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País

  


Mire, le pintaré las cosas tal cual son: este no es un país pobre, por más que digan. Este es un país de pobres, no sé si capta la diferencia.



Eduardo Mendoza (2010), Riña de Gatos Madrid 1936, Planeta, 200

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Bandoleros



"en el sur de Italia los bandidos son los héroes del pueblo, como los contrabandistas en España"

 Jan Potocki (1804): Manuscrito encontrado en Zaragoza, 99



© foto: ABC

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El gran dictador



  El 15 de de octubre se cumplieron 40 años del estreno en España de El gran dictador, del mucho más grande Charles Chaplin. Recuerdo años antes de aquello haber visto fotogramas de la película en las enciclopedias de cine de la biblioteca paterna; imágenes que se clavaban en la retina, sobre todo las del delirante baile del dictador Hynkel en aquel descomunal despecho con un globo terráqueo que sorprendentemente acababa flotando. Recuerdo haber preguntado por la película con edad suficiente como para obtener una respuesta: no había pasado por censura.


   Ya entonces había visto bastantes películas de Chaplin, un ciclo entero, si no me equivoco, y otro de Buster Keaton, aparte de una buena colección de cortos de El gordo y el flaco que ponían con frecuencia en la televisión. No entendía gran cosa de la prohibición, porque para mi Charlot era sencillamente un cómico, y bastante blanco, a decir verdad. Pero acostumbrado a los sinsentidos  del "régimen", como a menudo se le llamaba en aquella época, no le di más importancia.

   Luego, casi un año después de muerto nuestro propio pequeño dictador, estrenaron la película. Recuerdo que llenó los cines, y recuerdo también a mi profesor de historia, aun en el colegio, recomendarnos efusivamente que fuéramos a verla. Creo recordar incluso el cine al que acudí --una sala nueva, se me va el nombre, en medio de Azca--, y estoy seguro también de que fui con mi madre, que me acompañó, porque aun no tenía la edad para verla sólo.
  De la película recuerdo muchas cosas: el baile del globo, claro, y la descascarillante entrevista entre Hynkel y Napaloni, aparte de las escenas de fuga en la barbería del ghetto, la música empalagosa... Pero sobre todo recuerdo el discurso final de Chaplin, un llamamiento a la paz y a la democracia que se escribió en 1940 para nos llegaba a nosotros casi cuarenta años después. La sala rompió a aplaudir, como al parecer ocurría casi en cada sesión. No me extrañaría que se me hubieran saltado las lágrimas --¿recuerdan el final del discurso, ya no sobre el plano de Chaplin sino de Hannah? Nosotros aun estábamos esperando que se cumpliera aquel sueño.

   No he vuelto a ver la película, aunque estoy seguro de que aguantará bien o casi.
Incluido ese discurso.  Aquí no somos mucho de aniversarios, pero este podría venir al caso.



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Un regalo inesperado

 



Un regalo inesperado: casi treinta y cinco años después, resulta que uno de mis profesores de primero guardaba mi ficha de alumno. Y me la trajo a casa, aprovechando una partida de mus. 

Es un gran tipo, mi maestro.

Si me la hubiera dado antes lo mismo le hubiéramos perdonado el baño que les dimos.



© foto: Eme Hache

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El macho Camacho


     Se habrán fijado ya que me estoy conteniendo para no hablar de la Eurocopa. Y no es por falta de interés, ni porque la mierda de la bitácora esta me absorba (que me absorbe). Ni siquiera porque el combinado nacional --que no es la sangría, como algunos podrían pensar, sino la Selección Española de Fútbol-- nos esté dando ración doble de lo de siempre: grandes esperanzas, psicologías frágiles y un paseo por el filo de la navaja. No.
     Tampoco me contengo porque, sea como sea  --con Raúl e Iker, con Zizou, con Figo o con Becky-- el Madrid va a ganar esta Eurocopa. No. Hay otro  motivo. Aparte de que servidora, cuando va a España, va a España, y no distingue de colores locales. En eso soy partidaria de la lealtad constitucional. Que no todo el mundo puede tener un equipo galáctico.
   No, yo, de momento, me lo estoy pasando como el KiKo con la Eurocopa, y si no les hacerles partícipes de las esperanzas que abrigo. Por no gafarlas, ya saben. Lo mismo se acuerdan lo que opino de  la suerte. Que sólo hay de la  mala.

   Pero me tendrán que reconocer que el fútbol hoy --desoyendo el angioma clásico del maestro Di Stefano: "el cuero al pasto"  -- está patas arriba. No hay quien lo entienda. Y si no, vean las declaraciones  que se marca el futuro entrenador del Real Madrid. Venían en un folleto de promoción de Portugal con la excusa de la Copa, de esos que te colocan en el periódico y que sólo leemos  los que tenemos la espera entre los pluses del oficio. Ya saben, seguratas, pesetas, porteros de fincas urbanas y funcionarios en general.

   Entre la ensaimada de  tópicos de siempre --el fútbol, la suerte y el trabajo,  los triunfos y demás--  deja caer  cositas como éstas.

-- Hemos de tener en cuenta que el fútbol portugués está muy influenciado por la economía.

-- Las personas pierden su empleo y son incapaces de manifestarse, pero cuando pierde su equipo, son capaces de matar.

O la que acabó de matarme  mí:

-- A través del fútbol observamos cómo se mueve la sociedad. El fútbol es tan popular que podría decirse que es el opio del pueblo.


Valdano, chaval: ¿tú estás seguro de que no te has equivocado de Camacho?

(Este texto, con esta gif animado, se publicó en el que fue mi primer blog, hacia junio de 2004, en vísperas de quedar eliminados en otra de esas eurocopas anteriores al advenimiento del genio Aragonés. Conserva cierta actualidad, y me hizo gracia comprobar que dos de los personajes citados --Kiko y el propio Camacho-- siguen ligados a la competición, ahora como comentaristas. Y también que el gif funciona).
© foto: EmeHache

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Winstoniana (II)

   

¿Sabían que corre el rumor por internet de que Churchill era "nieto" de una india (iroquesa, por más señas)? Por lo que sé, debe tener que ver con esta madre maciza y (al parecer) tatuada, pero no parece que tenga mucha base. Aunque hay quien aprovecha para buscarle, en la misma parentela, ancestros judíos.
    Pero más que buscarle la pata del Cid a nadie, a mí lo que me está apeteciendo es leer las memorias del hombre del puro
© foto: Wikipedia

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Encuentros


    En una visita primaveral a mis muertos, alguien sale de una puerta metálica empotrada en un muro alto de ladrillos. Alzo la vista, y  veo pasar a un hombre orondo, cumplidos los sesenta y algunos, de buena panza y pasos cortos, melena canosa y tocado con una kipá azul. Me lanza una sonrisa franca, que contrasta con el blancor de dentadura postiza, y me desea:

--¡Por muchos años! --y ante mi cara de desconcierto, añade-- Que siga teniéndola o teniéndole en el recuerdo.

  Una mínima muestra de complicidad humana que me alegra el día.

© foto: EmeHache

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Al fin



Tras tres o cuatro intentos. Sobre la tierra seca traída de entre los castaños. Contra el granito. Prendió el romero.

© foto: Eme Hache

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Geopolítica

 
A mí esto de la geopolítica siempre me sonó a cosa rancia, de oficiales de estado mayor con bigotones y analistas con culos de vasos en los despachos del Circle. Pero imagino que tiene algo que ver con que no estamos tan lejos de los otros como a veces creemos. Yo, en estos días, me siento dolorosamente cerca de esos palestinos invadidos por enésima vez y masacrados, pero algo también de los israelíes que creen que preparar la guerra es el único camino para la paz.
    También recuerdo que la entrada de los EE.UU. en la Gran Guerra de cuyo final hace ahora 100 años se produjo con la excusa de las muertes de inocentes pasajeros en un buque comercial, el Lusitania. Como los casi 400 inocentes del MH17 (ya no ponen nombres como los de antes)  a los que alcanzó un misil de una guerra ajena sobre el cielo de Ucrania. Y me pregunto si no estaremos en vísperas de algún cataclismo grande.
    Mientras tanto, los dioses siguen sonriendo caprichosamente a algunos de sus súbditos.

© foto: Vintag

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Adioses

 
Hay muertes que nos sacuden fuerte, aunque en apariencia nos toquen lejos. Mari Cruz Seoane era profesora, amiga de la familia, gallega como mi madre, mujer vital como mi madre, dueña de una de esas risas potentes que hacen tambalearse a los pomposos en sus endebles pedestales. Alguien que decía que el humor es la cosa más seria de la vida. Viuda del que quizá fue el más cercano de los amigos de mi padre: aquel de quien jamás le oí decir nada malo a ese hombre que tenía alguna pega hasta para su sombra.
   Entenderán de qué va esto.
   Hay muertes que reabren otras fosas.
   Y te entristecen el doble.
© foto: Uly Martín

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Camisas (reloaded)

camisa

Recuerdo algunas de mis camisas preferidas:

*la de grandes cuadros rojos y blancos, de felpa, con dos bolsillos, que me acompañó aquel invierno del 79;
*una  sin cuello, de rayas finas rojas y blancas, con la que me encontraba favorecido en mis años de  instituto;
*otra de algodón basto, de listas gruesas azules y moradas, comprada en Guatemala;
*aquella de tergal de rayas amarillas, heredada, a la que mi madre descosió el cuello;
*una azul, con tres botones en la manga y dos en el cuello, la primera de punto oxford, regalo de un judío de Brooklyn;
*una basta de lana gruesa y grandes cuadros, de pescador portugués;
*otra de listas desiguales de colores --rojo, azul, verde, blanco-- de cuello ancho;
*la de lona verde botella, con un gran bolsillo, como me gustan;
*otra de vestir, algodón con algo de acrílico, de cuadros negros sobre blanco;
*diez  --¿doce?--  camisas blancas de algodón que nunca faltaron.



Visto así, encuentro en el inventario trazos indelebles de monotonía.

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Iconos (reloaded)


    ¿Te acuerdas? Fue verlo en la puerta del water de caballeros de un bar de Denia y comenzar los recuerdos de la infancia a echar carreras de relevos por todo el hemisferio derecho de mi cerebro. Y ahora me pregunto dónde estará ella: la recuerdo con una melenita de puntas punzantes, nariz respingona y quizas (sólo quizás), un lazo en el cabello y una abanico ¿alguien sabe dónde puedo encontrarla?

© foto: Eme Hache

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Del amor a los libros (reloaded)





Donald Rayfield
 nos cuenta  que el camarada Stalin era un lector voraz, de amplios intereses y fino criterio.


El resto de la obra está lleno de noticias igual de desalentadoras para quienes amamos los libros.




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Tantos años (reloaded)



   
Tantos años después, en la isla que perdió el meridiano, charlamos ante el mar y unas cervezas como si las tardes en el parque de Berlín fueran cosa de antesdeayer.
    Qué vidas tan distintas. Hijos crecidos, una casa que has levantado con tus manos huesudas, un hombre igual de pegado a los huesos y de pegado al suelo, la cena a la luz del crepúsculo hasta que se desvanece, tus músicas, la gente de acá, la comida que nace a tu sombra. Todo tan distinto a lo mío, tan lejano. Tan de verdad, lo tuyo, tan querido, tan luchado, tan a contracorriente.
    Lo mío es otra cosa, claro.
    Por un momento, dudo si preguntarte otra vez por qué, en tiempos de los que no queda casi ni el eco del recuerdo, me dejaste.
    Es tan evidente, que me da la risa.
    La risa de la alegría de volverte a ver.





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Décimo aniversario

 

    En un par de meses este blogo celebrará su décimo aniversario. Ya hace tiempo que hubo que cambiarle el subtítulo a estas (ahora) ocurrencias de un cincuentón. Muchas cosas han cambiado en estos años: el diseño original del calvo de arriba dio paso a la sobria elegancia de esta plantilla salida de los cinco dedos de la mano de DosDedos, la frecuencia de los textos ha ido raleando, y también se ha reducido el número de los comentaristas habituales, hoy un selecto puñado encabezado por mi querida Peke y la maga Jaio.  Echo de menos a muchos; tanto, que me resisto a mencionarlos por sus nicks. Pero sé que la vida pasa, y seguir en el mismo sitio es la mejor forma de quedarse atrás.
   En estos años  ha cambiado de arriba abajo la blogosfera (¿sigue llamándose así?), mejorada en diseños y variedad pero aquejada cada vez más de profesionalismo y sin duda acosada por las nuevas plataformas: twitters, facebooks y demás. Pero más ha cambiado mi propia actitud ante el invento. La mezcla inicial del entusiasmo del explorador, el cálido sentimiento de comunidad y la fascinación por el medio, junto con no pocas asignaturas pendientes en lo personal, hicieron que estas Ideas Brillantes desempeñaran un papel importante en mi vida durante muchos años. Luego, las cosas fueron cambiando, y hace años que el blogo es una faceta apreciada pero marginal en mis días. Supongo que eso se nota también.
   Hace mucho tiempo que tengo claro que este blogo lo escribo, sobre todo, para mí mismo. Lo cual no quiere decir que no quiera compartirlo, y mucho. Y con muchos. Pero eso no me quita el sueño.
   Lo otro que tengo claro es que quiero que siga presente en mi vida. Y que ya que no destacará por su brillantez --insisto, esa cualidad siempre fue meramente física en este blogo--, por sus estadísticas o su profundidad, al menos competirá por el podio de la longevidad. Estos diez años me colocan en la parte alta de la tabla, y ahí aspiro a seguir.

   Para conmemorar la década, se me ha ocurrido ir revisando el archivo del blogo, y rescatando aquello que aún me parezca que merece la pena. Eso iré haciendo en las próximas semanas. Y tal vez vaya a buscar a alguno de los antiguos invitados, por ver si quieren pasarse a saludar. Y no sé si alguna otra cosa.
  Lo dicho. Que queda oficialmente inaugurado este pantano. Las celebraciones, quiero decir.
 
   
© foto: Eme Hache

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Banderas de nuestros abuelos

   
    Esta foto no es una más de las fotos de la guerra. Uno de esos hombres de brazo alzado que posan con lo que parece una bandera capturada al enemigo era mi abuelo.
    La encontré en los cajones de la casa familiar hace muchos años, y me fascinó ya entonces.
    Aun hoy me recuerda las muchas cosas que debí pedirle que me contara.
    Las muchas cosas que ignoramos de nuestros mayores.
    Las muchas que nuestros hijos no sabrán de nosotros.  


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Portadas

   
       Seguramente a la mayoría no le dice gran cosa el nombre de Daniel Gil, pero cuando uno se ha criado viendo las fascinantes portadas clásicas de Alianza Editorial se conserva un aprecio teñido sin duda de nostalgia por aquellos jeroglíficos conceptuales que nos deparaban sus diseños para El Libro de Bolsillo.
     Por eso, hace tiempo que me llamó la atención que alguien había desenterrado el espíritu a menudo juguetón de Daniel Gil de nuevo para las portadas de Alianza.
      Como muestra, este botón.

Ah, el tipo se llama Manuel Estrada y cía. 

   Y por alguna razón, cada vez que pienso en diseño me acuerdo de la amiga DosDedos, que hizo el de este blogo, y del Camarada Ike, al que añoro.


© foto: Manuel Estrada

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Mandela

 
       La muerte de Nelson Mandela nos recuerda que en estos tiempos de enanos a hombros de enanos los grandes hombres existen. Pero más allá del hombre, está el símbolo.
        Hablaba con unos estudiantes de qué simbolizaba exactamente Mandela. Decía una de ellas que la paz, pero no estoy del todo seguro: tenía muy presente la resistencia de Mandela en las negociaciones de paz  a renunciar a la violencia como pretendían los gerentes del apartheid. Tenía argumentos sólidos y buenas razones.
        Mandela simboliza en cambio un valor más limitado, pero más raro aún, y que ha demostrado tener un valor incalculable para restaurar la convivencia incluso tras un conflicto tan sangrante y sangriento como el de la Sudáfrica blanca contra la mayoría de su población. Hablo del perdón y la reconcilación.
     La inclusión de sus enemigos --De Klerk,  el líder zulú Buthelezi  o Pik Botha-- como ministros en su primer gobierno revela una voluntad de integración casi inimaginable desde un tiempo y un país --los nuestros--  donde las charcos más insignificantes se tratan como si fueran fosas oceánicas. La actividad de la  Comisión para la Verdad y la Reconciliación  combinó el perdón penal con al catarsis social. Desde luego, muchos siguieron los pasos que marcó Mandela. Pero el fue quien vio y abrió el camino.  
          De eso, creo yo, era el símbolo, y por eso, creo yo, le lloramos y le celebramos hoy.

© foto: Reuters

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The commons

  

Uno se puede pasar semanas buceando en los archivos de fotos libres del proyecto The commons. Un depósito digital de fotos libres de derechos procedentes de los archivos de instituciones culturales de todo el mundo, que busca difundir el conocimiento de este patrimonio y a la vez enriquecerlo con los comentarios de los usuarios.
    Un paraíso para los fanáticos de la fotografía histórica.
   


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Ecos del futuro

 

HIPOCRESÍA DE LA HORMIGA

Para hipócrita no hay como la hormiga
queriendo hacernos ver como trabaja,
viene y va, vuelve, torna, sube y baja
arrastrando á las veces una miga.

Afán de logro dicen que la hostiga
y que do quiera busca sacar raja
y que deja cantando entre la paja
á la cigarra y que se va á la espiga.


No hagas caso; la miga es la de antaño,
la misma siempre, no más que un achaque
para pasearse con el gesto huraño

del atareado que nos trae en jaque.
De aquel que sabes tal es el amaño:
no hace sino pasear con grave empaque.

                     Miguel de Unamuno

       Poniendo orden en papeles viejos, descubro un cuaderno de los últimos ochenta donde apuntaba, como en un blog en papel,  reflexiones, pensamientos, lecturas, confidencias y qué se yo. Me fascina reconocerme en el becario que era y al tiempo verme tan lejano. Entre las anotaciones, ésta que saqué de las Poesías completas de Unamuno, y que hoy cortipego de un depósito electrónico. Se unen en este soneto el amor por los metros clásicos, la burla de la moral económica que hoy impera más que nunca, y también los ecos futuros de una de mis secuencias favoritas del cine: Javier Bardem contando el cuento en Los lunes al sol. Que por cierto me devuelve a mi añorada Galicia.

 
    Cambian los tiempos. ¿Las personas? Yo soy de que no. Pero muchas me gustan tal como son: felicidades, Peke.


© foto:_______

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