<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d6937146\x26blogName\x3dIdeas+brillantes\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLACK\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/\x26vt\x3d7719204394931747143', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

« Home | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next »

Embrujo de El Brujo



    No sé si soy aficionado al teatro o no. Mi antigua Santa solía decir que no, porque me resistía con uñas y dientes a acudir a las funciones que me proponía: de moda, y recomendadas por amigos que sí son buenos aficionados. Yo no. A mi ver mierdas en el teatro me pone de un mal café que ni les cuento. En el cine me importa menos, mucho menos, entre otras cosas porque a Brad Pitt se la pela si bostezo o frunzo el ceño mientras le veo hacer el canelo muy lejos de Troya; pero en el teatro hay personas sobre el escenario, que esperan y confían en mi reacción y se me nota un huevocuando no me gusta la obra; recuerdo una Vida es sueño con la compañía empeñada en usar como máquina de subrayar un tocón muy perjudicado que fileteaban clavando y desclavando una espada cual Arturos, que no Segismundos . Más casos: ¿por qué volver a montar un truño como Marat-Sade (Brecht en cambio, aguanta de cojones)? ¿O una obrita de cafe -teatro con pretensiones como Arte? ¿O sacarse la compresa en una improvisación del todo irrespetuosa no ya con el público que ha pagado su entrada, sino con las más elementales normas de higiene? ¿O la manía de los musicales malos (los hay buenos, también, miren si no Los Miserables, por ejemplo)?
    Sin embargo, todavía recuerdo bien mi fascinación ante la primera obra de teatro que presencié en el instituto: era un Valle-Inclán en el María Guerrero en los años en que no sólo tenia pelo, sino melena. Y después, funciones memorables: un Arthur Miller hecho por una compañia argentina cuyo nombre no recuerdo, un Willie Loman interpretado por el cicatero López-Vázquez pero aquí generosísimo, unas Bicicletas para el verano con otro gruñón fantástico (y calvo de billar) llamado Agustín González, o una Magüi Mira inmensa haciendo un Ibsen, Joglars, Comediants... Y buen teatro de aficionados: el inmenso Teatro del Común de mi amiga C. haciendo un cojonudo SanchisTerror y miseria del primer franquismo (premio Max, ahí es nada, qué orgullo) y la mejor función tragicómica de mi vida: una compañía de principiantes (más bien principiantas) haciendo Once mujeres y un niño sin piedad. La lista sería larga, pero sobre todo porque ya tengo unos añitos. He visto mis clásicos, incluyendo a Shakespeare --nunca Lear, dammit-- y a Molière, Chéjov, Lope y Calderón y hasta a Harold Pinter. Insisto, no sé si todo esto me cualifica como aficionado o no. Lo que sí sé es que el teatro rara vez me deja indiferente. Y que cuando disfruto, lo hago como en ningún otro espectáculo que se represente en público, incluídos los fuegos artificiales.

    Todo este rollo viene a decirles que, aunque no les guste un pijo el teatro, no se pueden perder Una noche con el Brujo. A mi me hizo reirme como no recordaba desde otro Brujo (un Lazarillo de Fernán-Gómez del que aún me acuerdo) y acabó poniéndome los pelos de punta y piantándome en el rostro un lagrimón. Tanto que me quedé esperandole en la puerta para decírselo (nunca antes, un tímido superado como yo). Desde entonces, y va ya para un mes, llevo recomendando e invitando incluso (a mis primas de Barcelona) a acudir al Infanta Isabel a todo el mundo, desde una quiosquera desconocida hasta a J., un buen amigo que dice que no le gusta el teatro. El Brujo es mágico. Si se lo pierden se arrepentirán toda la vida. Sólo tienen un mes, aunque yo creo que prorrogará. No demasiado, espero, para poderle ver de nuevo, en otra función.
Y no les dejo copia de la carta que le mandé unos días después, porque es un spoiler. Que si no..

Etiquetas: ,

2 opinan

  • lo vi este verano en salamanca, y no puedo por menos que unirme a tu entusiasta recomendación!!

    Blogger manuel_h a las 12:48 a. m.       
  • Pues imáginate al Brujo en el castillo de Montánchez representando "El ingenioso caballero de la palabra" a la luz de la luna, las estrellas y algunas velas que fue apagando la brisa. Allí llorábamos muchos, pero de risa.

    En cuanto puso "Una noche con El Brujo" en el teatro Infanta Isabel,que también tiene su encanto, me fui para allá derecha. Y El Brujo siguió haciendo reir pero también emocionando al personal.

    Hay gente a la que no le gusta que sea tan gestero y tan igual a si mismo de una obra a otra, pero inclusos esos confiesan que les ha merecido la pena verlo.

    Así que estoy de acuerdo contigo en que es totalmente recomendable :-)

    Blogger Anónima a las 10:51 p. m.       

Responde