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Noche cromática

 
        A veces, una noche fuera nos devuelve el sabor de los años en que las copas del fin de semana eran la casi inquebrantable norma, y no la sangrante excepción. Digo el sabor, porque el olor a tabacazo y a humanidad la verdad es que no lo añoro nada; una de las grandes ventajas de la ley Salgado, no les quepa duda.  Si la noche, además de coctelería fina y buena compañía, nos regala el reencuentro con la música en directo, en forma de amalgama de nostalgia, marcha y viento-metal, la ocasión puede convertirse en lo que la modernidad llama un evento. Todo un acontecimiento que acontece. Lo pasamos pipa. Y no se pierdan el swing desorejado de Cromática Pistona.

© foto: Cromática Pistona

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Tras la guerra


--"Será nuestro fin porque todos los aldeanos irán a la guerra y cuando vuelvan no querrán ser eso sin lo que nosotros no podemos pasar: criados. 
--Pero siempre habrá criadas, ¿no? --dijo Caroline. 
--Ojalá. Franklin dice que todas estarán trabajando en fábricas. Luego se casarán con los chicos que vuelvan a casa y, una por una, las Familias del Río moriremos en nuestras casas heladas sin que nadie nos doble siquiera un cubrecama".



Habla Laura Delano, y el Franklin a quien alude es FDR. En La edad de oro, de Gore Vidal (165)

  © foto: LoveDay Lemon

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Premoniciones


   Leo una novela fascinante de Gore Vidal, que mezcla lo histórico con lo ficticio y la narración con el ensayo. La edad de oro   presenta a algunos personajes fascinantes --como Harry Hopkins, a quien Oliver Stone dio mucho protagonismo en su documental--, permite compartir el pesimismo patricio de Vidal al contarnos cómo se fue al carajo la patria de los hombres libres, y dejarse envolver en una narración que avanza a saltos, sin que ninguno de ellos parezca tener la importancia que luego irá cobrando. También, como remate, el propio Vidal se cuela como personaje en su epílogo y nos acompaña a reflexionar sobre las consecuencias de la obsesión por la seguridad en los aeropuertos:

--Cada vez que vuelo está, cómo no, el problema de combatir el terrorismo. Para ello debes presentar documentos que acrediten tu identidad, además de una fotografía.
--No entiendo por qué echas tantas pestes.--Demasiado joven para recordar lo que había sido vivir en un país libre, Iris está  totalmente acostumbrada a que la detengan y le pregunten por qué quiere volar, digamos, de Newark a a Filadelfia, una ruta reconocida como de alta seguridad que resulta irresistible para los árabes portadores de bombas decididos a destruir todo lo que hay de bueno en la faz de la tierra por el simple gozo de servir a Alá.



Nada llamativo, claro. Salvo que me molestaba un dato que me había quedado en la cabeza, y era el de la fecha de edición. Nueva York, Random House, 2000.

¿Cómo te quedas?


© foto:

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Vacaciones

   

Compruebo que cada año las vacaciones se van alargando en este blogo. A su autor, en cambio, se le hacen cada vez más cortas.
© foto: JeKemp

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Gramolas



Así es como Nicki llama a los dispositivos móviles --consolas, tabletas y  smartphones. Así en general.  Y dice su hija que hay que ver cómo mejoran  nuestras relaciones sociales a larga distancia. En las distancias cortas, puntualiza, tienden a joderlas.



Cronopios

   
     
He disfrutado tanto de la lectura de estas cartas de Cortázar a los Jonquières que no sabría por donde empezar. Pero digamos que disfruto de la prosa epistolar, más relajada que la literaria destinada a imprenta. Para seguir, de la sensación de asomarme a una intimidad ajena con toda impunidad, y disfrutar en diferido con una amistad que se estira y engorda a lo largo de más de cuarenta años, a buena parte de los cuales asistimos en estas cartas. Incluido el ver cómo cuaja, o florece o qué se yo el amor por Aurora, a la que poco antes de casarse apenas menciona, sin muestras casi de apego. Luego, hay ciertos puntos de identificación con este Julio al que conocemos emigrante valiente pero lampante en el París de los cincuenta, lejos aún del personaje de gran escritor en que se convertiría. Me divierte además lo mucho que le interesa hablar de arte y lo poco en cambio que habla de literatura (y cuando se lo permite, trata sobre todo de poetas). Me encanta encontrar afinidades: el gozo del ciclista en París, la torpeza para los asuntos del bolsillo, la afición por cierto cine y cierta pintura. Algunas coincidencias curiosas además: Cortázar añora una estampa de Klee para adornar su apartamento, y recuerdo la última que cuelga en mi salón, traída de un viaje a los Alpes. Me divierte recordar, en estos tiempos de e-mail,  los problemas e inquietudes de unas cartas que circulan por el mundo con lentitud e incertidumbre, a menudo perdidas, siempre retrasadas, tantas veces cruzándose sobre el Atlántico como gaviotas desgraciadas. Me encanta contemplar también como la correspondencia, densa, intensa en sus primeros años, se va esponjando a cuando los amigos coinciden con cada vez más frecuencia en Buenos Aires y por fin los dos en París.
     Pero lo que más me emocionó fue asistir al nacimiento de los cronopios, y saber que la posesión de un caleidoscopio a disposición de las visitas me cualifica para ingresar en el selecto club de los dibujos fuera del margen y los poemas sin rimas.


Geopolítica

 
A mí esto de la geopolítica siempre me sonó a cosa rancia, de oficiales de estado mayor con bigotones y analistas con culos de vasos en los despachos del Circle. Pero imagino que tiene algo que ver con que no estamos tan lejos de los otros como a veces creemos. Yo, en estos días, me siento dolorosamente cerca de esos palestinos invadidos por enésima vez y masacrados, pero algo también de los israelíes que creen que preparar la guerra es el único camino para la paz.
    También recuerdo que la entrada de los EE.UU. en la Gran Guerra de cuyo final hace ahora 100 años se produjo con la excusa de las muertes de inocentes pasajeros en un buque comercial, el Lusitania. Como los casi 400 inocentes del MH17 (ya no ponen nombres como los de antes)  a los que alcanzó un misil de una guerra ajena sobre el cielo de Ucrania. Y me pregunto si no estaremos en vísperas de algún cataclismo grande.
    Mientras tanto, los dioses siguen sonriendo caprichosamente a algunos de sus súbditos.

© foto: Vintag

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