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Intimidades


   Durante meses, estuve recibiendo en mi buzón de correo electrónico mensajes que me proponían comprar cosas como ésta. Me preguntaba cuál de mis antiguas amantes habría ido con el cuento por esas lejanas tierras de América de donde me llegaban tan fabulosas ofertas. No eran tantas, y por lo que sabía, ninguna había emigrado a los States.
   Luego, también comenzaron a llegar remites como éste. La cosa era más grave, puesto que el chivatazo sólo lo podía haber dado una mujer: la mía. El problema, aunque soluble, era reciente y  sobrevenido, y ninguna de las antiguas podía tener queja al respecto. Empecé a mirar a mi esposa con suspicacia, aunque me resultaba difícil de creer que fuera ella el origen  del chivatazo. Al fin y al cabo, apenas habla un inglés de apache en película de John Wayne.
   Pero la gota  que colmó el vaso lllegó cuando el buzón empezó a recoger estas ofertas.
   Ahora sí que me he cabreado.
   Voy a averiguar quién se está yendo de la lengua.
   Y me las va a pagar todas juntas.
   Palabra.



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