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Palabras minadas



    Últimamente las minas me han estado gastando algunas bromas. Ya sé que el tema es serio (ahí tienen la fotografía de Gervasio Sánchez, que acaba de llevarse un premiaco importante con esta serie que son algo más que fotografías: Vidas minadas. Diez años después), y lo mío es más de andar por casa.
    Primero fue Cambalache (el Tango):
    Si es lo mismo el que labura
    noche y día como un buey
    que el que vive de las minas,
    que el que mata o el que cura
    o está fuera de la ley.

    A mi no me parecía tan inmoral el negocio de la minería (ni siquiera compo propietario), hasta que caí.

     Luego me sorprendí en un viaje reciente por Francia, leyendo con atención un cartelón con membrete en un bar, con las normas de relativas a la Repression de l'ivresse publique et protection des mineurs . La fecha era reciente (creo que será una modificación del código de salud pública de 2007), y me chocaba, aunque como era una zona montañosa pensé que tal vez la municipalidad o quien correspondiera deseaba proteger a los trabajadores de las minas. Pero tampoco era eso.
     Imagino que por eso les llaman falsos amigos.



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Hablemos de tíos



    Como dije, simultaneo los Harry Potters --ya voy por el cuarto, la verdad es que se despachan pronto-- con un sesudo tratado de psicología social titulado Meanings of life. Y aunque ambas lecturas me han dado pie a alguna entrada para este blogo, no quisiera convertirme en un mero comentarista de textos, así que aprovecho el guante que deja por ahí tirado Pola para hablar de tíos.
    La mayoría no lo sabe, pero mi primer escarceo en esto de los blogos fue un proyecto nonato para una bitácora a cuatro manos llamada Neurona azul/neurona rosa, que llegó a existir y todo. La idea era dedicar una mirada minuciosa pero socarrona a las múltiples divergencias entre los comportamientos de los XX y las XY, especialmente en sus manifestaciones en la vida cotidiana: actitudes ante la televisión, formas de ducharse o estilos conversacionales, por poner tres ejemplos. El caso es que también abrigaba la intención de emplearlo como terapia para mi amiga B. --la inventora de la terminología-- que entonces no atravesaba su mejor momento. Aunque el final el que acabó enganchado en la blogoterapia fue un servidor.
    Ella está mucho mejor, gracias. El proyecto, en cambio, nunca llegó a cuajar, y miren que lo lamento.
    Pensaba en estas cosas el domingo pasado, cuando decidí agarrar la trenka y salir a caminar bajo la nevada en El Retiro: un paseo muy recomendable, por cierto. Lo que me llamó la atención es que de la gente que me cruzaba --no mucha, la verdad--, la gran mayoría de los que, como yo, paseaban en solitario, eran varones. Las mujeres que vi o bien estaban acompañadas (pareja, hijos, grupos de amigos) o bien corrían en chándal bajo la nieve. Pero el paseo gratuito y solitario parecía cosa de hombres.¿Será por algo?
    Aunque no sé si es a esto a lo que se refería Pola cuando decía de hablar de tíos.



© foto: ElTercero

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