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     Hay frases hechas de uso tan amplio que acaban perdiendo significado: "espectáculo dantesco" se aplica a tal gama de visiones nada infernales en boca de quienes su vida han leído al Dante que acaban por sonar a mero ruido en los oídos de quienes no hemos leído a Alligheri. Otras, en cambio, tienen un uso tan restringido que evocan de inmediato un contexto. "Al volante de su propio vehículo" sabe a familia real; rara vez la vemos aludir a otro tipo de personajes. Hace años, una carta al director de El País sugería que se abandonara la expresión, pues de su literalidad sólo podía deducirse una cosa: que nuestros monarcas y allegados tenían como costumbre conducir vehículos ajenos.

     Lo mismo es lo que le pasa a Urdangarín, que perdió la costumbre de conducir su propio vehículo.

© foto:

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El Gran Ike


    Primero conocí al Ike de internet (esto es lo que queda en el éter), inteligente, ácido, siempre empapado de humanidad, expansivo y amable, y con un talento que se le salía por las orejas. Los que andábamos de aprendices de blogueros perdíamos el culo porque nos sacara en una de aquellas viñetas suyas en las que caricaturizaba a sus "contactos" pre-facebook.
    Luego tuve la enorme suerte de coincidir con Enrique en una excursión a Coruña, compartir una tarde deliciosa y un poco absurda y cimentar una relación lejana pero ya cordial para siempre: como nuestra común amiga Nuala, siempre pensamos que estas relaciones de red son sólo humo hasta que somos capaces de reunirnos delante de unas cañas. La química de la cerveza funcionó, y fui siguiéndole luego en sus desapariciones y cambios de humor, tratando de animarle como mejor supe cuando la mala suerte se cebaba (una vez más) con él. Pidiéndole favores a los que nunca se resistió ni un poco, por intempestivos que fueran.
    Por eso la noticia de su muerte, que me llega de rebote con un timbrazo inesperado de la Pajarraca, en esta temporada que ando escondido en los pliegues de las redes, cae como un mazazo.
    Era un grandísimo tipo. Con un grandísimo talento.
     Aún no puedo creerlo. Aún no sé cómo lamentarlo. Sólo sé que será muy hondo.

© foto: Ike Janacek

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