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Adoptar




    Alguna vez, más medio en serio que medio en broma, he dicho que si a los padres por vía biológica les sometieran a la décima parte de los filtros que se exigen a los padres adoptivos tendríamos muy serios problemas de natalidad. Pero muchos menos problemas de crianza.
     Y sin embargo, a veces (más de lo que parece, según nos cuentan), las adopciones desembocan en fracaso. Hasta el punto de que hay quien se plantea "devolver" al niño tan deseado, por el que se pasó una ordalía de trámites y a menudo de corruptelas. Hasta el punto de que hay quien lo hace, o mejor dicho, quien renuncia a la tutela en favor de las instituciones de intervención social.
   Soy consciente --¿quién no ha  sido testigo de ello?-- del caudal enorme de ilusión, sentimiento, esperanza y afecto que se hace presente en un proceso de adopción. Sin él, seguramente, nadie aceptaría atravesar ese océano de papeles y papelazos, rendir cuentas hasta la minucia a completos extraños, exponerse al escrutinio y al juicio.
   Y sin embargo, a veces todo ese caudal,  que es añadido al que parece venir de fábrica con el simple deseo de la paternidad, que aquí debe ratificarse, reiterarse, re-jurarse y reivindicarse una y otra vez...a veces fracasa.
    No consigo imaginar cuál es el desgarro detrás de cada una de esas historias.

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