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Endogamia

   La revista Rolling Stone publica en  la lista de las mejores 500 canciones de todos los tiempos.

#1. Like a rolling stone.  Bob Dylan
#2. Satisfactions. The Rolling Stones

Hay que esperar al número tres para encontrar a alguien (imagine quién) que no es de la familia.
Luego hablan de endogamia.

Por cierto: greetings, Mr. Dylan!


© foto: Ken Regan

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Dientes

 

A mis cincuenta y tantos, una higienista bucal dedica diez minutos a enseñarme a cepillarme debidamente los dientes.

   Me pregunto qué más cosas habré estado haciendo mal hasta ahora.
foto: Shorpy.com

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Mujeres libres




"Fulanita es desde ayer oficialmente una mujer libre".

  En la jerga de la información "rosa", durante años esta frase aludía metafóricamente a un divorcio.

  Hoy, sin embargo, es literal: Fulanita acaba de cumplir su condena de cárcel íntegra.

  Cómo ha cambiado el cuento.

 

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El gran dictador



  El 15 de de octubre se cumplieron 40 años del estreno en España de El gran dictador, del mucho más grande Charles Chaplin. Recuerdo años antes de aquello haber visto fotogramas de la película en las enciclopedias de cine de la biblioteca paterna; imágenes que se clavaban en la retina, sobre todo las del delirante baile del dictador Hynkel en aquel descomunal despecho con un globo terráqueo que sorprendentemente acababa flotando. Recuerdo haber preguntado por la película con edad suficiente como para obtener una respuesta: no había pasado por censura.


   Ya entonces había visto bastantes películas de Chaplin, un ciclo entero, si no me equivoco, y otro de Buster Keaton, aparte de una buena colección de cortos de El gordo y el flaco que ponían con frecuencia en la televisión. No entendía gran cosa de la prohibición, porque para mi Charlot era sencillamente un cómico, y bastante blanco, a decir verdad. Pero acostumbrado a los sinsentidos  del "régimen", como a menudo se le llamaba en aquella época, no le di más importancia.

   Luego, casi un año después de muerto nuestro propio pequeño dictador, estrenaron la película. Recuerdo que llenó los cines, y recuerdo también a mi profesor de historia, aun en el colegio, recomendarnos efusivamente que fuéramos a verla. Creo recordar incluso el cine al que acudí --una sala nueva, se me va el nombre, en medio de Azca--, y estoy seguro también de que fui con mi madre, que me acompañó, porque aun no tenía la edad para verla sólo.
  De la película recuerdo muchas cosas: el baile del globo, claro, y la descascarillante entrevista entre Hynkel y Napaloni, aparte de las escenas de fuga en la barbería del ghetto, la música empalagosa... Pero sobre todo recuerdo el discurso final de Chaplin, un llamamiento a la paz y a la democracia que se escribió en 1940 para nos llegaba a nosotros casi cuarenta años después. La sala rompió a aplaudir, como al parecer ocurría casi en cada sesión. No me extrañaría que se me hubieran saltado las lágrimas --¿recuerdan el final del discurso, ya no sobre el plano de Chaplin sino de Hannah? Nosotros aun estábamos esperando que se cumpliera aquel sueño.

   No he vuelto a ver la película, aunque estoy seguro de que aguantará bien o casi.
Incluido ese discurso.  Aquí no somos mucho de aniversarios, pero este podría venir al caso.



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La frase del mes

 


Se piensa y se escribe, poesía o lo que sea, a la vez por efusión --como el pino segrega la resina-- y por reacción --como la ostra segrega la perla-- y siempre el temperamento individual se inclina a una vertiente o la otra.




Jaime Gil de Biedma, Carta a Carlos Bousoño, Noviembre de 1956


© foto: César Malet

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Tres veces Sócrates




     Estaba retocando una entrada que recogía tres encuentros improbables en un mismo día con un mismo filósofo, el Sócrates de ahí arriba, en tres contextos muy distintos: una gracieta de wasap, una diatriba supuestamente jocosa en La flaqueza del bolchevique (libro con más trampas que el ayuntamiento de Estepona) y un paralelismo de los que dan que pensar en una novela que no llegará a venderse como la de Silva, aun mereciéndolo mucho más --El impresor de Venecia, de Javier Azpeitia.  Retocaba la entrada y en un abrir y cerrar de blogger saltó por los aires y perdí el borrador,  la cita primera y la imagen que lo ilustraba.

    Tal vez porque es agosto, y me manda la pereza, o tal vez porque cada vez creo menos en las casualidades, decido dejar que la selección natural obre su curso, y renuncio a reescribir el texto original (si es que la originalidad pinta algo en estas ocurrencias). Y les dejo a secas con la cita de Azpeitia, capaz de escribir una novela sobre el siglo XVI en la que en realidad se reflexiona, mucho y bien, sobre el oficio de editar en los tiempos de internet. Aquí va la cita.

Quizá era eso lo que temía Sócrates en su tiempo, tan parecido a este, en que la escritura destruyó la inmensa obra oral del hombre, el legado que conectaba el entendimiento de cada hombre con el de sus ancestros de manera indisoluble. Ese legado es ahora material, y se está diluyendo en la nada. Hay tantos libros que son inabarcables. Ilegibles.

  Curiosamente, la misma frase --esa última-- que elige el critico de El País para cerrar su reseña. Qué cosas.


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Ferrante (y IV)


   La amiga estupenda de Elena Ferrante,  ambos sin inclinan sin dudar por Lina. Y es verdad que es el personaje más rico, con más aristas, más valiente (¡esa cheira en el cuello de  Michele Solara!),  más inteligente, más honesto y también más desgraciado... Vale, pero hay algo en Lina que me desagrada, y tiene que ver con unos estilos muy meridionales de mujer mandona, de rompe y rasga y poca amiga de matices. Lenù por su parte, es un amor, pero le falta cuajo.  Así que pensaba que, paradójicamente, mis personajes favoritos son masculinos y episódicos en esta historia: curiosamente, cada uno de ellos al lado de una de ellas. Enzo Scanno, el hombre cabal, que se viste por los pies, y se convierte en el apoyo casi incondicional de Lina en sus tiempos más turbulentos. Y, junto a Lenù, su marido, Pietro Airota, hombre éste de libros y de ideas, pero también honesto y leal.
Hablando con un amigo, y con la traductora, de nuestro personaje favorito de la novela, ambos se tiraron a muerte por Lina. Y sin embargo...

    Supongo que hasta las novelas de mujeres pueden tener una lectura para hombres.


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