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Versos






   En los días del encierro recibí una de esas cadenas postales (recuerdo una de niño, con una peseta pegada con un celo dentro) que nos piden que escribamos a 20 personas y les pidamos algo. En este caso, teníamos que pedirle sus versos preferidos, especialmente si tenían relación con el maldito bicho y sus circunstancias.
   El caso es que, contra mi criterio habitual, me sumé a la cadena, convencido del poder curativo de los versos, y más si son el regalo de un desconocido. Pero luego --cada loco con su tema-- no pude evitar reflexionar sobre los que me fueron llegando. Y cuando digo reflexionar digo hacer números.
Y descubrí algunas cosas curiosas.


  •  Amor a la poesía: aunque se podían enviar fragmentos de prosa, citas o cualquier otro tipo de pieza, la gran mayoría de lo que recibí (32 de 37) eran piezas de poesía (contando como tal tres canciones). Prosa, en cambio, sólo cinco items.
  •   La poesía tiene género (masculino): la gran mayoría de lo que recibí tenía un varón como autor ( 30 de 37 ) pese a que la mayoría de los remitentes eran mujeres (21, frente a 16 varones).
  •   La poesía tiene idioma: la gran mayoría de lo que recibí tenía un autor que escribía en español (incluyendo varios autores latinoamericanos): 26 en castellano, frente a 11 en otras lenguas. Perdón, 26 de autor español/latinoamericano, porque incluyo ahí 3 versos en catalán y uno en galego (mal hecho, pero de alguna forma hay que agrupar). Está claro que a la hora de apelar al lector de poesía que llevamos dentro, preferimos que nos lo hagan en nuestro idioma. De hecho, uno de los poemas citados en polaco venía remitido ¡por una polaca!
  •   Hubo un autor que se repitió 6 veces (de hecho, uno de los poemas llegó por duplicado, y era suyo), pero también una poeta que repitió tres veces. ¿Se atreven a adivinar los nombres?
  •    En el resto, variedad, aunque predomina lo contemporáneo, sobre lo clásico (sólo un Shakespeare).


   El poema que llegó repetido lo subiré otro día.
   Salud y poesía para tod@s.
 
© foto: Joan Brossa

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Reciclaje (reloaded)



    Ya sé que puede haber niños ahí fuera a estas horas. Pero la duda me corroe. Los condones usados ¿van al cubo de lo orgánico o al de envases?

© foto: Craig Mod


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Las siete soledades de Lorsa Lopez



--Los colores del deseo no engañan a nadie.
--Debes de estar equivocada, Anna Maria- había dicho Nelanda. - Paolo Cerbante no es un funcionario de las enaguas.
-- Todos los hombres son iguales, comadre; en voz alta o en voz baja, a todos les gustan las mujeres hermosas.


Sony Lab'ou Tansi (1987): Las siete soledades de Lorsa López , Barcelona, Muchnik Editores


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Funcionarios (de las enaguas)





     --Los colores del deseo no engañan a nadie.
     --Debes de estar equivocada, Anna Maria- había dicho Nelanda. - Paolo Cerbante no es un funcionario de las enaguas.
     -- Todos los hombres son iguales, comadre; en voz alta o en voz baja, a todos les gustan las mujeres hermosas.

     Sony Labou Tansi (1987): Las siete soledades de Lorsa López , Barcelona, Muchnik Editores

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Reciclaje


    Ya sé que puede haber niños ahí fuera a estas horas. Pero la duda me corroe. Los condones usados ¿van al cubo de lo orgánico o al de envases?

© foto: Craig Mod

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Dudas



    ¿Qué sentir por aquella a quién un día amé tanto?



© foto: Mathew Fang

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Nihil novum


Encontré ésto por ahí. Y me recordó algo que escribí hace tiempo.

Felices fiestas a tod@s.

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Independencia de las infantas



Aunque la Constitución establece la prioridad del varón sobre la mujer, está prevista una reforma de la Carta Magna con el fin de que el primogénito sea el Heredero, independientemente de su sexo. (1)




Yo procuro no hacer nada independientemente de mi sexo.
Aunque también procuro no hacerlo todo dependientemente de mi sexo.

El género, dentro, por la calor.

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Tabaquismo







A veces, cuando aprieta más, me entran ganas de fumar un pitillo.


    Sólo por recordar el sabor de tus besos.

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Favores




Escuché decir que alguien había solicitado "favores sexuales" (normalmente a cambio de algo) y caí en la cuenta de que rara vez he pedido el sexo por favor.



   ¿Será un signo de mala educación?

  
   Vaya.



   O tal vez explique algunas cosas.

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Clasificados










   No es la primera vez que reflexiono sobre las cuestiones del género de los blogos. No, no me refiero a si son masculinos o femeninos, sino al género literario. Poco que ver con el diario íntimo --publicidad e intimidad son radicalmente incompatibles, diga lo que diga la bióloga Ana Obregón--, casi nada en común  con el periodismo, salvo contadas excepciones, y sólo ocasionalmente con la ficción literaria. Como deberían saber, una porción nada desdeñable de lo que rula por Internet tiene que ver, directa y descarnadamente, con el sexo y sus magnesias. También es conocido el dictum  de Garcia Marquez: "Yo escribo para que me quieran más".  Y se refiere --está claro-- a más cantidad y más gente. Así que la conclusión cae por su peso: buena parte de los blogos, sobre todo los llamados personales, pertenece al género de los anuncios de contactos.
      Un género no bien estudiado, despreciado por la crítica, pero que tiene cultivadores a mansalva, y cabida en medios de lo más respetables. Como el SMS, el anuncio de contactos debe ahorrar (literalmente) palabras, pero a diferencia de éste,  debe tener punch. De lo contrario, el público deseado (o target) no sucumbiría a la tentación. Desde luego, si alguna vez me veo en la tesitura --que como todo el mundo sabe quiere decir necesidad-- de poner uno de estos anuncios, no me busquen detrás de uno como, verbigratia, éste:
Cuarentón bien parecido, universitario, de mente despejada, amante del blues, la danza contemporánea y los paseos campestres busca mujer de entre 18 y 25 con gustos similares, para amistad y algo más.

         La gran ventaja de los blogos sobre el clasificado por palabras es que por un precio nominal  ridículo --aparentemente gratis-- tiene uno a su disposición un espacio casi ilimitado en el que ir desgranando las cualidades que lo adornan,  evocaciones de infancia,  pelis que le han marcado y  rasgos que le embellecen.  Hasta colgar fotos, no necesariamente de cuerpo entero, y mejor si es de la tierna infancia.  Así, entre comentarios de actualidad y reflexiones sesudas, se van dejando caer los píxels que componen el retrato del anunciante. Luego, sólo es cuestión de dejar abiertas las ventanas de comentarios y esperar que, como libélulas al faro halógeno, se vayan acercando las pretendientes. Los correos, las quedadas y el chateo permiten rematar la faena.

        Así pues, frente al anuncio sensu stricto, el blogo personal nos otorga espacio para tejer la tela de araña y  tiempo para acechar a las víctimas. Por si fuera poco, no sólo se zafa uno del estigma de la desesperación-- ¿qué clase de gente pone estos anuncios? pero ¿quién no ha fantaseado alguna vez con ponerlos?-- sino que se adorna con el glamour de lo literario.
       Personalmente, si algún día sucumbo a la tentación, publicaría algo parecido a esto.


Si tienes estómago para aguantar a un tipo malencarado, de modales toscos, no especialmente agraciado y de vuelta de casi todo, que jamás (leelo bien: JAMAS) va a renunciar al mando a distancia, llama, y tal vez encuentres que debajo hay algo que merece la pena.








Clarke2




Excusatio non petita: Ideas Brillantes no, quede claro. Esta es una bitácora de reflexiones sesudas. Se nota por los latinajos. No obstante, interesadas, dejar  dirección de contacto en comentarios.





©   fotos Bob Carlos Clarke

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...pajas


(viene de ...esas...)


   Claro que también tienen sus inconvenientes. De lo contrario, estarámos todos como los mandriles del zoo, sacándole brillo al sable hasta llegar al hueso.
A destacar:
*calidad:  no le hago ascos a unas gulas del norte (especialmente si vienen camufladas  en un revuelto o montadas en un canapé), pero , donde esté un plato de angulas... (sopero, a poder ser).
*status: pajearse está defintivamente mal visto. Como el transporte público y el  SMS, es un recurso de pobres, ancianos  y   niños.
Lo menos que te llaman es pajillero.
*efectos secundarios: a mi me suelen dejar desconcentrado y perezoso (o sea, relajado). Como un polvo, por otra parte. Pero sin nadie cerca a quien abrazar.
*riesgo: malo es que te pillen echando un polvo en un ascensor, pero pueden estar seguros de que es mucho más vergonzoso ser sorprendido con las manos en la Masa.
*monotonía:  con el tiempo, ambas partes de tu cuerpo acaban conociéndose tan bien que se encaminan de la mano por la senda trillada, la más recta, pero ya te sabes el   paisaje de memoria. Como el sexo conyugal, casi. 
*legalidad: ahora que sólo está mal visto ¿qué morbo puede tener?


    Procede aplicar entonces los remedios que la doctrina Cosmopolitan recomienda para combatir el aburrimiento sexual. No todas, claro: no creo que a ninguna polla le haga mucha ilusión que la reciban con palitos de incienso y una cena íntima. Pero se puede trabajar la variedad.  Hay muchas modalidades por explorar: desde las tradicionales  --¿saben que la  genuina gayola consistía en introducir una paja propiamente dicha por la uretra? ¡qué dolor!--  hasta las  que nos ofrecen las ciencias de los nuevos materiales. Aunque tengo mis dudas de que eso sea, stricto sensu, una paja.
    Y, desde luego, la masturbación tambien forma parte del juego sexual en pareja (o en grupo,  si vamos a eso). Un componente con muchas posibilidades, no me cabe duda. Pero eso --ahí sí que lo tengo claro-- es otra cosa.

Así que, si les entran ganas, y las circunstancias no lo impiden, no se corten. Pero, eso sí, ya saben,,,,,O sí.

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...esas...

(viene de Quítame allá)


    Algo de historia.
Durante una parte importante de mi vida, las pajas fueron lo más parecido al sexo que tenía a mano (ya saben a qué me refiero).  Así que le daba al tema, lo reconozco. Vaya si le daba. No tanto como aquel amigo al que interrogaba una compañera ingenua pero con curiosidades de confesor:
--Lo normal, veinte o treinta al día.

    No. Eso no es normal. Ni siquiera en mi agitada -- ¿no meneada?-- adolescencia.
    Luego, a medida que me volvía sexualmente más sociable (y saciable, me temo), las pajas han seguido estando ahi, como complemento, como sucedáneo y como recurso de urgencia. Personalmente, les encuentro algunas ventajas de consideración:
*disponibilidad: no requieren grandes esfuerzos logísticos, encontrar contraparte, un lugar adecuado para el intercambio y un horario compatible. No, son los más parecido a un aquí te pillo, aquí te mato.
*variedad: con el sólo estímulo de la imaginación, unas fotos o unos videos, uno puede acceder (virtualmente, eso sí) a una gama de situaciones sexuales  impensable. Woody Allen (ya hablamos del tipo) decía que él hacía pelis para poder besar a mujeres que de otro modo no le dejarían ni arrimarse. Bien, pues la imaginación nos las pone al alcance (de la mano)  por un presupuesto muy inferior al de un corto. De cerveza.
*cultura:  en mi caso, me resulta muy estimulante la narración escrita (más que la fotográfica, mejor a su vez que la audiovisual) , así que acabé reuniendo una antología notable de pasajes sugerentes de la literatura universal. Nunca llegué a terminar ninguno de los Trópicos de Henry Miller, pero pónganme (en las manos) un ejemplar y les localizaré dos o tres extractos muy jugosos.
*seguridad: el riesgo de contraer ETSs por contagio mano-polla es francamente bajo.
*limpieza: siempre más fácil que desprenderse de un perfume, borrar las manchas de carmín y cambiar las sábanas. Un suponer.
*legalidad: ningún juez en su sano juicio (valga la redundancia)  disolvería una sociedad de gananciales por culpa de unas pajillas.


(continuará)

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Quítame allá...



    Resulta que si se le pregunta a Bill Gates por "ideas para masturbarse", esta modesta bitácora sale como number one.  A Mr. Google, en cambio, hay que precisarle un poco más: "ideas brillantes para masturbarse". Supongo que eso entraña alguna responsabilidad, y no me gustaría que nadie pensara que me zafo de mis responsabilidades.

    Masturbarse --decía  Woody Allen -- es hacer el amor con alguien que amas.  Por una vez estoy  en desacuerdo con el sabio de Brooklyn. Las pajas --gayolas, manolas, pelayas, alemanitas o como quieran llamarlo-- son para mi un mero sucedáneo del sexo con otras personas. Que es lo divertido. Lo entrañable. Lo excitante. Lo fetén.

    No es que no me aprecie, pero no me deseo tanto como para follarme.




(continuará)

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Botones







        En el atuendo de las mujeres, más que ninguna otra cosa me atraen los botones. Levitas largas de botones grandes, blusas de blonda con botones forrados de tela, el roce metálico de la bragueta de un vaquero, botones de colores vivos sobre chaquetas de lana, delicados nácares en un vestido de noche,  interminables filas de botones en una espalda escotada, aquellos trajes de baño (ay) tachonados, la pretina abotonada de una falda entallada, casacas con doble hilera y cinco en las bocamangas, el ojal desierto que da entrada al balcón de tu escote.





   He estado indagando, y parece que no cuadra con ningún tipo catalogado de fetichismo.
   No saben qué alivio.




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Mitología moderna









      Dice un amigo que mi empeño en ver amanecer cada año nuevo revela que tengo alma de Peter Pan.


      Y yo creo que lo mío es más bien alma de Pan, a secas. .............




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Fantasías literarias


    Con un clic seco como un disparo retiré la capucha. El peso de la estilográfica en mi mano invitaba a extremar el cuidado en la elección de las palabras. Un instante de duda antes de comenzar a desgranar --inspirado por un deseo que tu silencio apenas apaciguaba-- los sustantivos precisos,  los adjetivos restallantes, las metáforas locas que cada pliegue de tu cuerpo me iba dictando. El plumín se deslizaba dócil sobre la palma de tu mano izquierda, mullida y tersa, siguiendo el laberinto de renglones en que un quiromante había leido tu pasado y sobre los cuales deletreaba ahora mi presente: almohadillas de carne impregnadas de caricias olorosas y blandas que absorbían la tinta con el mismo ansia con que yo me perdía en los dulzores detu aroma. Un leve temblor acompañaba los trazos de mi caligrafía, que se resistía a apresurarse. Delicias de caricias de promesas de abrazos dactilares apocados y firmes y curiosos y lúcidos. Sobre las falanges cada uno de los cinco dedos  delineé por cinco veces tu nombre mayúsculo,  y coroné cada una de las yemas con un punto y seguido.
    Recorrí después tu brazo interminable, desde la muñeca hasta la axila, con tres largas frases que resumían todo lo que en ti habia hallado de fascinante: el gusto por la vida, la tristeza antigua que se resistía a aflorar, la luz que brotaba de tus ojos, la carnalidad que resonaba en tus suspiros, el tsunami desatado de tus carcajadas. En el hoyuelo de la clavícula inscribí la palabra beso. Una ristra de adjetivos engarzados resumía alrededor de tu cuello las virtudes que me obligaban a quererte como si ello fuera posible. Esmeré la letra para anotar sobre tu pecho los detalles de nuestro primer encuentro, el rojo cristalino de aquel  añejo, el brillo de escama de pez de tus pendientes, el temblor de tus labios acompasado con el de mis piernas, el ansia de la cercanía, el abrazo que anunció un ciento.
    Adorné con una tilde larga tu pezón para escribir --precisamente-- pezón. Dos lemas --Eficacia y Eficiencia-- quedaron anotados bajo el arco de cada uno de tus pechos. Aún me dio tiempo para redactar un breve manifiesto sobre tu vientre, donde quedaban solemnemente atestiguados los motivos de nuestros desencuentros gozosos y mis dudas razonables. Para entonces ya hacia tiempo que el trazo se iba tornando turbio y apresurado, como el temblor con que tú puntuabas cada nuevo sílaba.
    Decidí entonces reservar algún espacio para detalles sin importancia, y retomé la escritura sobre la piel áspera de tu pies, primero el izquierdo, donde fui grabando los nombres de todos los lugares a donde querría acompañarte, algunos versos sueltos de canciones y hasta una receta para hacer a cuatro manos sobre dos fogones. En tu muslo derecho me permití relatar la historia de la  paloma y el soldado de plomo.
    Por fin, me detuve a echar una ojeada al resultado antes de garabatear, coronando tu pubis: "Aquí, con tu permiso, quiero quedarme".

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Preposiciones indecentes

Hay varias.

Está "contra".
Para mi gusto, "bajo".
"Sin" no es muy decente que digamos.
Desde luego, "sobre".

Pero lo que es de escándalo..."cabe". "¿Cabe?"

Pero ¿de qué cojones estamos hablando?

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