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Filología



                Contra lo que parecer pudiera
                "Eureka" no es euskera.

Aquí no tengo ni el embrión de un limerick.
© foto: Mugley

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Asombrosa cochambre


    
Cuando no estoy entretenido comiendo, leyendo clásicos o...bueno, en otras actividades, me gusta escaparme a alguna exposición. Por desgracia, hace ya años que descubrí que mi momento favorito de la semana --el domingo mañana, antes del vermú-- para tales devaneos coincide con el momento favorito de un bueno puñado de conciudadanos. O sea, que están todas las exposiciones petadas y es un asco. Así que voy poco.
    Luego está lo del arte contemporáneo --instalaciones, videoarte, performances y la gaita-- con el que tengo unas relaciones más o menos complejas. O más o menos simples, según se mire. En realidad, la cosa funciona así: buena parte de él me deja tirando a indiferente, una pequeña parte consigue cabrearme, y otra porción me hace reir, en el mejor sentido de la palabra. Lo que es raro es que llegue a emocionarme. Claro que tampoco es que me emocione con Las lanzas, por poner un caso.
    En conclusión, que me estoy atocinando estéticamente. Si es que alguna vez dejé de estarlo. Pero el otro día fui a Estampa acompañando a una amiga que tiene una casa playera que decorar y, además de algunos hermosos grabados de Valdés y las inasequibles fotos de Ramón Massat, me encontré con una pieza (así la llama el autor) titulada "Asombrosa cochambre", ante la que se convocaba un montón de público joven (y una servidor), con una sonrisa en los labios y la sensación de haber encontrado algo que al menos nos había alegrado el día. Y, a diferencia de mucho de lo que colgaba en la feria (la invasión de Tapies cimarrones), yo, al menos, sí lo colgaría en casa. Lo de arriba es sólo un fragmento. El tipo que lo hace se llama Julio Falagán y, como poco, hay que agradecerle que no se ría del público, sino a la inversa. Luego, me queda la curiosidad de saber si algún día podrá hacer algo que, además de interesarme, me emocione. Más allá de la risa, quiero decir. Pero, de entrada, lo que me parece innegable es que tiene talento. Si es que aún alguien cree en eso.
    Y para que conste mi entusiasmo, les dejo una ilustración, vista parcial, en colores, que es, o debiera ser, un aviso para navegantes.

© imagen J.Falagán

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Guacamole


    Después de todos estos años escribiendo (sí, ya sé, últimamente muy poco, pero a lo que iba) me doy cuenta de que hay pocas cosas que no haya hecho en este blogo. Y una de ellas es colgar recetas. Pero no, descuiden que no les voy a obsequiar con la de la paella (aunque es infalible y sale de muerte). Les va a tocar la del guacamole, que también es lucida y además da mucha menos guerra.
    Así que anoten. O mejor, impriman. O expriman.

    Primero la cebolla: como media cebolla mediana, y se pica a conciencia pero a cuchillo: hasta que queden trocitos minúsculos, casi pulpa líquida de cebolla. Lleva un tiempo, pero es importante. Luego, al bol. Se agarran un par o tres de aguacates maduritos (importante: que no estén duros, pero tampoco pasados). Se rebanan por la mitad (como la carótida de Utrilla en Celda 211 ) hasta que quedan como el de la foto. Se quita el hueso y se vacía la pulpa en el bol. Se añade el zumo de medio limón, su pizca de sal y yo suelo echar un poquito de pimienta blanca. A continuación, con un tenedor (insisto, esta receta aborrece la maquinaria) se va aplastando el aguacate para que se vaya mezclando con la cebolla y el limón, con paciencia, hasta que queda una pasta más o menos compacta, en la que pueden quedar trozos no muy grandes. Luego, un par de gotas de tabasco y, si lo tiene a mano, una ramita de cilantro picado. Se prueba y se rectifica de sal, if necessary.     Se sirve en el bol, acompañado de fritos de maíz (vulgo Doritos),o nachos, o patatas fritas, que es con lo que lo comeremos.
     Buen provecho.


    Y es lo que digo yo: si no es de servicio público ¿para qué coño sirve un blogo?

© foto:MH sobre original de Jordi Rosich

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