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País-Titanic


     Oigo a Sabina decir algo que imagino que habrá repetido mucho: "A Serrat le envidio haber escrito Mediterráneo, ¡no te jode!" . Están presentando ese disco de la Orquesta del Titanic, y como soy fan declarado, confieso que hace años que huyo de los conciertos del Noi porque llevo fatal oírle cantar los temas viejos con apenas un hilo goteante del chorro de voz que tuvo, y esforzarse en los nuevos por enmascararlo. Pero a lo que voy, que me lío una vez más. Yo no escribo canciones, aunque si lo hiciera, también le envidiaría Mediterráneo.
     Pensaba en estos días que ya tengo amigos que toman las de Villadiego y se van a buscar algo de vida fuera del marasmo en otras tierras. Emigración cualificadísma, mientras se quedan aquí, penando, los muchos que dejaban el instituto para agarrarse a la carretilla y la rasa y ganar un pastón. Un chorro de pasta que, como el chorro de voz de Serrat aunque por peores razones, dejó de manar. Y me venía a la cabeza la estrofa final de otra canción de aquel disco, Pueblo blanco :

    Si yo pudiera unirme
     a un vuelo de palomas,
     y atravesando lomas
     dejar mi pueblo atrás,
     juro por lo que fui
     que me iría de aquí.


     Nos ahorro el final. Creo que Serrat/Sabina tienen razón: hemos viajado en un Titanic con un pasaje aún no teníamos pagado y el barco no se sabe si va a pique o sólo queda a la deriva por falta de combustible. Sinceramente, creo que lo que consiga llegar a la costa en los botes salvavidas será más fuerte, más sano y más sabio. Pero por el camino vamos dejando un montón de naúfragos, y la mayoría no viajaban en primera.
     A otros, y me cuento, nos queda la opción de seguir haciendo sonar la música para preservar la memoria, la alegría, y la dignidad.
    

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Más As que Moodys, Standard, Poor y Fitch juntos



     He descubierto el secreto de la alta cocina. Es simple y diabólico a la vez.
     Por razones que ni yo mismo entiendo, últimamente me ha dado por frecuentar los blogs gastronómicos, buscar (y practicar) recetas de internet y en general picotear lecturas sobre este sabroso mundo.
     El caso es que leyendo el otro día un artículo de Ferrán Adriá sobre un libro de últimas cenas (curiosa propuesta), empecé a descubrir la pauta que unía a muchos de los cocineros que mencionaba: Grant Achatz, José Andrés, Alex Atala en Brasil, Gastón Acurio en Perú. En España, Albert Adrià, Andoni Aduriz.
     Pienso en los otros cocineros de renombre en nuestro país: el propio Adrià (Ferrán), Arguiñano, Arzak, Arola.
     ¿Se dan cuenta? Todos empiezan por la A. Y aunque me declaro incapaz de establecer una causa probable, me niego a cerrar los ojos ante la evidencia.
     Luego me entristezco, claro, porque mis hijos, el mayor y el pequeño, no irán a ninguna parte en este mundillo con una Hache de apellido.
     ¡Maldita sea!

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Bellas artes


     Me regala una buena amiga --más Peppermint Patty que Lucy-- una hermosa frase de Charles Schulz:

     Los niños no conversan. Dicen cosas. Pregunta, cuentan y hablan, pero nada saben de uno de los grandes placeres de la vida, la conversación. Luego, en algún momento al filo de los doce, año arriba o año abajo, dos chavales sentados en sus bicicletas junto a un porche en una noche de verano empiezan a hablar de otros conocidos, y así se descubre la conversación. Cierto que algunos confunden conversar con hablar y se tiran así el resto de la vidas, sin parar, aburriendo a los demás con su charla sin sentido y sus quejas. La verdadera conversación, en cambio, incluye hacer preguntas, y hacer las preguntas correctas antes de que sea demasiado tarde.

     Me encanta la frase, y me encantó el regalo. De todas las bellas artes de la oratoria, las dos que más me gustaría dominar son la conversación y la narración. La verdad, contar historias habladas no es lo mío, aunque he tenido buenos maestros, y aun me esmero en mejorar. En la conversación, sin embargo, me gustaría pensar que, pese a mis muchos defectos, puedo apuntarme un par o tres de virtudes. Y es que lo disfruto tanto.

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Imposturas


    Esta foto se publicó en Cultura Inquieta con este texto.

    El fotógrafo americano Rocco Morabito ganó el premio Pullitzer en 1968 por esta fotografía, "El beso de vida". La imagen muestra dos operarios de las líneas de alta tensión. Uno de ellos recibe una descarga eléctrica, sufriendo en consecuencia un infarto. Su compañero vino en su rescate, haciéndole el boca a boca.

     Yo añadí un comentario.

    En realidad, la historia es muy distinta.

    Joe “Stoneface” Kowalski (con casco en la fotografía) y Ben “Bender” Hedge eran trabajadores en el sector eléctrico, compañeros, y algo más que amigos. Forzados a ocultar la naturaleza de su relación en el pacato ambiente del Corn Belt norteamericano de los 60, se permitían sin embargo algunas muestras de efusión pública cuando, trepados a las torres de alta tensión y aprovechando los notorias habilidades acrobáticas de “Bender” Hedge, se creían a resguardo de miradas indiscretas.
    La foto de Morabito, homosexual él mismo, se dio a conocer amparada en la historia del accidente, pero de hecho se convirtió en uno de los primeros iconos secretos del movimiento gay, junto con las imágenes del martirio de San Sebastián.
    A Kowalski y a Hedge, sin embargo, la instantánea les trajo complicaciones. El seguro de la empresa desveló pronto que no se había producido accidente alguno, y ambos fueron despedidos discretamente unos meses después. Hedge sirvió en Vietnam, especializándose en penetrar en las madrigueras del Vietcong armado con un cuchillo y una Hi-Power de 9mm. A Joe Kowalski le contrataron en un bar del Village neoyorquino, y se jubiló como jefe de camareros en el mítico Studio 54.

    Tengo esta manía: de vez en cuando me gusta inventarme historias. O contar trolas, si lo preferís. Así que solté esta en Cultura Inquieta. Lo malo es que ya hay unas cuantas personas que se la han creido, y ahora me da vergüenza desvelar el engaño.

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Desgaste

     Desde el año pasado, la ciencia ha hecho descubrimientos aterradores. Y si no fuera ya bastante malo que el deterioro del raciocinio y la memoria comiencen a los 45, la cosa se agrava porque el estudio se hizo sobre una muestra de....¡funcionarios! Como si no tuviéramos ya bastante con lo nuestro.

     Así que comienzo este 2012, el último año de la existencia de este blogo como fue concebido. Y no, no me refiero al supuesto fin del mundo de los mayas o los incas, que ahora no recuerdo (lógico, a mi edad). Quiero decir que este 2012 será el último año en que estas Ideas Brillantes puedan subtitularse, en honor a la verdad, "ocurrencias de un cuarentón".

     Y luego está la guinda del pastel: lo del lumbago, digo.

     Así que voy asomando poquito a poco , no sea que nos caiga algo más encima.

     Auguri a tutti.

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     Hay frases hechas de uso tan amplio que acaban perdiendo significado: "espectáculo dantesco" se aplica a tal gama de visiones nada infernales en boca de quienes su vida han leído al Dante que acaban por sonar a mero ruido en los oídos de quienes no hemos leído a Alligheri. Otras, en cambio, tienen un uso tan restringido que evocan de inmediato un contexto. "Al volante de su propio vehículo" sabe a familia real; rara vez la vemos aludir a otro tipo de personajes. Hace años, una carta al director de El País sugería que se abandonara la expresión, pues de su literalidad sólo podía deducirse una cosa: que nuestros monarcas y allegados tenían como costumbre conducir vehículos ajenos.

     Lo mismo es lo que le pasa a Urdangarín, que perdió la costumbre de conducir su propio vehículo.

© foto:

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El Gran Ike


    Primero conocí al Ike de internet (esto es lo que queda en el éter), inteligente, ácido, siempre empapado de humanidad, expansivo y amable, y con un talento que se le salía por las orejas. Los que andábamos de aprendices de blogueros perdíamos el culo porque nos sacara en una de aquellas viñetas suyas en las que caricaturizaba a sus "contactos" pre-facebook.
    Luego tuve la enorme suerte de coincidir con Enrique en una excursión a Coruña, compartir una tarde deliciosa y un poco absurda y cimentar una relación lejana pero ya cordial para siempre: como nuestra común amiga Nuala, siempre pensamos que estas relaciones de red son sólo humo hasta que somos capaces de reunirnos delante de unas cañas. La química de la cerveza funcionó, y fui siguiéndole luego en sus desapariciones y cambios de humor, tratando de animarle como mejor supe cuando la mala suerte se cebaba (una vez más) con él. Pidiéndole favores a los que nunca se resistió ni un poco, por intempestivos que fueran.
    Por eso la noticia de su muerte, que me llega de rebote con un timbrazo inesperado de la Pajarraca, en esta temporada que ando escondido en los pliegues de las redes, cae como un mazazo.
    Era un grandísimo tipo. Con un grandísimo talento.
     Aún no puedo creerlo. Aún no sé cómo lamentarlo. Sólo sé que será muy hondo.

© foto: Ike Janacek

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