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País

  
      Aunque últimamente nos depara algunas alegrías, como el resultado de las últimas elecciones (aunque sean de juguete, ya ha mandado al camposanto al zombi político Rubalcaba), este país tiene aun unas cuántas cosas que hacerse mirar. La afición a los toros es una de ellas.
    Miren si no esta foto: el hijo de un ex-presidente mítico, candidato-petardo del PP a la presidencia de Castilla-La Mancha, y un torero superviviente, casi un walking-dead él mismo. Les conocemos pero, no piensen en las personas, ni en sus historias. Piensen sólo en la imagen: en Suddeutsche Zeitung, en Le Figaro, en India Times, en New York Times, en Renmin Ribao.
<¡Toma Marca España!

© foto: Julián Rojas

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Pronósticos políticos

   
Tengo una larga y asentada trayectoria como pitoniso.  Aunque debería decir larga, asentada y fracasada. Estrepitosamente fallida. Como si tuviera vocación de pulpo Paul y en realidad fuera Rappel, aquel que según un titular de prensa "No adivinó que iban a atracarle". Porque aunque de vez en cuando me gusta hacer vaticinios, y este blogo ha recogido algunos, nunca acierto. Pronostiqué que Rato sería el sucesor de Aznar. Meeeec: error. Anticipé que la burbuja inmobiliaria pincharía en 2003. Que Rajoy no llegaría al gobierno. A la vista está. También que Rajoy renunciaría en el Congreso del PP en Valencia (2008) para dar paso a un candidato tapado: Meeeeec: error. Igualmente dije que Suma (Su Majestad) daría su último discurso navideño en 2011. Meeeeeec: nuevo error.
     En esto tengo casta de buenos galgos. Mi padre se tiró una noche veinte minutos al teléfono explicando minuciosamente a un amigo en Ginebra (la ciudad, no la bebida) las muchas razones por las que no era posible un golpe de estado en España, pese a los rumores que había recogido la radio suiza. Era el 21 de febrero de 1981.

     Esto sin contar con la cantidad de cervezas que he perdido apostando a resultados del Real Madrid (ya no apuesto: gracias a eso ha vuelto a ganar copas de Europa) o la Selección (idem del lienzo).
 
     Aún así, me divierte hacer este tipo  de pronósticos políticos. Y como me divierten, y no hago mal a nadie, salvo a mi inexistente reputación, e incluso pueden servir de guía sensu contrario, pues sigo haciéndolos, de vez en cuando.
      Así que comprenderán que no esperase acertar cuando el pasado lunes decidí anticipar la reacción del PSOE al descalabro general de las europeas, en estos términos: "Salen antes de las 2.00, para marcar el telediario, y salen con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba y un congreso extraordinario para elegir a Susana Díaz." Así mismo, al filo de la una. En Facebook. Está escrito.

     Acerté. Y ahora sí que estoy acojonado.

© Ilustración: Jilipollo

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Coca para bebés

  
Los tiempos cambian.  Lo que ayer nos parecía normal se vuelve inaceptable. Lo inconcebible hoy será realidad mañana. Sólo queda desear que nuestros sueños del presente no se tornen en el futuro en pesadillas. Y trabajar para lograrlo.

© foto: Bored Panda

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Ratones vírgenes

 
Leo en la prensa que los ratones (macho) vírgenes se comportan de forma agresiva con las crías, mientras que basta un simple polvo para despertar en ellos un razonable instinto de protección hacia los más jóvenes de la especie. Más exactamente: "los machos vírgenes atacan a las crías por sistema, o por instinto. Y la primera experiencia sexual cambia ese comportamiento y los machos empiezan a tratar a las crías con amor paternal." Lo han estudiado en Harvard, y lo publican en Nature, así que debe ser verdad.

Somos un manojo de cables.
Corrijo: un manojo de cables con ínfulas.

© foto: Jeremy Brooks

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¿Ideas Brillantes? (reloaded)


Me llamo M.
Siempre he querido tener una bitácora.
Bueno, siempre desde que descubrí qué eran. Hará unos tres meses  diez años y tres meses de eso.

Sin embargo, aún no sé el por qué de ese deseo.
Tal vez porque me gusta jugar con las palabras.
Tal vez porque tengo algo que contar. O que contarme.
Tal vez porque, al llegar a esta edad, siento que hay cosas que no marchan como es debido.

Tal vez la idea de llevar un cuaderno de viaje no haya sido tan brillante.

Como de costumbre, más preguntas que respuestas.

© foto: EmeHache

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Balance



   El próximo domingo hará diez años que empecé a escribir este blogo.
   En este tiempo me ha robado horas. Seguramente bastantes.

   A cambio me ha dado: confianza, algunas amigas, muchos conocidos, enormidad de buenos ratos, lectores y lectoras selectos, entretenimiento, raros momentos de pasión, buenas lecturas, visibilidad, risas a puñados, algo de vergüenza, alguna lágrima, miles de buenas fotografías, enseñanzas prácticas, sabiduría general, un laboratorio de pruebas, un taller unipersonal de escritura creativa, compañía, un altavoz (pequeñito) para mis protestas y neuras, más blogos, recuerdos, varias quedadas memorables, varias personas a las que añorar, sentido del paso del tiempo, consejos, consuelo, comprensión, distancia y cercanía a partes iguales, poco de comer, ocasiones para regalar, regalos, una forma nueva de viajar, ideas brillantes y ajenas, una válvula de escape, un acelerador emocional, un carburador para malos gases, una plataforma (pero nunca un pedestal), buenos sustitutivos para la medicación y la meditación, terapia casi gratis...

   Y hay más.
   No he sumado pero creo que el balance sale positivo.
   Gracias.

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Jefes (reloaded)



    Por primera vez en mi vida, me han hecho jefe de algo.
    ¿Qué cómo me siento?
    Sinceramente: mayor.


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Cuatro Amores en un taxi (reloaded)


     Una de mis tías favoritas se llama Amor. Su madre se llama Amor también, aunque si no recuerdo mal en la familia a una de las dos la llaman Maria Amor. Como no podía de ser de otra manera, mi tía --la mujer de uno de mis tíos preferidos-- tuvo dos hijas; a la primera le pusieron de nombre Amor.
     Me contaba el otro día que en un reciente viaje familiar a Tunez, habían cogido un taxi. El chófer, les dijo sonriente después de preguntarles de donde eran:
     -- Me llamo Amor (o algo que sonaba muy parecido).

     Cuatro Amores en un taxi. Eso fue lo que dijo mi tía (Amor). Y el primo A., que es un hombre propenso a la carcajada y siempre agudo, saltó:
     --Un título regio para una de esas comedias italianas.

     Y yo pensé que tenía toda la razón. Pero no se me ocurrió cómo continuarla.

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Contra la resignación (reloaded)



    
    Vengo de pasar unas horas anoche en la Puerta del Sol de Madrid, esa media tapa de barril de aceitunas desde donde tantas oleadas de indignación han desbordado a todo este país nuestro como resultado de una mínima piedra que una sola mano, o un puñado de ellas han arrojado en el charco –falsa balsa de aceite—de nuestra historia contemporánea. Hoy son los jóvenes y no tan jóvenes del movimento por la Democracia Real quienes han arrojado esa piedra. He tratado de escucharles.
    Lo que he oido es un grito de hartazgo: ese ¡Basta ya! que plantó cara a ETA, ese ¡No a la guerra! que descalabró una victoria electoral casi cantada de la derecha, ese ¡No con mi voto! que aglutina desde hace años a los que creen que otro mundo es posible. Pero ese grito de hartazgo suena también a canto de esperanza. Ojalá cuaje.
    He mirado también. Y lo que he visto ha sido hombres y mujeres decentes, jóvenes y ya no tanto, víctimas muchos y ninguno cómplice de una crisis de la que sin embargo nos quieren hacer paganos: parados, menos-de-mil-euristas abocados a la precariedad, jóvenes aunque sobradamente preparados sin pasta para pagar el coche anunciado, desauciados por las hipotecas, viejos militantes desencantados de militancia, despedidos por la nefasta gestión de ejecutivos de contrato blindado y cuenta de gastos, mujeres puestas en la calle por jefes de personal sin entrañas por el delito de lesa maternidad, prejubilados de EREs que sanean las cuentas de las empresas a costa de los impuestos de todos, estudiantes eternos sin perspectiva alguna de trabajar en lo suyo, excluidos de los partidos (pero a quines se convoca con cinismo a las urnas), trabajadores del andamio víctimas (que no cómplices) de la burbuja inmobiliaria, chavales a quienes jamás los bancos concederían un crédito y sin embargo se les pide que paguen el saneamiento y la fusión de la banca. ¿A quién puede sorprender su hartazgo? ¿Quién podrá reprocharles a la cara que desconfíen de partidos, sindicatos, ideologías o instituciones? Sin trabajo, sin casa, sin futuro ¡sin miedo!
     He recordado, también. Recuerdos de tiempos en que eran la calle –no los despachos, sino las aulas, los barrios, y las fábricas— escenario de las luchas políticas para traer una democracia que ha acabado convirtiéndose en esto. No una democracia real sino un sucedáneo intragable: la partitocracia. Me han venido a la cabeza conversaciones, cientos de ellas, en los años que siguieron: que vaya mierda, que para este viaje no necesitabamos tanta alforja, que la juventud pasaba, que los militantes honestos de antaño se habían apoltronado en las moquetas y perdido contacto con las aceras, que todos eran iguales, que que más daba unos que otros, que algo había que hacer, que nada podía hacerse mientras la gente siguiera más preocupada de las pulgadas que medía la pantalla de su televisor que de los metros que le separaban de su vecino.
    Nunca en todos estos años fui pesimista. Siempre estuve atento a los brotes de rebeldía, de insumisión, de hartazgo. Convencido de que lo que es insostenible no se sostiene indefinidamente.
    Lo que he oído, he visto y he recordado ayer en la Puerta del Sol de Madrid, rompeolas de todas las España, me ha confirmado que no estaba del todo equivocado.
(CONTINUARÁ)

© foto: Santi Ochoa

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