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Paraísos


    Hace unos meses, se vendió la casa familiar en Galicia, una vieja quinta con nombre de mujer y dos palmeras a la entrada, sin que hubiera que se sepa más indianos en el árbol genealógico que un tío segundo jesuita que dio clases de matemáticas a Fidel Castro. Era la casa de los veranos de mi infancia, no todos gozosos ni todo el tiempo felices, pero que son los que abarrotan mis recuerdos de niñez: las cabañas en las ruinas del gallinero, las Pitusas frescas en el sótano, las fogatas semanales de la basura con el Padrino tirando del carro en el que montábamos sobre la paja seca, una enorme cerda madre en la cochiquera del fondal, el encendido diario de la bomba de achicar del sótano, las tardes de pesca en La Graña enredando los sedales del abuelo y ensartando miñoca en los anzuelos, las semanas sin despegar el culo del sillín de la bici, las partidas de cartas, los pitillos robados oyendo a Hilario Camacho con la prima, las peleas de hermanos, las bodas con sables o sin ellos, el amor pegajoso de mi abuela y los mimos de todos, los Sigfridos, Bimbos, Recaredos, Luas, Bobbys y tantos otros cachorros que después fueron perros y luego un verano ya no estaban, las expediciones en Seiscientos a las playas de Pantín o Meirás.

    En la casa se quedan un montón de muebles viejos, algunos carcomidos, estampas descoloridas, azulejos que fueron el mapa de los campos de batalla de mis guerras de soldaditos. Ropa muy usada de cama y toallas resobadas en los armarios de la galería. En la cocina, la mesa que había sido cuadro de mandos de una estación eléctrica, una gruesa pieza de mármol punteada como un emmental de orificios que se rellenaron de masilla. El aparador de la cocina, abierto quién sabe cuantas veces --por cuántas manos que quise antes qeu por las mías-- en busca de chocolate, de azúcar para las tostadas con mantequilla...

    La Abuela murió hace algo más de dos años. Nadie podía ni quería ya hacerse cargo de la casa, y a muchos les venía muy bien la pasta. La tirarán y construirán --eso me han dicho-- pisos hacia el fondal y tres adosados sobre la calle. El enorme magnolio de la esquina no creo que sobreviva.

    Yo sí, claro. Aunque no tenga donde volver cuando quiera pintar el forillo de mis recuerdos.

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Recortes (y XV)




La serie Recortes llega a su fin. Aunque me consta que no a todos los que suelen venir por aquí les ha gustado --y sospecho que a más de una le ha disgustado bastante, bien sean los textos, los comentarios por correo y puede que hasta las canciones de Sinatra--, y otros tantos simplemente piensan que se ha prolongado de más la broma, supongo que eso es señal de que el blogo está vivo. Cosa de la que venía dudando últimamente, la verdad. Como los matrimonios, los blogos deben de reinventarse sobre la marcha, a veces dejando piezas --y no me refiero a ninguna Pieza en particular-- por el camino, otras sacando brillos de dónde nunca se imaginó que los habría, todas creciendo y madurando. O envejeciendo, si lo prefieren.
Yo lo he disfrutado y --lo crean o no-- he estado hablando de mis cosas.

Les dejo una última perla de Buñuel, sugerida por una de las dos lectoras que he ganado para Fuentes en esta particular anti-campaña.



    "-- ¿Ya ve usted por qué es lo más excitante del mundo? Sexo sin pecado es como huevo sin sal."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (XIV)




"El celo expuesto nos expone a la risa ajena. Es como volver a la adolescencia, esa edad infausta en que todo lo que hacemos públicamente --caminar, hablar, mirar-- puede ser objeto de la risa del otro. La adolescencia y los celos nos separan de la vida, nos impiden vivirla."



Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (XIII)




"Los celos matan el amor, pero no el deseo. Éste es el verdadero castigo de la pasión traicionada. Odias a la mujer que rompió el pacto de amor, pero la sigues deseando porque su traición fue la prueba de su propia pasión".




Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (XII)



"Leo y releo un gran verso de mi poeta favorito, Quevedo (...).


         Ayer se fue. Mañana no ha llegado,
         hoy se está yendo sin parar un punto;
        soy un Fue y un Será y un Es cansado... ".


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (XI)




"Los encuentros de un hombre y una mujer ocurren a dos niveles. Uno externo, filmable si ustedes quieren, es el nivel del gesto, la actitud, la mirada, el movimiento. Es más interesante el nivel interno en el que comienzan a surgir, y a agolparse, sensaciones, preguntas, dudas, escarceos con uno mismo, imaginaciones, sobre todo la imaginación de ella; ella misma ¿qué estará pensando, cómo será, qué se imaginará de mí?"



Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Interludio



En este blogo solía haber una sección llamada "La frase del mes", de periodicidad errática, como su propio nombre indica.
Creo que en adelante queda inaugurada una macrosección titulada "El mes de la frase".

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Recortes (X)




    "Azucena suspiró.
    -- Una mujer bella no busca la belleza en su compañero."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria



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Recortes (IX)




"¿Era ese el siguiente avance técnico: el teléfono con pantalla para mirar la cara del que nos habla? Qué atroz violación de la intimidad, me dije, qué complicación infinita: estar siempre listo, peinado, maquillado, vestido (o desvestido, según la versión)."



Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (VIII)




    "El sexo", iba diciendo [Buñuel], "es una araña peluda, una tarántula que todo lo devora, un hoyo negro del que nunca sale el que se entrega a él."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (VII)




    "[Habla de Buñuel] La cabeza calva y el rostro surcado por el tiempo le hacían parecerse a Picasso, a Falla, a Ortega y Gasset. Los españoles ilustres acaban pareciéndose a picadores retirados."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (VI)




    "Nosotros, en cambio, tenemos ese clítoris de la lengua, la Ñ, que vuelve locos a los extranjeros porque les parece una extravagancia hispánica, medieval, comparable a la Santa Inquisición, cuando en realidad es una letra futurista que abraza y suprime los trabajosos coitos del GN en francés, el NH portugués o el impronunciable NY inglés."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Intermedio




El bueno de Cutlass ©Calpurnio

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Recortes (V)




    "-- No --me expliqué-- les pido que muy personalmente declaren por qué, en la mayoría de los casos, cuando se presenta la oportunidad de vivir una gran pasión personal la dejamos pasar, nos hacemos tontos, parecemos, a veces, ciegos, ante la oportunidad mejor de empeñarnos en algo que nos dará una satisfacción superior, una...
    -- O una insatisfacción profunda -- dijo Diana.
    -- También es cierto -- dije yo--. Pero vamos por partes."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria



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Recortes (IV)




    "Azucena era la dama de compañía, la sirvienta invisible, digna, serenamente satisfecha. A veces, era imposible saber si estaba o no estaba. Caminaba con paso de gato por la casa de Santiago. Una mañana, entró a despertar a Diana con la bandeja de desayuno entre las manos y nos descubrió cogiendo, ostensiblemente: un sesenta y nueve suntuoso que no era posible disimular. Dejó caer la bandeja. En el estrépito, Diana y yo nos desenchufamos torpemente. Por un azar de la posición, o de la luz, mi mirada se cruzó con la de Azucena. Vi en sus ojos el vértigo de imaginarse amada."


Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (III)




"No. Las mujeres son grandes en el arte de hacernos sentir culpables. Para disfrazar mi propio, inmediato, deseo, acudí, pues, a la idea anti-afrodisiaca de la mujer como generadora de culpas, la mujer como verdadera Reserva Federal o Fort Knox de la Culpa, que la almacena para evitar la inflación y luego va soltando los lingotes del reproche poco a poco, destilados, hirientes, envenenados, al cabo victoriosos, porque nosotros los hombres, maravillosos paradigmas de generosidad, jamás haríamos esto..."



Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (II)



"Todos formamos triángulos --le dije--. Una pareja es sólo un triángulo incompleto, un ángulo solitario, una figura trunca".

Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria


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Recortes (I)



"No había leido aún, es cierto, la frase de una novela de su marido, Iván Gravet, en la que dice, más o menos, que una pareja existe mientras es capaz de inventarse o porque es preferible la mierda a la soledad. El problema de la pareja es dejar de inventarse".

Carlos Fuentes, Diana o la cazadora solitaria





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El niño que odiaba a los Reyes Magos




     Ahora que la Navidad ha detonado su traca final debo reconocer que me gustan estas fiestas, aunque entiendo bien a quienes dicen detestarlas. No en vano el índice de suicidios se dispara en estas fechas: demasiadas añoranzas para lo que luego nos deparan. Yo, que tiendo a alimentar mi optimismo con expectativas de pesimista, me bandeo bien y disfruto de lo que hay. Que puede ser mucho si hay familia cerca --aunque nos falten algunos-- y sobre todo niños pequeños.
     También en la Navidad, como en casi todo, cada cual ve la feria según la va en ella. En una bitácora amiga nos deseaban felices vacaciones allá por el 20 de diciembre, y yo pensé: "Otra enseñante". Los taxistas de Madrid odian las Pascuas en sus horas de trabajo, aunque sean buenas para el negocio: el tráfico es aún más insoportable que de costumbre. Con todo, nunca conocí a nadie con una odio tan genuino, sincero y furibundo hacia los Reyes Magos como JC. Para él, el seis de enero era el peor día del año. Sus padres no llegaban a casa hasta la tarde, o a veces hasta la noche. Derrengados y sin ganas de fiesta, llevaban días de trabajo durísimo a sus espaldas. No faltaban los regalos, pero sí la ilusión de descubrirlos en los zapatos ante la mirada cómplice de sus padres. Luego, cuando creció, tuvo que incorporarse él mismo a la vorágine del día de Reyes y sus vísperas. Jornadas de trabajo intenso, agobios y tensión. Cuando me lo contó, muchos años después, JC aún odiaba sincera y profundamente a los magos de Oriente.
     La pasteleria O. era bien conocida en el barrio. La fama de sus roscones llegaba incluso a vecindarios más alejados. Eran días de mucho trajín pero también las mejores cajas del año. Ese era el negocio de la familia de JC, el niño que odiaba a los Reyes Magos.

In memoriam: JC murió al año siguiente de que yo escribiera esta historia. Desde entonces, no puedo ver un roscón sin que me vuelva a la cabeza. Era un gran tipo.

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La frase del mes




"El pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de otra manera."

L.P. Hartley, El mensajero



(Y lo que sigue es aún mejor)


Einsteiniana


En días como hoy
tengo la sensación de que el tiempo
se comporta como un chicle en mi boca.

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