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Itinerarios



Sacks me llevó a Auden, y la casualidad quiso que encontrara, en estos tiempos precisamente, precisamente estos versos.


Say this city has ten million souls,
Some are living in mansions, some are living in holes:
Yet there's no place for us, my dear, yet there's no place for us.

Once we had a country and we thought it fair,
Look in the atlas and you'll find it there:
We cannot go there now, my dear, we cannot go there now.

In the village churchyard there grows an old yew,
Every spring it blossoms anew:
Old passports can't do that, my dear, old passports can't do that.

The consul banged the table and said,
"If you've got no passport you're officially dead":
But we are still alive, my dear, but we are still alive.

Went to a committee; they offered me a chair;
Asked me politely to return next year:
But where shall we go to-day, my dear, but where shall we go to-day?

Came to a public meeting; the speaker got up and said;
"If we let them in, they will steal our daily bread":
He was talking of you and me, my dear, he was talking of you and me.

Thought I heard the thunder rumbling in the sky;
It was Hitler over Europe, saying, "They must die":
O we were in his mind, my dear, O we were in his mind.

Saw a poodle in a jacket fastened with a pin,
Saw a door opened and a cat let in:
But they weren't German Jews, my dear, but they weren't German Jews.

Went down the harbour and stood upon the quay,
Saw the fish swimming as if they were free:
Only ten feet away, my dear, only ten feet away.

Walked through a wood, saw the birds in the trees;
They had no politicians and sang at their ease:
They weren't the human race, my dear, they weren't the human race.

Dreamed I saw a building with a thousand floors,
A thousand windows and a thousand doors:
Not one of them was ours, my dear, not one of them was ours.

Stood on a great plain in the falling snow;
Ten thousand soldiers marched to and fro:
Looking for you and me, my dear, looking for you and me.

                                                         WH Auden

Se llama Refugee Blues, y hace el número 45 de mi edición de los Selected Poems. Y si no los han leido no es fácil  imaginar lo verdaderamente selectos que son.



© foto:

Ferrante (III)

   
En la serie (¿saga?) de La amiga estupenda,  el ritmo tiene sus razones que la razón ignora. Tras terminar el primer volumen, donde se narran con minucia apenas cuatro o cinco años de la infancia de las dos amigas, no puedes evitar pensar que, a este paso, cuando acabe la cuarta novela apenas habrán cumplido los treinta. Que tampoco pasaría nada. Pero luego el ritmo se arrastra y se alarga en progresión no muy constante, hasta llegar a una última entrega donde se despachan casi treinta años de vida intensa (los de las otras tres novelas) en casi las mismas páginas.
    Supongo que, si funciona, no es importante. Pero de hecho es uno de esos casos en los que uno puede darse cuenta de la importancia de los tempos en la narración. Como en el final atropellado de El rojo y el negro, uno puede empezar rezongando de la morosidad de la primera entrega y acabar irritado por la falta de detalle con la que se nos narran hechos dramáticos en las siguientes.
    Lejos de molestarme, esta gestión del calendario evoca para mi la de la vida misma, con sus épocas de exaltación y sus remansos de calma. Como en aquella descripción de la guerra: semanas de aburrimiento punteadas de súbitos estallidos de pánico.
    La vida. Supongo que de eso va.


© foto:  Ferdinando Scianna

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Ferrante (II)



   En la serie de La amiga estupendaElena Ferrante,  las dos protagonistas, Lina y Lenù están tan unidas, en lo más íntimo, durante tanto tiempo,  a través de lazos tan sólidos como sin fondo, y sin embargo son tan distintas en carácter, trayectoria, actitud ante la vida, en lo físico y lo moral, que  a menudo se pregunta uno qué cimienta esa amistad, aparte del tiempo compartido.
   Otras veces, en cambio, las ves actuar tan al unísono --aunque suele ser Lina quien lleva la batuta-- que llegan a parecerte dos avatares de la misma divinidad. Dos caras de la misma moneda. Un Jeckyll y Hyde femenino en el Nápoles de la segunda mitad del XX.



© foto:  Ferdinando Scianna

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El macho Camacho


     Se habrán fijado ya que me estoy conteniendo para no hablar de la Eurocopa. Y no es por falta de interés, ni porque la mierda de la bitácora esta me absorba (que me absorbe). Ni siquiera porque el combinado nacional --que no es la sangría, como algunos podrían pensar, sino la Selección Española de Fútbol-- nos esté dando ración doble de lo de siempre: grandes esperanzas, psicologías frágiles y un paseo por el filo de la navaja. No.
     Tampoco me contengo porque, sea como sea  --con Raúl e Iker, con Zizou, con Figo o con Becky-- el Madrid va a ganar esta Eurocopa. No. Hay otro  motivo. Aparte de que servidora, cuando va a España, va a España, y no distingue de colores locales. En eso soy partidaria de la lealtad constitucional. Que no todo el mundo puede tener un equipo galáctico.
   No, yo, de momento, me lo estoy pasando como el KiKo con la Eurocopa, y si no les hacerles partícipes de las esperanzas que abrigo. Por no gafarlas, ya saben. Lo mismo se acuerdan lo que opino de  la suerte. Que sólo hay de la  mala.

   Pero me tendrán que reconocer que el fútbol hoy --desoyendo el angioma clásico del maestro Di Stefano: "el cuero al pasto"  -- está patas arriba. No hay quien lo entienda. Y si no, vean las declaraciones  que se marca el futuro entrenador del Real Madrid. Venían en un folleto de promoción de Portugal con la excusa de la Copa, de esos que te colocan en el periódico y que sólo leemos  los que tenemos la espera entre los pluses del oficio. Ya saben, seguratas, pesetas, porteros de fincas urbanas y funcionarios en general.

   Entre la ensaimada de  tópicos de siempre --el fútbol, la suerte y el trabajo,  los triunfos y demás--  deja caer  cositas como éstas.

-- Hemos de tener en cuenta que el fútbol portugués está muy influenciado por la economía.

-- Las personas pierden su empleo y son incapaces de manifestarse, pero cuando pierde su equipo, son capaces de matar.

O la que acabó de matarme  mí:

-- A través del fútbol observamos cómo se mueve la sociedad. El fútbol es tan popular que podría decirse que es el opio del pueblo.


Valdano, chaval: ¿tú estás seguro de que no te has equivocado de Camacho?

(Este texto, con esta gif animado, se publicó en el que fue mi primer blog, hacia junio de 2004, en vísperas de quedar eliminados en otra de esas eurocopas anteriores al advenimiento del genio Aragonés. Conserva cierta actualidad, y me hizo gracia comprobar que dos de los personajes citados --Kiko y el propio Camacho-- siguen ligados a la competición, ahora como comentaristas. Y también que el gif funciona).
© foto: EmeHache

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Trailer



Muy pronto, en los mejores salones, Georg Grosz.

   Ahí lo dejo.



© foto: G.Grosz

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Ferrante


   Este invierno dediqué unas semanas a devorar la tetralogía de Elena Ferrante, La amiga estupenda. Me gustó tanto oír hablar de ella a su traductora, Celia Filipetto, que no pude resistir la tentación de regalársela a R., con la confesa intención de leerla en cuanto ella le hubiera hincado el diente. Disfruté mucho de la lectura, desde esa pequeña monografía sobre la amistad de las niñas, hasta el epílogo brutal cuando la vida se ha encargado de baquetearlas lo que se han dejado. Con todo, no consigo dejar de sacar una lección optimista, que habla de las cosas buenas que esperan a quienes toman las riendas de su vida con valentía y es capaz de ofrecer lo mejor que tiene.
   Solo es una, claro, hay más lecturas, en una serie donde todos los personajes --no solo las dos protagonistas-- mutan, envejecen, viran, se degradan o se ensalzan. Unas novelas llenas de un dominio magistral de la intriga, y el sentido del suspense, que alcanzan incluso a la personalidad de su autora, envuelta por voluntad propia en un anonimato difícil de creer en estos tiempos de postureo, pero claramente peleado.

   Pero no consigo sacudirme la duda que me invade casi desde que empecé a leer. ¿Estamos ante un best-seller particularmente afortunado o ante una muestra de "alta" literatura? La verdad, no sé muy bien po qué me preocupa: imagino que tiene que ver con la impresión de que mi lista de lecturas posibles se acorta cada día, por lo que  no quiero perder el tiempo con literaturas de tono menor. Una idiotez, ya ven. Pero tuve el cuajo de pedirle opinión a la Filipetto, para quien la cosa no ofrecía dudas: Ferrante es gran literatura, y pasará la prueba de las décadas.
 
    Y como seguramente no estaremos aquí para comprobarlo, lo dejo escrito por si alguien ya tiene la respuesta allá por las postrimerías del XXI.

    Por cierto, qué maravilla todas las portadas de esta serie. Las españolas y las de medio mundo.


© foto:  Ferdinando Scianna

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Espeluznante



   Buscando imágenes en San Google por "beheaded", para ilustrar el texto de abajo, me topo con una serie espeluzante de decapitaciones, muchas de ellas grabadas en video, otras fotografiadas con detalle, tanto en el angustioso antes como en el durante y el desolador después.
   Muchas de ellas, imagino que no por casualidad, responden a las actividades  de diversas empresas y autónomos del subsector del terror en nombre de Alá. Sin permiso de Alá, también. Pero no están solos, ni son los inventores del invento.

   Y le obligan a uno a preguntarse por las profundidades de la crueldad y la maldad humanas. Por que no parece haber nada de inhumano en esta profusión de sangre derramada y cuellos rebanados. Con las agravantes de publicidad, saña y chulería.

    En días como estos, no sé si me pesa tanto el calentamiento global.

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