<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d6937146\x26blogName\x3dIdeas+brillantes\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLACK\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://ideasbrillantes.blogspot.com/\x26vt\x3d7719204394931747143', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

Vacaciones



¿Estás tratando de decirme algo?                                                                               ©   Jesús Bordás


Reivindicación del rodríguez


      Hubo un tiempo en que yo era un rodríguez ansioso y de manual. Apuraba la noche hasta las heces, no perdonaba una terraza de moda y, cuando la ocasión se presentaba, le tiraba los tejos hasta a los azulejos. Nada de lo que deba arrepentirme, porque lo pasaba bien y no salía nada en limpio de lo que nadie saliera herido. Sólo risas y sensación de libertad.
      Con los años,  sin embargo, he ido mutando en rodríguez vergonzante, aunque igual de gozoso. Sinceramente, ya consumí mi ración de resacas de garrafón, y sé determinar --a una hora mucho más temprana que antes-- hasta qué punto dará de si la noche. Asi que aprovecho para trabajar a gusto durante el día, permitirme algún pequeño lujo inofensivo a media tarde --una visita a esa piscina arbolada en la que no dejan entrar niños ni adolescentes, una expedición a la librería para saldar atrasos,  una exposición de fotos--, y también salir de noche, siempre con buenos amigos, viejas amigas y honestas intenciones. Si se tercia, incluso, intento combinar una timba de poker con los amigotes o hasta una expedición al casino, con daños controlados, eso sí. Nada de intentar ligar, claro: buena gana de hacer el ridículo.

     No busco grandes emociones, sino que disfruto de los placeres ya conocidos. Algunos modestos, como un par de capítulos de Los Soprano repachingado en el sofá, y otros profundos, como una buena puesta al día con esos amigos con los que demasiado a menudo acabas hablando de niños, de jefes y de impuestos.

     Nada, en todo caso, que reprochar.
     Aunque, si lo hubiera, creo que no lo contaría aquí.


Titulares







La BNL cae en Bolsa el 2,8% en el primer día de la OPA del BBVA












Les juro que a veces no sé ni qué estoy leyendo.


Falsos amigos





En el idioma, como en internet, también hay falsos amigos. Palabras de otro idioma que traducimos mal al propio, porque nos suenan a conocido, y quieren decir algo muy distinto. Como burro o salita en italiano, o exit en inglés. En mi reciente estancia en París, encontré el metro tapizado de anuncios de una empresa de trabajo temporal que rezaban:




Arrêtons le gâchis



Tardé en descubrir que no quería decir que hubiera que detener a las pibas. Era otra cosa.
Aún no sé bien qué, pero era otra cosa.




Circularidades

    
  Disfruto leyendo a mis hijos los cuentos que nos leía mi madre antes de acostarnos. En realidad, disfruto leyéndoles cuentos en voz alta, tumbados todos en su cama, y sabiendo que luego ellos rapiñan las monedas que se me caen de los bolsillos.  Me gusta leerles  los viejos volúmenes de los hermanos Grimm, que me recuerdan que la ortografía tardó en fijarse pero las buenas historias son eternas. Pero, de todos los cuentos que les he leído, el que más he disfrutado ha sido El pequeño Nicolás.

      Ellos son un poco chicos aún para las historias de Nicolás y sus amiguetes: el zampón Alcestes, Agnan el ojito derecho de la maestra, el matón Eudes, Godofredo que tiene un padre rico que le compra todos los juguetes y Clotario , que siempre está castigado por no saberse las lecciones. Pero las disfrutan tanto como yo, y me gusta pensar que en mi voz escuchan los ecos de la de su abuela, hace tantos años, tumbada en otra cama nido en un barrio en la otra orilla de la M-30.
   A veces disfruto tanto con ello que me echaría a llorar.




Cifras



Encuentro un anuncio :


Se alquila casa en A Guarda c/ Rosal, nº 7. A Guarda.
Cerca del Paseo Marítimo y el puerto. Cocina-comedor.Salón. 1 habitación doble.2 habitaciones de matrimonio. Se alquila en verano o por temporadas.




Móvil 666 68 99 69


     ¿Pero es que estos inconscientes de Airtel no han visto El exorcista? ¿No oyeron hablar del número de la bestia?

Silencio

 ©   Florencio Sánchez                                                                             

        A los jesuitas con los que no me eduqué les gustaba repetir que uno es esclavo de sus palabras y amo de sus silencios. A mi, que soy fan de las palabras, me parecen frases altisonantes propias del maniacos del control y que nada sustituye al verbo en la comunicación. El silencio (y ese silencio cicatero, temeroso y prudente es el peor de todos), me parece una virtud francamente sobrevalorada. Que sólo tiene sentido cuando ya se ha dicho todo, y sólo si es para detenerse a mirar directamente a los ojos al de enfrente.

  Y no estaba pensando, no especialmente, en estos minutos de silencio tan a la moda del día.


Veinticuatro

Niños.  Reventados por un suicida con su  bomba: mientras  recogían chuches y cuadernos que les ofrecían soldados norteamericanos.
Pero quizá pudieran ser veintisiete. O treintaidós: no llegaremos a saberlo. Tampoco se publicarán las listas de víctimas. Nadie se quejará del sexismo de ese plural, ni corregirá: "niños y niñas". No sabremos qué edades tenían, aunque serían pequeños: en una guerra, cualquiera capaz de empuñar las armas es un adulto. No obstante, nadie criticará al gobierno por la falta de transparencia informativa.
La noticia llegó al menos a  la primer plana, pero sólo en la edición impresa. En la otra, se escondió en la sección de internacional   (la sexta de seís, por debajo de la hospitalización de octogenario).
   Al menos alguien en ese periódico tuvo la misma sensación que yo.
Pero claro, era en Bagdad. Y el asesino era iraquí. Y aún
tendremos que soportar que nos sigan contando lo del choque de civilizaciones.

Veinticuatro niños.




©     Martin Adler



Post-post: El sábado 16, noventa y ocho en Mussayeb.

Nueve meses




 Una de las peores películas de Billy Wilder nos ha dejado una de las imagenes más famosas --un icono le llaman a eso--  de la historia del cine. The seven year itch (El picor de los siete años) era el título original de lo que aquí se tradujo como La tentación vive arriba. Les recuerdo, dadas las fechas, que Marylin tomó la costumbre de bajar al piso bajo por amor (al aire acondicionado).
    El picor del título aludía al que atacaba a un marido recatado y amante --todos, mientras no se demuestre lo contrario-- al cruzar el umbral de los siete años de matrimonio. Bueno, eso y al cruzar Marilyn el umbral propiamente dicho. Pero de esos picores y números cabalísticos quizá escriba otro día.
    Vengo observando que en esto de las bitácoras el picor  aparece con cierta reiteración en torno a los nueve meses. Acaba de cerrar la suya la estupenda Miss Lula, aunque no sé si llegó  al cumplir precisamente ese lapso. Hay mas casos, desde la Garota   hasta la Teki, que tanto añora la Espia Jaio. El desaparecido Yogurtu fue ochomesino, pero  le faltó poco. Supongo que no faltarán más ejemplos, y aunque quise encontrar datos de vida media de las bitácoras, no di con ellos.



     Lo primero que se le viene a uno a la cabeza es la duración de un embarazo. Pero, si la bitácora es una gestación ¿qué nacerá de ese parto?







( afortunadamente, otras criaturas nacen: no se pierdan al Emilio de mi Tocayo. aunque no es que sea un bebé, precisamente).

Gestos



      Tal vez ya se hayan fijado, pero he visto  unas cuantas veces el momento en que Jacques Rogge, cirujano belga, antiguo regatista, presidente del Comité Olímpico Internacional, triunfador con la cara gris de los triunfadores que se saben nacidos para serlo, anunció con vez firme, mirando al tendido, jugando sutilmente con el sentido del suspense, el triunfo de la candidatura de Londres --y el fracaso, ay, de Madrid-- para organizar los Juegos Olímpicos de 2012, una brizna de inseguridad se coló por la puerta trasera de un gesto mil veces ensayado.
      Era su gran momento. Dijo: "to the city of London" (ay, qué ecos tan distintos trae hoy ese nombre) ; y por un casi imperceptible instante la mirada se le escapó, en un gesto delator, hacia el papel que tenía en las manos. Confirmó en una centésima de segundo que  era el nombre correcto, levantó de nuevo la vista y sonrió, aliviado.


     Todos, pensé, tenemos miedo a equivocarnos.


jueves, julio 07, 2005





¿Qué puede uno escribir  el día siguiente?


Terror






    Cuando ocurren cosas como ésta, una idea se apodera obsesivamente de mis pensamientos: no hay seguridad posible en un mundo tan desequilibrado.
    El problema parece ser que muchos prefieren --¿preferimos?-- las ventajas del desequilibrio a sus costes.


Heridas



Cicatriz es una de mis palabras favoritas.  Bajo las cicatrices, late la vida. Entre sus pliegues brota el pasado. Son la placa conmemorativa de otras tantas inauguraciones que no deberíamos dejar caer en el olvido.  La parte visible de nuestra hoja de servicios.

   El recordatorio de que todas las heridas --aquellas que no nos matan--, acaban por cerrar.



© Amiran White     Surviving Dad

Mentiras y verdades







Mentiras que deben imperativamente decirse  a los vástagos


1.  Cuando yo iba  la escuela sí que sabíamos aritmética (con cinco años yo despejaba raíces cuadradas).
2. ¿Cómo puedes llamar música a lo que no es más que ruido infernal? (Los Rolling, esos sí hacían buenas canciones).
3. Los tomates de hoy no saben a nada.
(......)
7. Cuando seas padre, comerás huevos.
8. Si te esfuerzas lo bastante, conseguirás lo que quieras.
(......)
12. Quiero a tu madre como el primer día.
(......)
16. Los ignorantes no llegan a ninguna parte.
(......)


Verdades que no deben de ningún modo pronunciarse

1.  Me enorgullece verte crecer, más sabio y más fuerte de lo que tus padres fuimos.
2.  Debes buscar tu propio camino, tus propios amigos, tu propia música.
3.  Disfruta de los sabores, los colores, los paisajes que nosotros nunca conocimos.
(......)
7.  No creas más sabios a los que sólo somos más viejos (pero tampoco más necios).
8.  El esfuerzo tal vez no sea suficiente, pero es imprescindible.
(......)
12.  El amor crece,  cambia, madura y , si no lo cuidas con mimo, se marchita.
(......)
16.  El éxito es una engañifa, y no tiene casi nada que ver con las matemáticas.
(......)
18.  Me estremece pensar que te ocurra cualquier cosa  (pero disimulo porque mi miedo no te hará más fuerte).
19. Por favor, por favor, por favor, nunca dejes de quererme.
(......)





(extractos del Thesaurus parentibus, que la Hermandad Antigua
 hace llegar desde hace mil setecientos años a los padres en el  natalicio de su primer vástago)


Jerarquía




    En el hit-parade de la atracción, "fascinante" encabeza mi lista.  "Hermosa"  --  bella de cuerpo y alma-- va después, aunque está tan retirada del curso legal que apenas hay ocasión de usarla.  Después viene "atractiva", denotación en estado casi puro, que conserva aún así promesas de cercanía física. Por último está  "interesante", en la frontera misma del premio de consolación. Más allá la atracción entra en los difusos --aunque gratos--  territorios de la simpatía, la calidez y la afinidad.

    Eso le parecí: "interesante", y a mi me supo a miel en la boca seca del asno.