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Circularidades

    
  Disfruto leyendo a mis hijos los cuentos que nos leía mi madre antes de acostarnos. En realidad, disfruto leyéndoles cuentos en voz alta, tumbados todos en su cama, y sabiendo que luego ellos rapiñan las monedas que se me caen de los bolsillos.  Me gusta leerles  los viejos volúmenes de los hermanos Grimm, que me recuerdan que la ortografía tardó en fijarse pero las buenas historias son eternas. Pero, de todos los cuentos que les he leído, el que más he disfrutado ha sido El pequeño Nicolás.

      Ellos son un poco chicos aún para las historias de Nicolás y sus amiguetes: el zampón Alcestes, Agnan el ojito derecho de la maestra, el matón Eudes, Godofredo que tiene un padre rico que le compra todos los juguetes y Clotario , que siempre está castigado por no saberse las lecciones. Pero las disfrutan tanto como yo, y me gusta pensar que en mi voz escuchan los ecos de la de su abuela, hace tantos años, tumbada en otra cama nido en un barrio en la otra orilla de la M-30.
   A veces disfruto tanto con ello que me echaría a llorar.




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