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Pecios








Unos calcetines blancos.
Unas caderas rotundas que asoman tras una camiseta un poco corta.
No puedo ver baloncesto sin evocarla. Ni siquiera una pelota de basket.
Una gafas de sol.
Oir a Luz Casal.
El barrio de Hortaleza sobre el plano.
Una copa de globo llena de vino tinto.
Un hombro femenino en una camiseta sin mangas.
La yedra.
La pasta de Cesare.
Todos los modelos gris metalizado de Citroën.
Los jueves.
El olor de un Somontano.
Zimbardo, Amelie, Cyrano.
La cabinas de Telefónica.
Un sostén negro.
La cebolla en las ensaladas.
El chivato del correo-electrónico.
Mi viejo movil.
Los gatos callejeros.
Una bicicleta aparcada en medio de un salón.
Ciertos tramos de la M-30.
La palabra interesante. Y un ooh aprobador, de leve sorpresa.
Pensar en los almuerzos al sol aún me parte el alma.
Son las cosas que no soporto porque me recuerdan a ella.

Y aun debo dar gracias de que apenas haya aromas en esta lista, pues es la nariz la que nos traiciona de forma más inesperada y dolorosa.

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