Irak, sostenían que los bombardeos americanos mataban o amputaban niños en Irak. Y los mismos, no hay duda, que pretenden convencernos de que Manuel Fraga fue ministro de Franco cuando todos sabemos que, en realidad, fue ministro de Franco. Son individuos que, aunque hayan leido a Julio Cortázar , no han aprendido la lección: "Es curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama". Y que, por  supuesto, no recuerdan las palabras de Groucho Marx: "¿A quien va a creer usted: a mí o a sus propios ojos?".



Juan Antonio Bueno Álvarez, Coslada, Madrid
(cartas al Director, El País, 30_11_2006)

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