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Los hijos de Peter Pan

  

Como si Peter Pan y Campanilla se hubieran casado finalmente, y hubieran sido capaces de tener seis hijos que te los llevarías a casa, y los hubieran criado en el País de Nunca Jamás como buenos salvajes o mejor, una mezcla de agogé espartana y ágora ateniense. Todo muy literario, la verdad, pero conmovedor a la vez. Hacía tiempo que no me gustaba tanto una peli.

© foto:

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Magazines




   Las sorpresas que se encuentra uno en internet: google books guarda la colección completa de Life magazine. Y los anuncios son fascinantes.

© foto: Life Magazine (Oct. 1952)

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Dos patitos

   Dos patos se han instalado a vivir en mi mirador, entre los verdes carnosos de plectranthus thunbergii, las afiladas lanzas de la drácena marginata, el fulgor bético de epipremnum aureum y un puñado de plantas crasas sin nombre, de lantanas aún sin flor y de orquideas que ya nunca las darán.
Dicho en latín todo suena más exuberante, hasta mis modestas plantas del dinero, las drácenas que amarillean juiciosamente y el poto más a prueba de bombas que he conocido.
   Con todo, lo de los patos no me dirán que no es sorprendente.

© foto: Carol Romero

Silencio (2)

 


Supongo que algo parecido pasa con este blogo.
© foto: Sari Denisse

Silencio

 

    De un tiempo a esta parte me encuentro mucho más callado de lo que solía. Podría pasarme conversaciones enteras sin encontrar el momento de echar mi cuarto a espadas, no tanto por falta de ganas, sino por falta de algo que decir.
   Parece mentira. Años tratando de colarse en el centro las conversaciones, empleando toda clase de malas artes retóricas --de la burla al llanto, pasando por la estridencia--, buscando un hueco en el diálogo para dejar caer ingeniosidades, camuflando ignorancias, sacando inmerecido brillo a las cuatro coas que uno sabía. Y ahora podría dejar pasar las horas escuchando con atención, no siempre con interés eso sí, lo que dicen otros. Mejor cuanto más otros y más disconforme estoy con lo que dicen.
   Y pienso en la mucha gente callada que he conocido, inspirado  a veces de cierta lástima inmerecida, y en cómo se vuelven las tornas.
   No digo más, porque apenas se me ocurre más que decir.

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Ciclos



Me devano los sesos buscando respuestas a estos ciclos de ánimo que me persiguen desde hace tantos años. ¿cuánto duran? ¿de dónde vienen? y sobre todo ¿cómo salir de ellos?
  Uno pensaría que la familiaridad con los vaivenes ayuda a mitigar su hondura pero....no, no lo hace.
  Los fármacos funcionan, pero sólo hasta cierto punto.
  El ánimo de quienes te rodean lo vuelve todo más tolerable. Pero tampoco proporciona el alivio necesario.
  Así que ahora me hago otras preguntas: ¿hasta cuándo? ¿irá a más? ¿hay realmente salida?

  Se deduce, obviamente, que estoy en la sima honda del vaivén.

  Pero saldré, no se inquieten. Ya he estado aquí. Conozco el camino.

© foto:

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Notas de un viaje a Guinea (4)


   Me da por pensar en las cosas que de este lugar no le gustarían a R. ,  que imagino que es una forma de anotar las que a mí me molestan. Y sale una pequeña lista sólo de aquellas relacionadas con el agua:


  • las goteras que chorrean --literalmente-- sobre la biblioteca donde trabajamos. Parece que algún genio decidió que era necesario hacer obra en el tejado, retirando toda la cubierta del edificio en plena temporada de lluvia; 
  • la mezcla de agua y polvo no es lo que mejor les ha sentado a los libros, que apestan a lo que quiera que apeste tres pasos antes de empezar la podredumbre;
  • tener que estar pendiente de beberla siempre embotellada;
  • usar un cubo mugriento como sustituto de la inoperante cisterna del water; el agua se carga de un bidón lleno de agua de lluvia, porque no hay traída en el edificio;
  • el water en sí mismo (con la paradoja correspondiente ¿water no significaba agua?);
  • los charcos de los que es casi imposible librarse en la calle.

Aguas de Bata.


© foto: Will Sands

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