Re-visited

Perdida ya de la casa donde, de un modo u otro, nos críamos todos, la reunión familiar debe buscar otros espacios. Los tiempos, claro, también son otros. Siempre falla alguien: algunos, para los restos y sin remedio. Me parecen más tristes en cambio las ausencias que, sobre el papel al menos, tendrían arreglo si quisiéramos enterrar enconos y reproches.
En medio del flujo incesante del cotilleo, del humo que no para de los cigarrillos compartidos, de la sobremesas pausadas y las tertulias nocturnas hasta las mil, me ataca una murria honda y seca. No sabría explicar por qué, pero me encierro en el silencio, me escudo detrás de un periódico atrasado o me enfrasco en un sudoku que sé desde el comienzo que quedará sin resolver. Cuando ni aún eso vale, me excuso cortesmente y me voy a la cama.
Dejo que los demás, los más apresurados, busquen una explicación aparentemente evidente a esta conducta. Pero yo sé que no es eso. Sin embargo, no tengo respuesta. Intuyo que tiene que ver con la resistencia a compartir el dolor de los más mayores y la incapacidad para compartir la despreocupación de los más jóvenes. Con el dolor del exilio y de la pérdida definitiva de tantas cosas. Con la conciencia del paso del tiempo.
Me examino, pero sólo encuentro un síntoma, y no definitivo, de depresión.
Mientras me miro el ombligo, sin embargo, me blindo a la vez contra la alegría que me rodea y el dolor que sobrevuela, y hago poco y mal por remediarlo.
Todo esto en unos días que sé que al mayor de mis hijos --y al pequeño-- le resultarán deliciosamente inolvidables.
© foto: Lawl
Etiquetas: Introspecciones, Sentimientos
2 opinan
Animo amigo. La moneda no sólo tiene dos caras. O no debería.
Y deberíamos también tomaramos unas cañas, no? Que ya está bien...
Hola,
la tristeza es simplemente un estado, el dolor una sensación, pero cuando ambas se unen debemos procurar que la consecuenccia no sea necesariamente catastrófica. Los estados, por suerte, son transitorios y en este zig zag vital debemos ser lo suficientemenmte elásticos como para saber adpatarnos a las circunstancias. Si no lo logramos, aunque sea con gran esfuerzo, nos perdemos a nosotros mismos y perdemos aquello que nos diferencia del resto de seres vivos. Un saludo, me encanta tu blog
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