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Homenaje

   
   La Madre murió hace más de dos décadas, pero sus compañeros de profesión, incluso los que no la conocieron, aun recuerdan su nombre y saben de su trayectoria. No tanto de su vida, que sólo recordamos ya quienes estuvimos más cerca: algunos colegas, cada vez menos amigos y familiares.
   Para honrar su memoria y honrarse a sí mismos, como quería Bertolt Brecht, instituyeron un premio que lleva su nombre.   Ahora, más de veinte años después, se tomaron muchas molestias para conseguir de las instituciones un homenaje que es también un gesto de reconocimiento a una profesión imprescindible, pero a menudo muy mal tratada.
   Asistir a ese acto ha sido una de las experiencias más conmovedoras de los últimos años.   Porque la memoria no exige sólo honrar a los muertos, sino también el rastro que dejaron.

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© foto: Luis Magán

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Al fin



Tras tres o cuatro intentos. Sobre la tierra seca traída de entre los castaños. Contra el granito. Prendió el romero.

© foto: Eme Hache

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Balance



   El próximo domingo hará diez años que empecé a escribir este blogo.
   En este tiempo me ha robado horas. Seguramente bastantes.

   A cambio me ha dado: confianza, algunas amigas, muchos conocidos, enormidad de buenos ratos, lectores y lectoras selectos, entretenimiento, raros momentos de pasión, buenas lecturas, visibilidad, risas a puñados, algo de vergüenza, alguna lágrima, miles de buenas fotografías, enseñanzas prácticas, sabiduría general, un laboratorio de pruebas, un taller unipersonal de escritura creativa, compañía, un altavoz (pequeñito) para mis protestas y neuras, más blogos, recuerdos, varias quedadas memorables, varias personas a las que añorar, sentido del paso del tiempo, consejos, consuelo, comprensión, distancia y cercanía a partes iguales, poco de comer, ocasiones para regalar, regalos, una forma nueva de viajar, ideas brillantes y ajenas, una válvula de escape, un acelerador emocional, un carburador para malos gases, una plataforma (pero nunca un pedestal), buenos sustitutivos para la medicación y la meditación, terapia casi gratis...

   Y hay más.
   No he sumado pero creo que el balance sale positivo.
   Gracias.

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Del amor a los libros (reloaded)





Donald Rayfield
 nos cuenta  que el camarada Stalin era un lector voraz, de amplios intereses y fino criterio.


El resto de la obra está lleno de noticias igual de desalentadoras para quienes amamos los libros.




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Puntualidad (reloaded)

 


    En realidad, la puntualidad es un subproducto del nerviosismo, que nos impide relajarnos mientras disfrutamos hasta apurarlos de los momentos previos al encuentro con las obligaciones.
    O puede que sea un subproducto del pesimismo, que nos lleva a pensar que todo lo que podría salir mal en el trayecto lo hará, irremisiblemente.
     Mala cosa, por tanto, la puntualidad.



© viñeta: Sir John Tenniel

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Ilusiones (reloaded)

 

    Anoche, al regresar a casa tras una jornada larga de trabajo y reencuentros felices, abrazado a la promesa de una cena de besos y guacamole, me esperaba en el buzón el contrato de Primeras nieves. Que ya no se llama así, sino Los años del verdugo.
    Y sentí de nuevo la retahíla de ilusiones de esa novelita, que parece bendecida por una baraka inmerecida. La ilusión-madre de tanto tiempo aplazada de escribirla. La ilusión-sorpresa de encontrar un editor dónde sólo buscaba un lector lejano. La ilusión-folletín de las entregas que compartí aquí hace tanto tiempo (gracias). La ilusión-promesa de una tarde que aún no ocurrió en una caseta de la feria del libro. La ilusión-espejo que me devuelven los amigos que la leen. La ilusión-futuro de saber que un día la leerá mi hijo mayor --y el pequeño también-- para asomarse a los trozos remendados de la infancia de su padre.
    Y recordé que la mañana había empezado con una multa-castigo, y la tarde acababa en un contrato-regalo. Y pensé en la circularidad oronda de los días y las noches, en las asignaturas pendientes y en el sabor de los besos con guacamole. Y me sentí dichoso, sí, y afortunado.

© foto: Manuel H

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Estándares (reloaded)





    -- El hombre es la medida de todas las cosas.

    -- Vale. Pero eso no significa que ese hombre tengas que ser tú...

© foto: Chema Madoz

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Tantos años (reloaded)



   
Tantos años después, en la isla que perdió el meridiano, charlamos ante el mar y unas cervezas como si las tardes en el parque de Berlín fueran cosa de antesdeayer.
    Qué vidas tan distintas. Hijos crecidos, una casa que has levantado con tus manos huesudas, un hombre igual de pegado a los huesos y de pegado al suelo, la cena a la luz del crepúsculo hasta que se desvanece, tus músicas, la gente de acá, la comida que nace a tu sombra. Todo tan distinto a lo mío, tan lejano. Tan de verdad, lo tuyo, tan querido, tan luchado, tan a contracorriente.
    Lo mío es otra cosa, claro.
    Por un momento, dudo si preguntarte otra vez por qué, en tiempos de los que no queda casi ni el eco del recuerdo, me dejaste.
    Es tan evidente, que me da la risa.
    La risa de la alegría de volverte a ver.





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Adverbios (reloaded)







Bruscamente es un adverbio de (mal) modo.
Lejos es un adverbio de (otro) lugar.
Siempre es un adverbio de (demasiado) tiempo.








©   foto: Nacho Guadaño 



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Haddock (reloaded)


haddock     De los personajes de ficción con los que me identifico --y creánme que si no hay identificación se pierde mucho del disfrute-- hay varios que me ahorraré contarles, para no regalarles una carcajada gratis. Nada me impide meterme --enfrascado en los fotogramas de una peli o en las páginas de un libro-- en el pellejo audaz de mis héroes favoritos, hombres de acción muchos de ellos, tan lejanos de mi yo real que la comparación no es sólo odiosa sino --me consta-- ridícula.

      Pero lo del Capitán Haddock sí puedo contarlo. Porque este marino borrachín, malencarado, artífice y difusor de un selecto muestrario de exabruptos, nada de fiar para asuntos delicados pero radicalmente leal a sus amigos, torpe y perezoso, desastrado en el vestir y desastroso en las relaciones sociales, alma de cántaro plagada de  vicios, violento y brutal a veces, misántropo a medias y misógino a tiempo completo, duro con las espuelas pero blando con las espigas, desdeñoso de los trinos de una Castafiore insoportable pero tal vez enamorado en secreto del ruiseñor del Milán, buen burgués que no duda un instante en hacer el petate cuando la ocasión lo exige y echarse a recorrer el mundo en compañía de ese listillo entrometido que es Tintín, este Capitán Haddock, digo, es  finalmente un hombre de una pieza, de los que se visten por los pies.

     Yo soy Haddock, y no crean que es sólo la barba y la afición a los cuellos vueltos.

      Sólo me falta Moulinsart
© Ilustración : Hergé

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Ellos (reloaded)


Te roban el sueño, asaltan a degüello tu preciado silencio, saquean un tiempo libre increíblemente menguante, podan tu libertad de movimientos a la escala del bonsai, siembran en tu ánimo inquietudes y miedos inimaginados, despiertan al policía que dormía en tu interior, erizan a la vez tu susceptibilidad y tu mal genio.
Pero también reabren para ti los pasadizos de la imaginación, te ablandan el corazón hasta volverlo de nuevo humano, reinventan la lógica aplastante, te devuelven la llave del arcón de los juguetes, dinamitan las fronteras de lo posible y te recuerdan a cada paso todo aquello a lo que jamás debemos renunciar: la caricia, la risa, la ilusión, la fantasía y el juego.

Son máquinas de generar vida. Inagotables. Agotadores. Sumamente recomendables.
Aún creen que se puede negociar con el ratón Pérez.

© foto: JotaHache

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