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Belleza




   En el curso del verano he estado en lugares tan hermosos como éste: una plaza enorme festoneada de flores moradas. O tal vez fueran lilas, o púrpuras, pues mi amiga A. insiste en que no se discute de colores con un hombre. Pero lo más hermoso  estaba debajo.  Y no crean que hay que rascar mucho. Bastaría  un gesto de la mano para que, como por arte de magia, aparezca.



Veletas

veletas

            El indomable Trapo --antes BoliBic-- atrajo mi atención hace tiempo sobre las veleidades de las veletas. Como soy menos original que el pecado de Adán y Eva, le copio la idea. Aquí van algunas de las más curiosas  con las que me topé este verano.



(los originales, Trapo, a tu disposición)

El medio...







    Asombra lo distinto que puede ser el significado que cobra el texto de una camiseta, según acompañe a un rostro u otro.









(...es el mensaje)

Guardar memoria


Muchos años después, en un restaurante en el campo, entre las sombras resinosas de los pinos, el humo de la brasas y el griterío de los niños, descubrí a la primera mujer que me besó en la boca.

Ella se acordaba de mí.

Pero no guardaba memoria de aquel beso.

La banda del patio


     Leo que uno de cada cuatro escolares madrileños sufre acoso escolar. Lo que ahora llaman bullying:  matonismo de patio de colegio.
    Y se me ocurre por un lado en que un mal tan grave no puede estar tan extendido --¿uno de cada cuatro niños será un matón?--, o que si está tan extendido no puede ser tan grave. En mi colegio --sólo chicos, dos grupos por curso, sin curas-- abundaban los matones: sólo en mi clase había dos. Aún podría dar sus nombres (pero no significa gran cosa; podría dar los de casi todos mis compañeros de primaria). Hasta en Nicolás, Eudes encarna al personaje del matón. Pero un matón integrado. Los de mi clase se disputaban la primacía, y eso dejaba resquicios para mantenerse a salvo de ambos. Nunca que recuerde se ensañaron a un sólo crío, ni siquiera los más débiles: antes o después, todos recibíamos nuestra ración, pero también muchas veces --unos, otros, o varios-- les plantamos cara.
   A veces me da por pensar que esta sociedad quiere creer que la prosperidad y el Estado del Bienestar implican la abolición de la violencia y el abuso.  Cuando por tantas otras vías se alimenta la violencia, la discriminación, el desprecio a lo diferente, el miedo.
    Por otro lado, quizá sea verdad que el problema está yendo a más. Y leo evocaciones como la de Teresa, y pienso que tal vez simplemente yo tuviera suerte de no tener gafas.


Marsupiales

Desde luego, la canguro es uno de los grandes inventos de la humanidad.
Un balón de oxígeno --oxígeno de bar, más exactamente-- para la menguante vida social de los padres de niños pequeños.
Pero ¿me queréis explicar para qué coño sirve si a las ocho de  la mañana siguiente entran en la habitación para preguntar a gritos si ya pueden usar la Bey-Blade que pegaste ayer con Loctite?



©   foto:Irving Haberman

Tristeza



    Mi mejor amiga está hecha pedazos.
     El desamor la acosa por los cuatro costados y ella se aferra a las esquirlas de una esperanza que desprende el sabor inconfundible y amargo del engaño.
     Ella sabe mejor que nadie lo que pasa, y yo sólo sé que el saberlo no la ayuda. Tampoco sé yo como ayudarla.
     Sólo estar pendiente.
     Escucharla y dejar que reboten en el aire las palabras.
      Asegurarle que el tiempo seguirá corriendo, y vendrán día mejores.
      Que tiene fuerzas de sobra para recomponerse.
      Que no es culpa suya si el aire se estancó, porque ella abrió todas las puertas y ventanas.
      Abrazarla gratis y porque sí.
    
Pero ella sabe que merece que la quiera y no entiende por qué él aún se niega a verlo.

©   foto: Patricia Townsend

Mi mejor amiga no lee esto. Pero sabe que escribo para ella.

Formación universitaria




 Sin comentarios


Costas




   Costa Brava, Costa del Sol, Costa Azul, Costa Dorada, Costa del Azahar.
   Me pregunto a qué genio del marketing se le ocurriría bautizar uno de los litorales más hermosos del mundo como Costa de la Muerte.
   


(O tal vez estaba pensando en esto).


Izar velas



Géneros

B.JacobsAunque pueda parecer un tipo frívolo y guasón, en ocasiones me dejo arrastrar por preocupaciones profundas a reflexiones sesudas. Eruditas, incluso.
    El otro día, por ejemplo,  mientras sumergía churros en el café con leche le daba vueltas a la cuestión de los géneros literarios en la blogosfera.  Porque existen bitácoras personales (que se parecen bastante a la diarística), y otras en cambio enlazan más con la crítica de cine, el periodismo o la poesía. Hasta hay quien reclama la invención de un género nuevo, la blogonovela, en la que destaca el maestro Casciari y su renovada Mirta Bertotti (veremos qué da de sí Saúl Klikowsky).
     Pero, me preguntaba, ¿en  qué género se encuadran las bitácoras --como ésta--  en las que el autor hilvana reflexiones al hilo de lo que pasa en el mundo y se le pasa por la cabeza?
    Creo que tengo la respuesta.  Corresponden al género de las cartas al director.
  Con la ventaja de que como el director es uno mismo se las publica todas.
   Aunque tal vez no sea tal ventaja.
   Coño, sí que están buenos estos churros.

Más sobre héroes

Iwo Jima
     Perdonad que dé el coñazo.
     El heroismo requiere seguramente una educación --Remember Termópilas!--, lo que incluye la necesidad de modelos sociales. Probablemente es impredecible dónde aparecerá en una situación dada: ¿por qué se sublevó el gueto de Varsovia, y no ningún otro?
    Pero supongo que no le viene mal algo de práctica: aunque sea de ficción. Imagino que para eso hacen los militares sus maniobras.
    Así que me gustaría pensar que si la catástrofe hubiera ocurrido en California --el famoso Big One-- en vez de en Louisiana,  el Gobernador sí habría estado a la altura.

©   foto: Joe Rosenthal

Malos tiempos para el heroísmo



   Hablando de apócrifos revolucionarios, la frase de Pasionaria exhortando a la defensa de la República en guerra
      "Vale más morir de pie que vivir de rodillas"

parece que en realidad la pronunció, no como a veces se dice  el inevitable Che Guevara, sino el no menos mediático Emiliano Zapata.
   La sentencia, incluso en mis épocas más heroicas, me pareció  grandilocuente de más. La mayoría nos conformariamos con sobrevivir, siquiera temporalmente de rodillas, con la esperanza de poder erguirnos de nuevo algún día. Algo que, salvo casos no probados de zombismo, los cadáveres no suelen poder hacer. Así que, si se puede elegir, prefiero vivir de pie. Y en cuanto a la muerte, como dijo Woody Allen, no es que le tenga miedo, pero preferiría no estar allí cuando ocurra.

    Con todo, entre el heroísmo suicida de la arenga (no tanto de Zapata, ni de Pasionaria) y el egoismo posibilista de nuestra diputada que moviliza todos sus recursos y privilegios para que la saquen de Nueva Orleans deben existir algúnos grados intermedios que dejen lugar a la abnegación, la  compasión y la solidaridad. Las mujeres y los niños primero, por ejemplo.
¿No había más niños allí, aunque no fueran  hijos de diputada?
    No quisiera juzgar: hay que estar en la situación para hacerlo. Pero a veces echo de menos algunas formas de heroísmo. Como aquellas monjas en zonas de guerra que se resisten a la evacuación porque su conciencia les impide abandonar a su suerte a sus semejantes. ¿He dicho "conciencia" y "semejantes"? Jesús, voy a tener que hacérmelo mirar.
    Malos tiempos para el heroísmo, en todo caso.


Curro















A veces me siento así.