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Un regalo inesperado

 



Un regalo inesperado: casi treinta y cinco años después, resulta que uno de mis profesores de primero guardaba mi ficha de alumno. Y me la trajo a casa, aprovechando una partida de mus. 

Es un gran tipo, mi maestro.

Si me la hubiera dado antes lo mismo le hubiéramos perdonado el baño que les dimos.



© foto: Eme Hache

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Itinerarios



Sacks me llevó a Auden, y la casualidad quiso que encontrara, en estos tiempos precisamente, precisamente estos versos.


Say this city has ten million souls,
Some are living in mansions, some are living in holes:
Yet there's no place for us, my dear, yet there's no place for us.

Once we had a country and we thought it fair,
Look in the atlas and you'll find it there:
We cannot go there now, my dear, we cannot go there now.

In the village churchyard there grows an old yew,
Every spring it blossoms anew:
Old passports can't do that, my dear, old passports can't do that.

The consul banged the table and said,
"If you've got no passport you're officially dead":
But we are still alive, my dear, but we are still alive.

Went to a committee; they offered me a chair;
Asked me politely to return next year:
But where shall we go to-day, my dear, but where shall we go to-day?

Came to a public meeting; the speaker got up and said;
"If we let them in, they will steal our daily bread":
He was talking of you and me, my dear, he was talking of you and me.

Thought I heard the thunder rumbling in the sky;
It was Hitler over Europe, saying, "They must die":
O we were in his mind, my dear, O we were in his mind.

Saw a poodle in a jacket fastened with a pin,
Saw a door opened and a cat let in:
But they weren't German Jews, my dear, but they weren't German Jews.

Went down the harbour and stood upon the quay,
Saw the fish swimming as if they were free:
Only ten feet away, my dear, only ten feet away.

Walked through a wood, saw the birds in the trees;
They had no politicians and sang at their ease:
They weren't the human race, my dear, they weren't the human race.

Dreamed I saw a building with a thousand floors,
A thousand windows and a thousand doors:
Not one of them was ours, my dear, not one of them was ours.

Stood on a great plain in the falling snow;
Ten thousand soldiers marched to and fro:
Looking for you and me, my dear, looking for you and me.

                                                         WH Auden

Se llama Refugee Blues, y hace el número 45 de mi edición de los Selected Poems. Y si no los han leido no es fácil  imaginar lo verdaderamente selectos que son.



© foto:

Ferrante (III)

   
En la serie (¿saga?) de La amiga estupenda,  el ritmo tiene sus razones que la razón ignora. Tras terminar el primer volumen, donde se narran con minucia apenas cuatro o cinco años de la infancia de las dos amigas, no puedes evitar pensar que, a este paso, cuando acabe la cuarta novela apenas habrán cumplido los treinta. Que tampoco pasaría nada. Pero luego el ritmo se arrastra y se alarga en progresión no muy constante, hasta llegar a una última entrega donde se despachan casi treinta años de vida intensa (los de las otras tres novelas) en casi las mismas páginas.
    Supongo que, si funciona, no es importante. Pero de hecho es uno de esos casos en los que uno puede darse cuenta de la importancia de los tempos en la narración. Como en el final atropellado de El rojo y el negro, uno puede empezar rezongando de la morosidad de la primera entrega y acabar irritado por la falta de detalle con la que se nos narran hechos dramáticos en las siguientes.
    Lejos de molestarme, esta gestión del calendario evoca para mi la de la vida misma, con sus épocas de exaltación y sus remansos de calma. Como en aquella descripción de la guerra: semanas de aburrimiento punteadas de súbitos estallidos de pánico.
    La vida. Supongo que de eso va.


© foto:  Ferdinando Scianna

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Ferrante (II)



   En la serie de La amiga estupendaElena Ferrante,  las dos protagonistas, Lina y Lenù están tan unidas, en lo más íntimo, durante tanto tiempo,  a través de lazos tan sólidos como sin fondo, y sin embargo son tan distintas en carácter, trayectoria, actitud ante la vida, en lo físico y lo moral, que  a menudo se pregunta uno qué cimienta esa amistad, aparte del tiempo compartido.
   Otras veces, en cambio, las ves actuar tan al unísono --aunque suele ser Lina quien lleva la batuta-- que llegan a parecerte dos avatares de la misma divinidad. Dos caras de la misma moneda. Un Jeckyll y Hyde femenino en el Nápoles de la segunda mitad del XX.



© foto:  Ferdinando Scianna

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