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Lágrimas



    Volví a ver el otro día a B., al cabo de...bueno, de un montón de años. Calculo que la última vez que nos vimos andaría yo por los once, como mucho, ella algo menos. En realidad, no la reconocí, sino que imaginé que era ella, aunque es cierto que no podía ser otra.
    B. fue algo así como mi primera novia. Y no tanto porque nos gustáramos, que creo que nunca hubo esa química, como porque los mayores que nos rodeaban, sus padres y los míos que eran amigos, las chicas que nos cuidaban también, nos habían adjudicado el papel. Decían que hacíamos buena pareja, los dos morenos de cabello y piel, los dos de ojos grandes e intensos. Ya saben, esas cosas que a uno le molestan tantísimo cuando tiene ocho años pero que, si te descuidas, acabas repitiendoaños después.
    Imagino que, si las cosas siguen como hasta ahora, es fácil que no vuelva a ver a B. más allá de un par de veces más. En mi vida. Me presentó a su marido; le hablé de mis hijos (del mayor y del pequeño). Poco más, apenas diez minutos de charla, rodeados de gente.
    Aunque, después de.. bueno, de un montón de años, B. y yo estuvimos charlando un rato.
     Y luego lloramos juntos.



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