<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d6937146\x26blogName\x3dIdeas+brillantes\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLACK\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/\x26vt\x3d7719204394931747143', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

« Home | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next » | Next »

Andersen y los humores



    
"Me volvió el buen humor, que es un ave migratoria, pero los pesares son una bandada de gorriones que se queda y anida en el nido del ave de paso"

            Hans Christian Andersen, El cuento de mi vida (trad. Pilar Lorenzo)

    De los cuatro tomacos de cuentos que alimentaron las vísperas del sueño en los años de nuestra primera infancia, siempre preferí la fuerza primitiva de los Hermanos Grimm, o hasta la precisión pulida de Perrault (propia del funcionario de Hacienda que era), e incluso el barroquismo oriental de las mil y una noches. Andersen, en cambio, me resultaba premioso, retórico, sensiblero y supongo que cursi.
    Confirmé estas impresiones cuando me tocó empezar a leer cuentos a mis hijos (ya saben, al mayor y también al pequeño): compartíamos gustos, y al danés lo mandamos de vuelta al estante después de darle una oportunidad al patético patito feo y al paralizado soldadito de plomo.
    Mi curiosidad por la memoria y las memorias, sin embargo, me pudo cuando encontré esta edición de este breve Cuento de mi vida. Leyéndolo, se asoma sin pudores un Andersen frágil y acomplejado que necesita de la aprobación de todos y en todo momento, que trata de superar el estigma de una infancia de niño enclenque, sensible, pobre y probablemente afeminado. Así, a menudo recuerda más un agravio memo que un logro mayor.
    El estilo --cada uno como lo que es-- sigue pecando para mi gusto de pompa y cursilería. Con todo, no puede uno evitar sentir una tremenda ternura por los afanes de este hombre de innegable talento, que tras lograr hogazas de fama aún se dolía por unas migajas de resentimiento.
    Y además encontré esa frase, junto con otras muchas reflexiones atinadas, que refleja bien la maldición de la melancolía.

Etiquetas: ,

2 opinan

  • A mí, sin embargo, Andersen me gustaba. En realidad me gustaba cualquiera que supiera encandilarme con una buena historia. Tiene buena pinta ese libro, por lo menos para mí que me encantan los libros de memorias.

    Anonymous peke a las 9:03 p. m.       
  • Yo me acuerdo de aquel cuento de "La sombra" de Andersen (era de andersen??) que me tuvo horrorizada media infancia, y la insistencia de mi hermana para que me leyera "el viaje por España" que me parecía pesadísimo, así que, entre unas cosas y otras no he vuelto a acercarme a un libro de este señor...

    Las torrijas. Las torrijas sí que me gustan!

    Anonymous Pola a las 8:45 a. m.       

Responde