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Remoquetes

      En la distribución universal de apodos de monarcas,  España no ha salido muy bien parada. España y  los reinos que componían lo que hoy llamamos España, con todo y selección nacional de fútbol.  Rusia, sin duda, ha sido de las más favorecidas, pues no sólo tienen a  Pedro el Grande, sino también a una Catalina con el mismo apodo. A cambio, claro, les tocó cargar con Iván el Terrible.  Prusia, por no ser menos, tuvo a su Federico II el Grande. ¿Qué decir de Alejandro, que a fuer de grande era Magno? Francia y Alemania comparten a Carlomagno, al que le venía de familia, pues su madre era Berta la de los Grandes Pies (aunque era Breve por parte de padre).

   

       Y en España ¿qué?  Vale, en Castilla tenemos un Alfonso X que fue Sabio. Pero también  un Enrique el de las Mercedes (que no tienen nada que ver con la conocida marca  de furgonetas).  En Aragón casí peor: un Pedro el Ceremonioso (no es como para presumir, me parece a mí).  Y para colmo, y no es por molestar, en Cataluña lo de Wifredo el Velloso. En Guifré el Pilós.

     Pero es que cuando se unifican más o menos las coronas ¿qué tenemos? A Juana la Loca. Luego un rey Prduente (venga, vale ¿acaso el resto eran imprudentes?). Y cierra la dinastía Habsburgo --y la lista de remoquetes hasta hoy--, Carlos II el Hechizado. Por no llamarle raquítico, enfermizo y de corta inteligencia, además de impotente (como hace la wikipedia).

     Así, me parece a mi, no hay forma humana de construir una historia patria digna de tal nombre.



 Por cierto ¿por qué será que últimamente los monarcas ya no tienen remoquete? Sólo nombre y número de serie.




Muy adentro

Foto Oscar Amestoy
   Por fin encontré la ocasión --el momento, pero también el estado de ánimo-- para acercarme a ver Mar adentro.
  No jugaré a la intriga: la película me encantó. Disipados los primeros temores, me acomodé en un rincón de esa casa de la Galicia de playa y tojo que tanto siento como propia, para  asistir a la lucha de Ramón Sampedro por vivir sólo cómo él creyó que debía vivir. El lugar quedó inundado de lágrimas, pero no de tristeza. Al contrario, nacían  de la pureza e intensidad de los sentimientos que, con valentía pero sin trampas,  Amenábar nos va mostrando.
   Me gustaron muchas cosas de una película que huye de la belleza visual. Los actores, todos, y casi más las actrices. Me gustó que no hablara de la eutanasia, ni de la tetraplejia, sino sólo de un personaje que antes fue una persona. Por eso decía que habla de la vida como Sampedro creía que debía  vivirla. La suya, no la vida en general.

    Salí del cine pensando que en realidad Mar adentro no nos habla de la muerte, sino sobre todo del amor. De muchos tipos de amor, a la medida  de personas muy distintas. El más conmovedor, el amor de Manuela, la cuñada, por Ramón. Pero también el del hermano. Y el amor que el marinero cuida de que no se marchite entre Javier y su abuelo. El amor de esos abogados, el de Rosa la de Boiro, que crece con el tiempo. El amor que Ramón se siente incapaz de dar como es debido a Julia.
   Ya sé que esto suena a pastel. Cambiad amor por afecto, o cariño, si os molesta la palabra. Pero a mí me dio que iba de eso. Será que siempre ando dándole vueltas a lo mismo.

Renau


   Ahora que cualquier indocumentado --yo mismo, sin ir más lejos--  puede tirar de fotoshop y creerse un sietemachos del retoque de imágenes, no está de más recordar que el talento  dista mucho de estar distribuido equitativamente.
    Josep Renau se quedó con una buena porción en el reparto. Sus carteles y fotomontajes, deslumbrantes en su momento, rezuman aún hoy  equilibrio, belleza, ironia y potencia.  Como los verdaderos clásicos, podrían sin despeinarse pasar por modernos. Y al mismo tiempo nunca dejaron de estar al servicio de las ideas comunistas de un artista militante.

   Desde los carteles de la guerra de España hasta la vitriólica serie American Way of Life (1977) , Renau derrocha un talento que echa uno de menos en tanto arte  del día. El talento que conjuga la maestría técnica, el rigor expresivo y la exigencia estética. 

    Ahora que cualquier indocumentado  --yo mismo, sin ir más lejos-- puede tirar del saber social acumulado en  un puñado de páginas web --libros, artículos, bitácoras, exposiciones-- para contaros maravillas sobre Josep Renau, prefiero limitarme a aprovechar la excusa del Catálogo razonado recién editado por el IVAM para colgar una de sus fotomontajes y contaros lo mucho que me gusta.





Culpa



La culpa es un marrón con nombre de mujer. Algo que sólo debería tener cabida en el código penal.

Y dado que suele haber sobreproducción, mejor que se la coman otros.



Fotografía: Luis Delgado





Palabras petardas



       El idioma es un campo de minas. Algunas palabras vienen de fábrica con tal carga explosiva --amor, tristeza, naufragio-- que  deberían caer sólo en manos  expertas.  Otras muchas son como petardos, que explotan entre los resquicios de la lógica, invitando a la duda. No  es fácil distiguirlas a simple vista, semienterradas como están bajo el mantillo de letras convencionales e insignificantes.
     Como parte de mis deberes para el Carné de Manipulador de Palabras, les dejo aquí un puñado. Corresponden a verbos de movimiento.


Ascensor: contradicción en movimiento descendente.
Cuenta corriente: y moliente.
Salteadores: bandidos con el baile de San Vito.
Corredor: ¿hay algo más inmóvil que un pasillo?
Penetrar: ¿ qué? ¿Otra vez pensando en lo único?

     






Despacho II

    Clavado con una chincheta sobre un corcho, hay un billete arrugado. Mil de las antiguas pesetas, de cuando las pesetas no eran antiguas.  En el espacio en blanco bajo la firma del gobernador Rojo, lejos de la mirada de Hernán Cortés, hay unos números escritos a mano. Son  números de teléfono, más largos que los habituales.

     No sabría decir de quién, pero en aquel momento eran tan importantes que los anoté en el único papel que tenía a mano. Eran la llave para obtener noticias de alguien que estaba tal vez al borde de la muerte y con seguridad al otro lado del mundo. Recuerdo perfectamente la cabina desde la que hice las llamadas, las interferencias, la tibieza de la noche, la cena que se enfriaba  mientras recababa unos datos que se habían escurrido a lo largo de un largo día. Recuerdo la angustia de las horas que siguieron. De muchas horas.  La culpa, tambien, por no  dejarlo todo y volar al otro lado del mundo. El rostro de ella, sobre todo. Su desolación sin fondo.

   Recuerdo unas cuantas cosas más que ahora apenas tienen importancia.
   Como el billete, carecen ya de curso legal.

Miedo





    Intento educar a mis hijos lejos del miedo. Trato de insuflarles valor ante los temores que les atenazan --más fruto de su imaginación que de su entorno. Quiero creer que les transmito seguridad, en sí mismos y hacia lo que les rodea. Con ello, pienso, les brindo herramientas para hacer frente a  lo que se les ponga por delante.

    Sin embargo, reconozco que el miedo entraña ventajas. De charla una noche de estas, alimentando confidencias, salió a pasear el tema de las drogas, de nuestras historias con las drogas.  Aunque de distintas edades y trayectorias,  todos las habíamos tenido cerca, todos teníamos amigos de juventud chupados por el sumidero del jaco, la farlopa o las pastillas; todos las  habíamos probado. Pero varios de nosotros coincidíamos en que fue el miedo --no la falta de curiosidad, ni de oportunidades, ni de apetencia-- lo que nos había mantenido a salvo del consumo habitual.

    Desde entonces me pregunto si no deberiamos también vacunar con alguna dosis de miedo a nuestros hijos.







La frase del mes





No es necesario llegar a viejo para descubrir que la felicidad es un barco que vemos pasar a lo lejos



Guillermo Orsi, Sueños de perro,  2004














Intimidades


   Durante meses, estuve recibiendo en mi buzón de correo electrónico mensajes que me proponían comprar cosas como ésta. Me preguntaba cuál de mis antiguas amantes habría ido con el cuento por esas lejanas tierras de América de donde me llegaban tan fabulosas ofertas. No eran tantas, y por lo que sabía, ninguna había emigrado a los States.
   Luego, también comenzaron a llegar remites como éste. La cosa era más grave, puesto que el chivatazo sólo lo podía haber dado una mujer: la mía. El problema, aunque soluble, era reciente y  sobrevenido, y ninguna de las antiguas podía tener queja al respecto. Empecé a mirar a mi esposa con suspicacia, aunque me resultaba difícil de creer que fuera ella el origen  del chivatazo. Al fin y al cabo, apenas habla un inglés de apache en película de John Wayne.
   Pero la gota  que colmó el vaso lllegó cuando el buzón empezó a recoger estas ofertas.
   Ahora sí que me he cabreado.
   Voy a averiguar quién se está yendo de la lengua.
   Y me las va a pagar todas juntas.
   Palabra.



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Botánica recreativa



     Las amistades, dicen algunos, son como las plantas, que necesitan cuidados y riego constantes para no marchitar. Bonito símil el de la amistad como planta . Pero ¿qué tipo de planta?: hay amistades devoradoras como fores carnívoras, otras trepadoras como la hiedra que se  aupa sin casi sentir hasta que te cubren por entero; amigos cactus que aguantan años sin agua, pero siguen ahí como el primer día. Especies sin flor y plantas de interior. Tal vez haya  llegado el momento de que alguien aborde una botánica de las amistades.
    Habría que comenzar por el riego. Si es cierto que las amistades hay que regarlas, la duda es ¿con qué? Sólo se me ocurre una respuesta: hablar. Ese es el agua que requiere la amistad para medrar; en la conversación circulan disueltos los nutrientes --confidencias, guiños, risas, noticias-- que alimentan el crecimiento.  Pero también hay mucho estilos de riego. Hay quien apuesta por una comida esporádica, un SMS al día (eso es como riego por goteo), o incluso una carta circular (muy industrial, como el aspersor). La anegación, practicada por culturas milenarias y que aún hoy puede verse en los naranjales, sería algo así como la inmersión profunda, a tiempo completo y en situación extrema, como la que puede depararnos un viaje.

     Personalmente, pienso que nada iguala una cervecita cara a cara. Con pocos testigos.Es mi versión de la regadera de toda la vida.

Mapa de la vida II









¿Sabes lo que es un
walkthrough?  Un "no" significa que has conseguido hurtarte --hasta ahora-- a uno de los más potentes adictivos que ha parido el hombre:  los videojuegos de acción o aventura,  tipo Tomb Raider o Resident Evil. La acción en estos juegos se desenvuelve en una serie de niveles (escenarios o etapas), a los que el personaje --o sea, tú mismo-- sólo puede acceder tras realizar determinadas acciones, recopilar objetos y superar obstáculos. Pues bien, un walkthrough (recorrido) es una descripción detallada de todos los pasos que han de darse para superar un determinado nivel. Nos indican  los puntos débiles de los enemigos que acechan, los objetos que debemos recoger,  la solución a los jeroglíficos o enigmas, la ubicación de las trampas, los abismos que no se distinguen y los mapas de los laberintos.  Todo lo necesario para salir con bien de cada etapa.


    A veces, sólo a veces,  pienso que ojalá la vida , sí, la vida ésta que nos ha tocado, la de cada uno,  viniera acompañada de un walkthrough.
lara