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Maldito cerebro


   Acabo de recuperar mi clase semanal de yoga con Herr Isquiones, un maestro en la mejor acepción de la palabra. Claro que, dadas las circunstancias, seguimos sus instrucciones a través de videoconferencia. Así que venga tadasana, y Adho Mukha Svanasana, y Virabhadrasana para arriba, y para abajo, hasta que acabamos sudando como pollos y relajados como bebés.
    ¿Pero saben lo que echo de menos?
    Ese asqueroso y penetrante olor a incienso, al que la señora Hache llama "anangarranga".
    ¡Qué cosas! ¿verdad?

 © foto:

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Tanto tiempo

  

Sin publicar. Sin escribir aquí. El otro día vi que había pasado un año entero sin subir una línea a este blog, al que pese a todo le tengo tanto afecto. No puedo echarle la culpa al mundo; claro que han seguido pasando cosas, pero son esas cosas que no se salen de la norma, cosas felices unas, otras no tanto, pero nada que justifique que haya estado tanto tiempo alejado de ustedes. Que ahora mismo es prácticamente como decir de mí mismo, porque no creo que quede nadie al otro lado.
   Me hago el propósito de ponerle remedio.
   Empezando desde hoy mismo.
   Brillantina vuelve a las andadas.
 
   No es broma.
© foto: Hiveminer

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Silencio

 

    De un tiempo a esta parte me encuentro mucho más callado de lo que solía. Podría pasarme conversaciones enteras sin encontrar el momento de echar mi cuarto a espadas, no tanto por falta de ganas, sino por falta de algo que decir.
   Parece mentira. Años tratando de colarse en el centro las conversaciones, empleando toda clase de malas artes retóricas --de la burla al llanto, pasando por la estridencia--, buscando un hueco en el diálogo para dejar caer ingeniosidades, camuflando ignorancias, sacando inmerecido brillo a las cuatro coas que uno sabía. Y ahora podría dejar pasar las horas escuchando con atención, no siempre con interés eso sí, lo que dicen otros. Mejor cuanto más otros y más disconforme estoy con lo que dicen.
   Y pienso en la mucha gente callada que he conocido, inspirado  a veces de cierta lástima inmerecida, y en cómo se vuelven las tornas.
   No digo más, porque apenas se me ocurre más que decir.

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Ciclos



Me devano los sesos buscando respuestas a estos ciclos de ánimo que me persiguen desde hace tantos años. ¿cuánto duran? ¿de dónde vienen? y sobre todo ¿cómo salir de ellos?
  Uno pensaría que la familiaridad con los vaivenes ayuda a mitigar su hondura pero....no, no lo hace.
  Los fármacos funcionan, pero sólo hasta cierto punto.
  El ánimo de quienes te rodean lo vuelve todo más tolerable. Pero tampoco proporciona el alivio necesario.
  Así que ahora me hago otras preguntas: ¿hasta cuándo? ¿irá a más? ¿hay realmente salida?

  Se deduce, obviamente, que estoy en la sima honda del vaivén.

  Pero saldré, no se inquieten. Ya he estado aquí. Conozco el camino.

© foto:

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Dientes

 

A mis cincuenta y tantos, una higienista bucal dedica diez minutos a enseñarme a cepillarme debidamente los dientes.

   Me pregunto qué más cosas habré estado haciendo mal hasta ahora.
foto: Shorpy.com

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La frase del mes

 


Se piensa y se escribe, poesía o lo que sea, a la vez por efusión --como el pino segrega la resina-- y por reacción --como la ostra segrega la perla-- y siempre el temperamento individual se inclina a una vertiente o la otra.




Jaime Gil de Biedma, Carta a Carlos Bousoño, Noviembre de 1956


© foto: César Malet

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Analogías

  

 La vida es una tragicomedia con muchos fallos de ritmo y un final enteramente previsible.

   Para algunos, para más inri, resulta ser cine español.

© foto: Blogrevoltijo

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Leer de oídas

 
Recientemente he descubierto el goce de leer de oídas. En mis trayectos en bici al trabajo, o en los paseos solitarios, la compañía de los audiolibros hace que el tiempo pase volando. A veces,  me deja una sonrisa en la cara mientras escucho un párrafo particularmente brillante; otras, me  invita a volver atrás para repasar un pasaje que no he captado bien. La idea me la descubrió mi prima C., que se hace acompañar por lecturas grabadas de clásicos de la literatura inglesa mientras se enfrenta a las tareas del hogar, y ahora me asombro de que tardara tanto en hacerla caso.
    Estoy rodeado de oyentes asiduos de radio, y por supuesto de amantes de la música. Para mi, sin embargo, leer de oídas es un placer infinitamente superior, en el que eliges lo que escuchas --sin quedar al albur de la programación del día como en la radio-- y escuchas algo que apela a tu razón, no a los sentidos. Ahora estoy con Surely you're joking, Mr. Feynman, pero tengo en cartera un buen puñado de los ensayos de Stephen J. Gould, y ya he empezado a rastrear en otros cotos. Podcasts, por ejemplo.
    Y casi sin darme cuenta he encontrado el medio de espantar uno de los miedos que  me acechan al pensar en la vejez: que la vista me prive de la lectura. La tecnología, es cierto, no siempre es el progreso, pero a veces es un gran invento.

© fotoRichard Hartt

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Optimismos bipolares

 


Me decían el otro día que no deja de ser curioso que una persona que en lo doméstico tiende a la murria, la nostalgia y la introspección sea sin embargo un optimista inveterado cuando se refiere a la marcha de los asuntos del mundo, convencido de que el bien prevalece, aunque el mal dé más por saco, y de que las cosas mejoran, por imperceptible e insuficientemente que nos parezca.
   Y pienso si no habrá un trade-off entre los optimismos  públicos y privados.

    Pero mi amiga I. tira de un plumazo la teoría: su chico es un pesimista a dos bandas.
    ¡Toma argumento de revolver humeante!


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Despertares


El día empezó tendido en una camilla, con una joven desconocida que me restregaba  el cuerpo, y  de tanto en tanto me rogaba que la obsequiara con extrañas contorsiones.
Y no, no era un sueño.
Era fisioterapia. Para el lumbago que me tiene doblado hace dos semanas...


© foto: LordColus

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Adioses

 
Hay muertes que nos sacuden fuerte, aunque en apariencia nos toquen lejos. Mari Cruz Seoane era profesora, amiga de la familia, gallega como mi madre, mujer vital como mi madre, dueña de una de esas risas potentes que hacen tambalearse a los pomposos en sus endebles pedestales. Alguien que decía que el humor es la cosa más seria de la vida. Viuda del que quizá fue el más cercano de los amigos de mi padre: aquel de quien jamás le oí decir nada malo a ese hombre que tenía alguna pega hasta para su sombra.
   Entenderán de qué va esto.
   Hay muertes que reabren otras fosas.
   Y te entristecen el doble.
© foto: Uly Martín

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¿Ideas Brillantes? (reloaded)


Me llamo M.
Siempre he querido tener una bitácora.
Bueno, siempre desde que descubrí qué eran. Hará unos tres meses  diez años y tres meses de eso.

Sin embargo, aún no sé el por qué de ese deseo.
Tal vez porque me gusta jugar con las palabras.
Tal vez porque tengo algo que contar. O que contarme.
Tal vez porque, al llegar a esta edad, siento que hay cosas que no marchan como es debido.

Tal vez la idea de llevar un cuaderno de viaje no haya sido tan brillante.

Como de costumbre, más preguntas que respuestas.

© foto: EmeHache

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Hay días (reloaded)


 Hay días de esos en que uno se levanta con la boca seca y la sensación de que no va a salir el sol por más que en la calle brille un domingo de invierno. Días en que cada palabra que sale de tu boca es el preludio de un patinazo, o la seguridad de un patinazo, o el patinazo mismo. Días en que no se siente uno capaz de hacer nada a derechas, ni a izquierdas, ni de centrarse siquiera. Días en que abrir el periódico es un mero conjuro para noticias que no llegarán. Días en que se refugia uno en el trabajo como si hubiera abrigo posible para la que está cayendo. Días en que no se conoce uno, y ni uno solo de los nombres del listín de teléfonos ofrece la esperanza del consuelo. Días en los que me acurrucaría en tus brazos y me quedaría a vivir allí a sabiendas de que ese ya no es mi sitio.

Hay días de esos, y a veces duran meses.

© foto: Nicola Ranaldi

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Camisas (reloaded)

camisa

Recuerdo algunas de mis camisas preferidas:

*la de grandes cuadros rojos y blancos, de felpa, con dos bolsillos, que me acompañó aquel invierno del 79;
*una  sin cuello, de rayas finas rojas y blancas, con la que me encontraba favorecido en mis años de  instituto;
*otra de algodón basto, de listas gruesas azules y moradas, comprada en Guatemala;
*aquella de tergal de rayas amarillas, heredada, a la que mi madre descosió el cuello;
*una azul, con tres botones en la manga y dos en el cuello, la primera de punto oxford, regalo de un judío de Brooklyn;
*una basta de lana gruesa y grandes cuadros, de pescador portugués;
*otra de listas desiguales de colores --rojo, azul, verde, blanco-- de cuello ancho;
*la de lona verde botella, con un gran bolsillo, como me gustan;
*otra de vestir, algodón con algo de acrílico, de cuadros negros sobre blanco;
*diez  --¿doce?--  camisas blancas de algodón que nunca faltaron.



Visto así, encuentro en el inventario trazos indelebles de monotonía.

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Iconos (reloaded)


    ¿Te acuerdas? Fue verlo en la puerta del water de caballeros de un bar de Denia y comenzar los recuerdos de la infancia a echar carreras de relevos por todo el hemisferio derecho de mi cerebro. Y ahora me pregunto dónde estará ella: la recuerdo con una melenita de puntas punzantes, nariz respingona y quizas (sólo quizás), un lazo en el cabello y una abanico ¿alguien sabe dónde puedo encontrarla?

© foto: Eme Hache

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Estándares (reloaded)





    -- El hombre es la medida de todas las cosas.

    -- Vale. Pero eso no significa que ese hombre tengas que ser tú...

© foto: Chema Madoz

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Haddock (reloaded)


haddock     De los personajes de ficción con los que me identifico --y creánme que si no hay identificación se pierde mucho del disfrute-- hay varios que me ahorraré contarles, para no regalarles una carcajada gratis. Nada me impide meterme --enfrascado en los fotogramas de una peli o en las páginas de un libro-- en el pellejo audaz de mis héroes favoritos, hombres de acción muchos de ellos, tan lejanos de mi yo real que la comparación no es sólo odiosa sino --me consta-- ridícula.

      Pero lo del Capitán Haddock sí puedo contarlo. Porque este marino borrachín, malencarado, artífice y difusor de un selecto muestrario de exabruptos, nada de fiar para asuntos delicados pero radicalmente leal a sus amigos, torpe y perezoso, desastrado en el vestir y desastroso en las relaciones sociales, alma de cántaro plagada de  vicios, violento y brutal a veces, misántropo a medias y misógino a tiempo completo, duro con las espuelas pero blando con las espigas, desdeñoso de los trinos de una Castafiore insoportable pero tal vez enamorado en secreto del ruiseñor del Milán, buen burgués que no duda un instante en hacer el petate cuando la ocasión lo exige y echarse a recorrer el mundo en compañía de ese listillo entrometido que es Tintín, este Capitán Haddock, digo, es  finalmente un hombre de una pieza, de los que se visten por los pies.

     Yo soy Haddock, y no crean que es sólo la barba y la afición a los cuellos vueltos.

      Sólo me falta Moulinsart
© Ilustración : Hergé

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Vanitas Nativitatis




Me decido a compartir esta navideña nube de palabras que debe resumir los contenidos de este blogo...y resulta que está hecha sólo de meses que se suceden. Lo demás es cáscara. Da qué pensar ¿eh?

© foto: Tagxedo

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Abandonarse





      Cuando el ánimo se agazapa bajo la ropa --imagino que no otra cosa querrá decir estar de capa caída-- me cuesta ponerme a hacer las cosas que sé que quiero hacer. No doy con las fuerzas, ni encuentro el disparador, ese gatillo anímico que nos hace arrancarnos de la dulzona desidia para embarcarnos en el mucho más agridulce trabajo.

   En cambio, cuando las velas del espíritu andas henchidas de proyectos y buenas sensaciones, lo que me cuesta es encontrar  el orden necesario en las prioridades para hacer esas cosas que sé que quiero hacer.
   El caso es que por haches o por emes, la casa anda la mitad del año sin barrer.

   

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Ecos del futuro

 

HIPOCRESÍA DE LA HORMIGA

Para hipócrita no hay como la hormiga
queriendo hacernos ver como trabaja,
viene y va, vuelve, torna, sube y baja
arrastrando á las veces una miga.

Afán de logro dicen que la hostiga
y que do quiera busca sacar raja
y que deja cantando entre la paja
á la cigarra y que se va á la espiga.


No hagas caso; la miga es la de antaño,
la misma siempre, no más que un achaque
para pasearse con el gesto huraño

del atareado que nos trae en jaque.
De aquel que sabes tal es el amaño:
no hace sino pasear con grave empaque.

                     Miguel de Unamuno

       Poniendo orden en papeles viejos, descubro un cuaderno de los últimos ochenta donde apuntaba, como en un blog en papel,  reflexiones, pensamientos, lecturas, confidencias y qué se yo. Me fascina reconocerme en el becario que era y al tiempo verme tan lejano. Entre las anotaciones, ésta que saqué de las Poesías completas de Unamuno, y que hoy cortipego de un depósito electrónico. Se unen en este soneto el amor por los metros clásicos, la burla de la moral económica que hoy impera más que nunca, y también los ecos futuros de una de mis secuencias favoritas del cine: Javier Bardem contando el cuento en Los lunes al sol. Que por cierto me devuelve a mi añorada Galicia.

 
    Cambian los tiempos. ¿Las personas? Yo soy de que no. Pero muchas me gustan tal como son: felicidades, Peke.


© foto:_______

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